Diario de Castilla y León

Editorial

El transporte, un elemento cotidiano de la realidad contra la despoblación

ICAL

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Para quienes sólo ven la vida desde el prisma político del centralismo seguramente carezca de importancia el transporte metropolitano, ese que cose grandes territorios como nuestra comunidad y acerca al mundo rural a las oportunidades y servicios de los grandes núcleos de población. La Junta de Castilla y León ya hace tiempo que tuvo clara esa visión de la España extensa y dispersa creando un modelo pionero como es el del transporte a la demanda para, por ejemplo, acercar a la población a los centros sanitarios, entre otros muchos asuntos. Población envejecida que no tiene, en muchos casos, a disposición un vehículo particular ni quien le lleve y le traiga. Esa es una realidad real. Por eso el mantenimiento del transporte interurbano es esencial. Un transporte que también es un servicio público y en muchos casos sobrevive no por la viabilidad de las rutas, sino por el respaldo de la administración.

La Junta ha dado un paso más en esta fórmula pionera del mantenimiento de los servicios con la gratuidad de cientos de rutas interurbanas para los habitantes de Castilla y León. Despreciar si son muchas o pocas es tanto como repudiar a esa población cada vez más escasa de la España de los pueblos y las comarcas.

El Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible ha anunciado que va a sujetar aquellas rutas del viejo mapa de las que no puedan hacerse cargo las comunidades autónomas. Es un alivio. Pero también es una obviedad. El dinero para los servicios y el estado de bienestar no lo pone un gobierno central o uno autonómico. Ni un partido ni otro. Ya está bien de patrimonializar políticamente el dinero de los impuestos de todos, incluidos castellanos y leoneses. Ya está bien tanto descaro en esa puja ridícula del PP y el PSOE, litigando con nuestro dinero a costa de su vanidad. No sólo del AVE de Galicia y sus estadísticas y sus ansias de superar al avión vive España. Por eso, no estaría de más, cuando exhiban y se pavoneen con los datos del AVE, que crece de forma vertiginosa, especialmente desde la liberalización con la llegada de las compañías de bajo coste que empujaron a Renfe a poner precios para todos, no sólo para ricos, que recuerden que hay un transporte, no estacional, minoritario que hace posible la vida cotidiana de la España que no es Madrid o Barcelona, con sus redes de metro y sus imponentes cercanías, que son mejores que algunos de los trenes que hoy cosen Castilla y León. El transporte también es estado de bienestar y un aliciente contra la lacra imbatible de la creciente despoblación.

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