Llueve sobre mojado

Ana Redondo, visitan los terrenos del acuartelamiento de ‘La Rubia’, en Valladolid.
El feminismo patrio, pero impostado, es muy dado a ponerse a defender a las mujeres a tope. Tan a tope, que les da por fabricar una ley de violencia sexual y lo primero que se les ocurre es poner de patitas en la calle a violadores de niñas y agresores sexuales de toda índole. Para que no quede ninguna duda. Y lo siguiente que se le pasa por la cabeza al gobierno más feminista de la historia mundial es dejar a la intemperie a las víctimas de la violencia de género a cuenta del cambio de contrato de las pulseras de los maltratadores. Y todo esto lo ejecutan con tanta humildad y discreción, porque no es cuestión de hacer política con la violencia de género, que no avisan ni a las víctimas. Tal es la discreción que en el ministerio que rige la vallisoletana Ana Redondo no se dieron por enterados ni cuando avisaron las fiscalías ni las audiencias provinciales que los maltratadores campaban a sus anchas porque las pulseritas no tenían ni cobertura ni batería, ni sustento contractual. A la de Valladolid, esquiva y un tanto nutrida de vaguedades, este asunto le va a costar la cabellera política. De momento el escándalo no ha hecho más que asomar, con la complicidad de la Fiscalía, que, por otra parte, es la que le puso el cascabel al gato en su memoria anual, desvelando lo que el Gobierno intento tapar con la opacidad habitual de la que hacen gala los políticos. Y le va a costar la cabellera porque Sánchez, experto en salvarse a sí mismo, no puede pasar otro segundo contubernio de este tipo tras la travesía en el desierto de la ley del ‘solo sí es sí’ que desconfinó violadores a mansalva. Pero es que además llueve sobre mojando en el ministerio que nunca se moja. Todavía resuenan los ecos de la alto cargo que, con al parienta, hacían caja con las subvenciones de la igualdad y otros géneros. El escándalo no ha hecho más que empezar, igual que el calvario de Ana Redondo, aspirante a rivalizar con Carnero.