TIENE TELA
Don Juan en el juzgado de guardia
LO QUE HAY QUE OÍR antes de que media España se vaya de vacaciones el jueves 31, como hizo la otra media en este julio tormentoso y atípico. Bueno, pues en esta interinidad meteorológica, en la que caben las barbaridades más exquisitas porque la gente está a lo suyo –justo momento que esperan las tiranías sostenidas–, el presidente Sánchez, que usa el falcon hasta para ir al cuarto de baño monclovita, nos lanzó, desde la lejanía, una profecía de esas que los expertos bíblicos llaman erróneas por estar fuera de lo posible y cerquísima de un patinazo.
En medio de su gira turística a la ultra ultranza del progresismo hispanoamericano, para entrevistarse con Lula, Petros, y con la pandilla comunista de Puebla –faltó Maduro como eje de un entremesil que raya con la momificación política de una tiranía que cuenta con ocho millones de exiliados–, nos lanzó Sánchez en Uruguay su vaticinio regocijante ante una audiencia invernal que apenas podía disimular los tiritones y los crespones negros invisibles pero bien presentes en la sala de prensa: «Ya le digo yo que cuando haya elecciones las mujeres mayoritariamente volverán a votar al Partido Socialista», le contestó a un periodista atónito. Y se quedó tan ancho en medio de un silencio espeso.
Lo cual, oído con nitidez, y con las encuestas en contra por todas partes menos por una, sonó en la España perniquebrada a cualquier cosa y nada buena. Cómo decirlo sin ofender a nadie. Parecía un cachondeo de trujamán, feminismo alternativo, tubérculo encebollado. Esa apariencia tan complaciente y lasciva hacia las mujeres –tú me votas, y yo para celebrarlo, me voy de putas acto seguido y por sistema como si fuera un don de la ebriedad política–, quizás sea lo más corriente en el gerente de la mejor sauna o puti club en Uruguay. Pero desde aquí sonó a jergón, a hojarasca don juanesca, a timba urdida por el CIS de Tezanos, a drama final de un comediante a punto de ingresar en el juzgado de guardia.
Digo esto de don Juan y del juzgado de guardia no por inminente, sino porque de esta caída de don Juan como mito fanfarrón, hablé en un ensayito publicado hace 25 años. O sea, 10 años antes de que lo woke se convirtiera, a partir del 2010, en un mito, en una revolución contra el patriarcado occidental, e impusiera un nuevo machismo ideológico. Concretamente en un Congreso que organizó la Sociedad Estatal España Nuevo Milenio, los días 4 y 5 de Abril del 2000. Aquí puse a don Juan en el juzgado de guardia en otras razones por impostor, machista, e hijo de puta. Y sobre todo en un plan de igualdad porque ya había nacido doña Juana, dejando en ridículo a una polla con fimosis, a un bocazas, y a un proyecto de hombre que no cabe en la era cibernética.
Así pues, señoras y señores, con estos precedentes de turiferario con tupé y de maquillaje al dente que pagamos a escote los españoles religiosamente todos los días del año como si fuera una vedette con permanente lisa o desrizante, la profecía sanchuna, dando por hecho que en masa –¡Sánchez, queremos un hijo tuyo!– «las mujeres volverán a votar al PSOE», se queda en pajas prensadas. Que además lo diga desde Uruguay, como si no fuera con nosotros, demuestra hasta qué punto el mito de don Juan, por chulángano, ha degenerado del todo y derrapa como una espátula de albañilería. Le sobra la grandeza del héroe que no es, y le falta sobre todo eso que llamaba Nietzsche en el Zaratustra «instinto de finalidad», que hace de todas las cosas un reclamo regenerador.
El fracaso de las políticas feministas de Sánchez ha sido tan rotundo como sus políticas rupturistas y anti españolas. No cabe enumerarlas aquí porque, entre otras razones, ya lo he hecho en repetidas ocasiones, y me resulta tedioso y propio de un francotirador cansino. A ver, ¿qué ha sido, por ejemplo, la aplicación de la ley del sí es sí que pone fuera de la cárcel a los violadores de las mujeres con la agilidad de un galgo italiano? Una franquicia para delinquir con protección, una transgresión del género y de la naturaleza, y un dinero a mansalva para las consultoras de los planes LGTBI. Parece que la ha fabricado el mismísimo don Juan Tenorio de Tirso de Molina cuando decía el muy cabrón: «Sevilla a voces me llama/ el Burlador, y el mayor/ gusto que en mí puede haber/ es burlar a una mujer/ y dejalla sin honor». ¡Qué tío, qué bárbaro!
Cita a Tirso, porque hablar aquí del Tenorio de Zorrilla –por mucho que en Valladolid se considere a don Juan un ser que hace todos los días la primera comunión por obra y gracia de la bobalicona doña Inés que no pisa tierra firme ni para quitarse encima el polvo reparador– es harina de otro costal. Es un reclamo romanticón y obsceno del XIX para dejar a las mujeres a merced de la política más sanchista y esquemática, como acabamos de constatar en estos días con sus íntimos colaboradores Koldo, Ábalos, Cerdán, y el recientemente defenestrado Francisco Salazar que era un subproducto o especie de camuñas para las mujeres.
Con estos artífices de la política sanchista –y que la han dirigido con mano de hierro hasta ayer mismo– cada mujer tiene su lobo, y cada lobo su droga blanda, y cada droga una corrupción galopante. Lo que sitúa a don Pedro Tenorio a un paso del juzgado de guardia. Lo suyo no es ya un dato perdido, sino una gran enciclopedia con millones de páginas, según la UCO. Con esta perspectiva de pollaplacistas & onanistas reunidos, de ladrones postineros, y de puteros de acantilado con currículos falsos, no se puede saber cuántas mujeres votarán a Sánchez con la pinza en las narices o con el burkini puesto. Servidor, por unos días, se despide con la cantinela de siempre: delenda est tyrannía.