El tren de las vergüenzas
Hay qué ver la cantidad de vergüenzas que se están destapando a raíz de la perra que se cogió el alcalde de Vigo con la conexión ferroviaria de alta velocidad entre su ciudad y Madrid. Al hombre, populista donde los haya, le habrá escocido que se tarde en el AVE una hora menos en llegar de Santiago de Compostela a la capital de España que desde Vigo y se cogió una perra con que quería que ese viaje en tren tenía que reducir su duración. Y comenzó con la matraca de que había que suprimir paradas por mitad del campo para comunicar la ciudad olívica -bombíllica desde que él es alcalde- con la capital del reino aún más rápido. Lo increíble es que Renfe, la sociedad dependiente del Ministerio de Fomento que dirige el vallisoletano Óscar Puente, traga con la monserga y le da a Abel Caballero lo que reclamaba machacón. Vivir para ver. En Zamora y en Valladolid los alcaldes se han puesto como una hidra, pero ya sabemos que el lobo no se preocupa de lo que piensan las ovejas. Así que Puente le endiña la primera en la frente al nuevo secretario general de los socialistas de Castilla y León, que gozoso, se prestó a que su grupo parlamentario en las Cortes se pusiera de perfil para que el Parlamento autonómico tragase también con la exigencia del alcalde de Vigo. Qué tendrá ese hombre que no tenga el alcalde de Soria. Desde luego el cuajo de alardear de que Puente recortase paradas en Castilla y León para favorecer a la ciudad viguesa. «El tren más rápido, y gracias a que yo intervine», presume con un par. Pero es que, además, no se conforma. De Santiago a Madrid se tardan tres horas, que son el doble que desde Burgos cuando Santiago está a 600 kilómetros y Burgos a 250, y eso es lo que Caballero pretende. Hago trampa en el argumento, porque para ir de Burgos a Madrid en tren hay que pasar por narices por Valladolid y Segovia, que esa es otra proeza. Abel quiere montarse en el AVE y salir en Madrid en menos de tres horas. Ole y ole. Me gustaría que le entrase la misma perra con el tren que llega a Vigo procedente de Barcelona, pasa por Burgos y León, que, ni de casualidad se mueve en esta rapidez y que jamás de los jamases fue puntual. Cruza el Bierzo y la Maragatería a la acongojante velocidad de 5okm/h y ya coge un poco de carrerilla camino de León y Burgos. En el recorrido inverso los retrasos son impepinables y nunca jamás ha llegado a su hora a la estación burgalesa. Por no mencionar que durante muchísimos meses los viajeros se tenían que bajar, realizar un tramo en autobús y volver a subir al tren por unas obras. Todo eso para el alcalde de Vigo carece de interés. Él quería el trenecito rápido y Puente, otro al que le gustan los trenes más que los Mercedes, le ha arreglado el capricho. Pero el alcalde con más bombillas y menos luces no se conforma, ya lo hemos dicho y pide, ufano, que «hay que seguir acortando los tiempos de viaje de Vigo a Madrid». Sujétame el cubata Maria Antonia, que me da la risa.