Los incendios, un atentado contra uno de nuestros activos industriales

Incendio en Tietar
Aunque de momento llevamos un verano moderadamente tranquilo en materia de incendios, no debemos relajarnos. Entramos en la época más peligrosa para los incendios. Por eso todas precauciones son pocas. Los primeros dos grandes fuegos, en Ávila ambos, deben ser una alerta imprescindible que no nos haga olvidar que el fuego y sus autores acechan. Aprovechan la mayor presencia de gente en el medio rural para camuflarse. Hay que tener en cuenta que además ahora la ausencia de lluvias intensifica el riesgo enormemente. Y también hay que contar que el invierno y la primaveras lluviosas que hemos tenido han potenciado la vegetación en nuestros montes y bosques.
Toda concienciación es poca para combatir el fuego y a sus autores. Más del 80% de los incendios son provocados. Y su inmensa mayoría con intención de hacer el mayor daño posible al medio ambiente, pero también a las personas. Por eso la concienciación también debe estar encaminada a que la gente alerte, advierta, avise y denuncie cuando detecte a alguien provocando un incendio, ya sea por negligencia o por determinación. Muchos de estos pirómanos se sienten tranquilos, sabedores de que sus vecinos no les van a denunciar para no incomodar la convivencia de pequeñas poblaciones. En el momento en que perciban que esa indulgencia se les acaba se lo pensarán antes de prender fuego en el bosque o en el monte.
Y la concienciación social tiene que ir encaminada a comprender que cada hectárea quemada nos merma. Nos empobrece. Reduce nuestra capacidad de desarrollo y de creación de riqueza. Porque el bosque y los montes, además de un patrimonio natural inigualable también son un activo económico para Castilla y León. Especialmente para su ámbito rural. Crean riqueza directamente a través de sus aprovechamientos, pero también a través de ese motor económico que es el turismo de naturaleza, cada vez más en auge y con cuyo liderazgo podemos seguir creciendo y construyendo un modelo económico de futuro para el mundo rural, al que no llegarán las grandes factorías automovilísticas y otras locomotoras industriales de empleo. Pero el patrimonio natural también es una industria en toda regla. Una industria generosa y que no se deslocaliza. Cuidarla, protegerla y velar por ella es cometido de todos. Vivir sin incendios en una comunidad con una inmensa masa forestal es una entelequia. Que sean una anécdota veraniega y no una categoría opción común.