Diario de Castilla y León

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OCURRIÓ ENTRADO el otoño en provincias. Un ángel con alas rojas y ruedas en los pies se apareció a un grupo numeroso de escritores, de escritoras y a su corte de lectores. Fue en un castillo. Sin venir a cuento y sin anunciarlo en el programa. Era la sorpresa. ¡Quién lo dijera! que su aparición -la del ángel Sayagués- fue objeto de atención informativa de las teles de ámbito nacional. Motivos había para este notición. No es habitual que en la jaula de oro de la literatura píe y trine un ave cantora libertaria que vino volando desde la tierra de Viriato. Se llama Tere Guerra y su aldea, Sogo de Sayago. El escenario en el que brilló bajo la luz otoñal era el certamen literario Blacklladolid. El rojo es el color favorito de Tere. De ahí, que sus relatos salgan de un corazón que bombea historias de amor y desamor en cada renglón, que escribe con un solo dedo y tarda días en rematar una sola página. Tere abandonó su ventana por unas horas. La joven escritora heroína de la dificultad, encadenada su movilidad por una agresiva discapacidad a una silla de ruedas para siempre, conocida en su pueblo y poco más, pisaba la alfombra roja de un certamen literario de alto voltaje. Que también se percataron de ello las teles nacionales. Y en este clima, al calor de la chimenea medieval, volvió a calentar el ambiente la llama de la literatura en Valladolid. Tardé en deletrearlo, pero ahora se lee solo: Blacklladolid y va camino de entrar definitivamente en el calendario literario contemporáneo tras un quinquenio de rodadura. Un formato de éxito que triunfa sin salir de provincias. Ni del castillo que le parió. La fórmula que me recuerda al blanco y negro de Joaquín Soler Serrano por la cercanía con el entrevistado en aquellos setenta. Y es que, cada otoño, el escritor de fama, el que vende muchos libros y el que ya roza la gloria de las letras contemporáneas, viene a Valladolid y se desnuda, se presta a charlar de tú a tú, sin la pesada armadura intelectual. La idea fue de un escritor de sangrientas historias y una vida literaria plena de negrura que le ha llevado al cine y al Nadal sin apenas moverse de Valladolid. Se llama César y a sus seguidores les llaman gellidistas y construye el dueto dorado y negro al lado de Dolores Redondo, la genial escritora que se escondió detrás de Jim Hawkins cuando alcanzó el premio Planeta. Ellos cincelaron esta criatura que atrae en cada edición a novelistas de alto voltaje. Este otoño, Tere Guerra triunfó y se abrazó emocionada a Dolores y a Cesar y, como premio inesperado, encontró en este foro de la novela el mecenas, la UEMC, que publicará su próxima obra “Amores diferentes”. Ella, mientras, escribe y sueña detrás de su ventana, allá en la tierra de Viriato.

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