EN POCAS PALABRAS
No somos iguales
NO SOMOS IGUALES. En literatura, que es de lo que este servidor vive, aprendimos esta evidencia nada más echar los dientes de leche en el arte de enhebrar cultos y de llenar charcos. He aquí un botón de muestra. Los dedos de la mano son cinco, menos en los mancos, claro está. Parecen iguales «pero no son todos parejos», puntuaba el Arcipreste de Hita en El libro de Buen amor. En español, y este es el quid, siempre anda por ahí un pero, la dichosa conjunción adversativa, hasta para los dedos de la mano, que tiene huevos la huevera.
Señores, que se trata de algo real desde Atapuerca. En democracia progresista nos consta desde el instante cero que Sánchez, el yerno de Sabiniano, se hizo con el poder absoluto siguiendo la conseja mercantil de su suegro experto en saunas: en placer nada es igual, cuanto más te paguen, más refocilación tendrás. ¿Y quiénes en democracia progresista le pagan a Sánchez con onzas y por arrobas? Pues los independentistas vascos y catalanes que, teniendo la misma hacienda que el resto de españoles, oiga, ellos son los hacendados y el resto somos los paganos. Así que no somos todos iguales. En esto no caben excepciones: hay que pasar por caja sí o sí.
Quizás por esto mismo, el Jefe de Renfe y Adif, que es el ministro de Transportes, acaba de lanzar una opa hostil contra Castilla y León, y contra la Comunidad gallega: pretende multarnos con tres millones de euros por el parón del tren durante los incendios. Razón putativa: «no es de recibo para Renfe y Adif perder tres millones en esos nueve días y que sea a cuenta de inventario, cuando las comunidades autónomas tienen que tener servicios de prevención y extinción y no lo han hecho». El rico más burdo siempre se saca un nuevo mendrugo.