DISTRACCIÓN DE LA MENTE
Redford eterno
Los años setenta del siglo pasado fueron convulsos en los países occidentales. Los efectos de la revolución sexual del 68 con su lema de “prohibido prohibir”, los continuos cambios de poder en Hispanoamérica con la implantación de varias dictaduras, el Watergate en Estados Unidos desencadenado por la labor periodística de Bob Woodward y Carl Bernstein cuyo extraordinario trabajo acabó con la presidencia de Richard Nixon, el acceso al poder de Juan Pablo II o de Margaret Thatcher, fueron algunos de los acontecimientos históricos que marcaron el mundo durante ese periodo. Fue en esa década en la que un joven rubio de ojos azules comenzó a despuntar como actor en los emblemáticos estudios de Hollywood. Cuando me enteré de su muerte con casi noventa años en Provo, un pueblecito del condado de Utah, apartado del mundanal ruido, me vinieron inmediatamente a la memoria las imágenes de una de mis películas favoritas: El golpe.
Robert Redford y Paul Newman. Paul Newman y Robert Redford. Dos titanes de la interpretación. Marcaron un antes y un después en las películas de engaño, estafa y traición. La banda de pillos y ladrones secundarios que acompañan a los dos cabecillas en medio de un barrio donde la mentira campa a sus anchas, están soberbios. La trama, magistral, las historias e intrahistorias que cuenta la película se entrelazan y mantienen la tensión todo el largometraje. La música y banda sonora es rítmica, pegadiza, casi mítica. Todavía a día de hoy me encuentro muchas veces tarareándola. Los tiempos del film marcados por letreros, que recuerdan las primeras épocas cinematográficas, delimitan a la perfección cada fase del golpe que preparan los protagonistas. En definitiva, en mi modesta opinión, una obra maestra que catapultó a Robert Redford al estrellato y a la fama.
Sin embargo, la vida personal y familiar del mediático y seductor artista estadounidense estuvo marcada por la inestabilidad y la tragedia. Ha sido dramática en varias ocasiones. Huérfano de madre siendo un adolescente, estuvo casado con dos mujeres, aunque mantuvo relaciones esporádicas con otras como Kathy O’Rear, Nathalie Naud, Debra Winger o Sonia Braga. La primera Lola van Wagenen, con la que tuvo varios hijos y de la que se divorció en 1985. Desgraciadamente, tuvo que enterrar a dos hijos. La segunda Sibylle Szaggars, pintora alemana con la que compartió su afición por los cuadros. Una vida apasionante con escenas cinematográficas que son eternas.