Diario de Castilla y León

CORTES / E.M.

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SÓLO HAY que prender la tele por las mañanas para comprobar que está todo en llamas. No ocupan ni preocupan los incendios en la hoguera de las vanidades de la política patria. Lo que les trae por la calle de la amargura es azuzar las llamas al calor de la cercanía electoral en Castilla y León. Mañueco se ha convertido en caza mayor electoral y en Moncloa lo saben, aliviados de los sofocos de la UCO, sin saber que cuando acabe el tórrido verano todavía falta el veranillo de San Miguel, con los tricornios asomando un nuevo informe de amaños y cacofonías, con más pilinguis de fondo. Castilla y León será el infierno de esa realidad paralela que se construye en el hemiciclo nacarado, buen sitio para ver pasar a Vingegaard en la crono, si es que pasa por ahí. Y si no, pues para otra edición de la ronda. En las Cortes de Castilla y León hay vida, no consta que inteligente, después de un veraneo de 60 días seguidos con sueldos de cien mil al año. El mejor trabajo del mundo. No meta a su hijo en Biomedicina ni en Farmacia. Métalo a procurador, ahórrese cuatro años de matrícula y el máster y dótele de un oficio bien remunerado, pero sin necesidad de trabajar. Han regresado sus señorías y se han dado cuenta que Castilla y León, como media España, lleva ardiendo casi un mes, con el cielo enlutado de ceniza. Ellos vienen de otros cielos y otras playas, como para preocuparse de los desarrapados de aquí. Hoy pleno y regreso al asueto, que no es bueno volver de sopetón tras dos meses veraneando. Tiempo suficiente para hacerles una puesta a punto a los BMWs de las Cortes, que volverán a rular al servicio de sus señorías y sus asuntos personales, a la vista de que su uso sigue siendo el secreto mejor guardado de esta Comunidad. Estaría bien pedir la comparecencia, aunque sea en comisión, de los chóferes, que son los que registran, con sus dietas, las idas y venidas secretas. Arde Castilla y León y en la piel de las Cortes se quema el tiempo. ¡Vaya calaña!

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