Diario de Castilla y León

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ESTAMOS ASISTIENDO a un cambio considerable en los gobiernos de los países occidentales. Esta tendencia empezó, aunque de una manera muy tímida, con el primer gobierno de Trump. Ahora se está esparciendo, a modo de mancha de aceite, por toda América y gran parte de Europa. Trump en Estados Unidos, Milei en Argentina, Bukele en El Salvador. En Europa, es un hecho incontestable, público y notorio el crecimiento de movimientos populares. En Francia con el partido de Marine Le Pen. En Alemania, Alternativa para la Democracia. En Rumanía, Alianza por la Unificación. Macron sigue conservando el poder y el canciller Merz está intentando contrarrestar esta oleada que se avecina. El último país que se ha sumado a esta corriente ha sido Portugal. Fue la revolución de los claveles de 1974 la que anticipó la transformación social que pasó del Estado “Novo” a una república democrática. Poco después, llegó en España la transición española que culminó con la Constitución de 1978.

Portugal ha celebrado elecciones legislativas. Sus resultados han sido muy elocuentes. Luís Montenegro, cabeza de lista de la coalición conservadora, ha vencido la contienda electoral con 91 escaños y se convertirá de nuevo en el primer ministro del país lusitano. En segundo lugar, ha quedado el partido Chega, el Vox portugués, de André Ventura con 60 escaños. Los socialistas de Pedro Nuno Santos quedaron en tercer puesto con 58 escaños. Después de estas elecciones legislativas, a los portugueses les toca votar al nuevo Presidente de la República ya que el mandato de Marcelo Rebelo de Sousa expira en breve. En la opinión pública existen posiciones casi irreconciliables sobre el perfil que ha de tener el próximo Jefe del Estado donde el consenso político difícilmente podrá llegar a buen puerto. Una candidatura equilibrada es complicada. Recientemente he estado en Portugal. Me pasaron varias anécdotas curiosas. Tuve que coger algunos taxis. A sus conductores, personas educadas y encantadoras, les pregunté por la situación política del país. Estaban que fumaban en pipa. Me transmitieron dos preocupaciones. Por un lado, me dijeron que el sistema sanitario portugués estaba al borde del colapso. Por otro lado, me comentaron que las ayudas públicas que reciben las personas que entran ilegalmente en el territorio procedentes -especialmente- del continente africano perciben casi el salario mínimo interprofesional fijado para los trabajadores del país. Cuando las barbas de tu vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar.

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