Salvar a Salvador
Una visita a Nava del Rey, que está en Valladolid y es ciudad monumental famosa por sus vinos blancos en el pasado, me ha vuelto a revolver el estómago. Y no precisamente por la ingesta de sus Morenitos, deliciosas pastas bañadas en chocolate con medio siglo de fama merecida; ni por sus vinos con DO Rueda, cuyas bodegas han heredado el esplendor del pasado bajo tierra en sublimes cimbreados mudéjares y en la etiqueta de sus vinos modernos. La indigestión -que arrastro desde hace más de una década- ha venido por la falta de interés general sobre lo que nos queda de Luis Salvador Carmona. Me he vuelto con la sensación de que hay que salvar a Salvador. Porque pueden desaparecer algunas de sus obras y se barrunta que Granada figura como destino de la hoja de ruta. Y no se alarme nadie. No, no se trata de una nueva batida del bandolero del arte Erik el belga, ni la rapiña de los museos neoyorquinos, ni una ocurrencia del Marés, ni de algún coleccionista privado -ya no hay mecenas como los de antes-. Se las pueden llevar las que durante siglos nos las custodiaban. Las monjitas franciscanas clarisas capuchinas del convento que los navarreses conocen por el de Los Sagrados Corazones de Jesús y María, MM Capuchinas. Cerrado a cal y canto desde hace unos quince años. La priora mandó a parar y se fueron. Y ahí quedó el Espíritu Santo de segurata de unas cuantas tallas de Luis Salvador Carmona. Esta vez no las he visto. No abren. No contestan. No están. Paso lista. San Judas Tadeo, San Francisco Javier, San Antonio, el Cristo del Perdón, la Divina Pastora… Algunas de estas obras fueron estrellas en nuestras Edades. Y ahí siguen. Solas, sin que nadie las adore ni las ofrezca unas “tocas” en sus noches de silencio y oscuridad del obrador que también abandonaron las monjitas. Menos un San Rafael y un Crucificado que dicen que ya viven cerca del Generalife. A San José lo tenemos en la monumental parroquia de los Santos Juanes, el cura motero lo custodia como si fuera suyo. No me callo, pero no entro ni salgo, solo sugiero a la madre superiora, al obispo, a la alcaldesa y al consejero de Cultura que salven a Salvador y de paso a sus tres sobrinos: José, el escultor, y los grabadores Juan Antonio y Manuel, este último envidiado por el mismísimo Francisco de Goya. Luis Salvador Carmona nació en Nava del Rey en 1708 y murió en 1767. Su taller y actividad artística se desarrollaron en Madrid. Sus obras están esparcidas por España y en su testamento dejó escrito que dejaba unas cántaras de vino blanco rancio de su propiedad. Qué pena que no dejara dicho que las obras que talló para su pueblo no salieran de él. Solo me queda rezar a la Virgen de los Pegotes para que interceda. Salvar a Salvador. ¡Ay, Mendizábal! Si supieras como se exclaustra ahora…