MENSAJES CRUZADOS
Un país sorprendente
ESTE PAÍS SORPRENDENTE se ha definido por la vanidad y por la facilidad que tiene para que la política llegue a ser tan decrépita que llegará el momento en el que tengamos que reponer y sustituir necesariamente a los políticos que nos representan y cambiarlos por seres humanos cargados de simple humanidad. Hemos de desechar a quienes suelen mentirnos por pura afición, para sentirse superiores a todos los que votamos en cada una de las convocatorias electorales. La política española está llena de políticos caprichosos, vulnerables y pedencieros que hacen las cosas por puro interés, o por lucirse, o por seguir gobernando a expensas de lo que sea. Si ir más lejos nos sorprende que el ministro Óscar Puente acabe de plantear una estación que acaba de ser adjudicada por la insignificante cuantía de 216 millones de euros y que va a sustituir a la vieja estación de Valladolid. Pero la innovación no justifica que los políticos y en este caso, que el ministro de Fomento tenga a bien servir en bandeja de plata todo ese despilfarro en la ciudad de la que fue alcalde y que tenga en cuenta, cuando menos, a las demás capitales de la Comunidad Castilla y León, ya que están absolutamente abandonadas. Y, sobre todo, cuando en la propia ciudad de Valladolid se sigue cuestionando la conveniencia o la no conveniencia de tan ostentosa y pedante construcción. Y especialmente cuando todo ello se hace sin contar con la ciudad y a espaldas de la ciudad. Pues han sido diversos los sectores que se han opuesto y que han cuestionado semejante proyecto, con el que Óscar Puente desafía y porfía para que se note que los caprichos políticos deberían de tener cabida ilimitada, Y a pesar de que el ministerio es quien toma en solitario este tipo de decisiones, hubiera sido necesario un consenso para que los habitantes de esta capital se sientan también como el propio Puente, partícipes de tan magna construcción.
La falta de diálogo dificulta las relaciones humanas y nos traslada a mundos anteriores y a escenarios anteriores donde todo era ordeno y mando... Por eso echo de menos a políticos dialogantes, a políticos con ganas de que los intereses personales no sigan deteriorando el equilibrio legítimo que se ha de ofrecer a los ciudadanos. Pues los conflictos políticos y obtusos suelen ser ejes de desacuerdos y pueden conducir a que una obra que puede ser loable e importante para una ciudad se convierta en un punto de inflexiones y conflictos. Las imposiciones y “yo soy el que mando porque soy el Ministro de Fomento” no deberían de tener cabida en este universo, en el que otras administraciones también deben de opinar. Es incongruente e irrazonable que el Ayuntamiento de Valladolid no sea protagonista en este tipo de decisiones, tan importantes para el futuro desarrollo de la ciudad o su condicionamiento irreversible.