Diario de Castilla y León

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DESDE hace muchos siglos los maragatos siguen manteniendo casi intactas las señas de identidad, así como el carácter de sus pueblos. Pues siguen guardando su propia idiosincrasia Castrillo de los Polvazares, Quintanilla de Somoza, Valdespino de Somoza, Santiago Millas, Val de San Lorenzo o Turienzo de los Caballeros entre otros; y es que hasta el siglo XXI ha llegado la autenticidad de las antiguas edificaciones, tan arraigadas a una cultura constructiva que preserva la misma raíz que en tiempos remotos ya emplearon los romanos, los árabes y los judíos.

Pues las viviendas maragatas se orientan al sol y su planta habitacional se distribuye desde de un patio o corral empedrado y de altos muros que ofrece privacidad al modo de pequeña fortaleza, que protege a la familia en los frecuentes desplazamientos del maragato, que para ejercer el antiguo oficio de la arriería solía ausentarse durante largos periodos. Los maragatos formaron una comunidad particular que conservó sus especificidades y que se fue dilatando hacia otras geografías donde las nuevas generaciones siguen connotando aquel origen. Y es por lo que en comarcas y provincias alejadas de la Maragatería e incluso en América siguen latiendo los signos efervescentes de este «pueblo maldito», como Caro Baroja acentuó. Hoy continúa habiendo maragatos en México, Argentina o en Costa Rica que aun mantienen costumbres culinarias como el cocido maragato.

En nuestra comunidad autónoma también perviven los signos de este pueblo en algunas provincia. Desde la Catedral de Astorga contempla el horizonte Pedro Mato desde uno de sus pináculos, y en el Ayuntamiento dan cuenta del tiempo que transcurre los maragatos Colasa y Juan Zancuda. En la población leonesa de Boñar es también un maragato el que sigue dando las campanadas del reloj de la torre y en la Colegiata de San Antolín, que se alza en la plaza Mayor de Medina del Campo, provincia de Valladolid, son también un maragato y una maragata vestidos con sus trajes seculares quienes siguen tañendo con sus mazas la cinérea campana del reloj.

Son igualmente identitarias y seculares la denominada ‘Casa Maragato’ en Busdongo, muy cerca del Puerto de Pajares, en los límites de Asturias. Y en la provincia de Ávila, en la Sierra de Gredos, permanece viva la ‘Cueva del maragato’. Y aun se sigue recordando el nombre del bandolero maragato Pedro Piñero, que ya forma parte de leyendas.

La Tierra de los Maragatos se extiende desde Astorga hacia el monte Teleno. Allí se agazapa entre bosques de encinas, de robles y de humildes centenales. Son docenas de pueblos y de aldeas que siguen cobijando la magia que los siglos han querido dejar para nosotros.

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