Diario de Castilla y León

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CON GRAN DESPENDOLE, la consigna sanchista es cada día más extrema: Yo o el caos. Yo y Begoña como el caracol hasta… hasta que los ojos saquen dos cuernos kilométricos desde la Moncloa al sol. Yo, Yo –en plural mayestático de paritorio–, con Hamás y la kufiya en el cuello o en el culo hasta… hasta que las ranas de la flotilla planchen huevos. Por todo esto y por más –digo yo con y miníscula arrabalera–, le soltó Sánchez el miércoles a Feijóo (en el Congreso de los di–putados) esta caracolera advertencia: «Ánimo, Alberto». Como diciéndole: ni lo intentes, que al capón que se me hace el gallo, Yo otra vez me lo capo.

Así que, con gran canguelo, leo las crónicas de este mi Periódico en torno al ultimátum que Renfe o Adif –la misma cosa para un sanchismo que tiene varias caras floridas por semana– han lanzado al unísono contra el Ayuntamiento de Valladolid para doblegar su voluntad, y para que renuncie de una puta vez al soterramiento como promesa electoral. Un embudo para repescar peces con arroz y pepino. Pura chulería miraguana.

Esto lo ha descrito perfectamente su candidato a presidir la Junta de Castilla y León, que quiere ser el Alcalde numerario de la Meseta desde la extrema dura al calimocho: «con Mañueco y el PP, perdemos grandes oportunidades», las increíbles que nos brinda el sanchismo. ¿Cuálas, que dicen mi pueblo? Pues una en concreto: cómo salir del soterramiento para caer de patitas en la integración corrumpista. ¿Cómo? Pues haciendo parques temáticos o tecnológicos con «chistorras, soles y lechugas» para conseguir «la paz y la justicia y condenando el genocidio de Gaza». A esto lo llaman los kamaradas «territorializar» la paz, «como ha hecho el Presidente del Gobierno». Tendrán jeta...

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