Diario de Castilla y León

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ESTABA cantado, pero faltaba la confirmación. El Ejército ha recibido esta semana una orden, planificada con anterioridad en el Ministerio de Defensa, para que abandone el proyecto de puente provisional en San Esteban de Gormaz. Una vez que el Ministerio de Transportes abrió al tráfico, sin restricciones, el puente medieval que había dañado gravemente el río Duero como consecuencia de la crecida provocada por la borrasca Jana, el puente provisional se quedaba sin demasiada justificación, máxime cuando no se va a terminar antes de mediados de junio. La Junta, sintiéndose obligada a confirmar su apoyo al alcalde sanestebeño, se ha mantenido firme en su decisión de seguir adelante con el puente, pero siempre contando con que su labor, la de construir la carretera de acceso y los apoyos del puente, fuera completada por los pontoneros con base en Zaragoza, que debían colocar la plataforma provisional para que los vehículos crucen el río. La orden de retirada llega con las obras en fase de ejecución y obliga a tomar una decisión. Seguir al Ejército en su retirada o estudiar si merece la pena continuar y construir un puente que quede fijo y pase a ser una alternativa al medieval por el que cruza la N-110 que llega hasta Segovia. Posiblemente existiera ya un plan alternativo antes de la orden de Defensa a los pontoneros, pues si hasta este periódico habían llegado ya noticias, que no se pudieron confirmar adecuadamente, de las intenciones del Ministerio, sería muy extraño que la Junta no se oliera nada. También sorprende que el alcalde del municipio soriano, Daniel García, que durante la crisis del puente ha hablado mucho, no haya comunicado nada a sus vecinos sobre la retirada de Defensa, algo que conocía al menos desde el miércoles, igual que los técnicos que trabajan en el proyecto por mandato de la Junta, informados por los militares con los que han estado colaborando. En cualquier caso, lo más importante en todo este asunto es que los vecinos de San Esteban y su comarca han visto restablecida su comunicación por el puente medieval y ya no tienen que dar un rodeo de 50 kilómetros, lo que han sufrido durante dos meses. La queja del alcalde ahora es que no se fía de la seguridad del puente, cuyas obras ahora están en una segunda fase para reparar el tajamar, pero para eso están los ingenieros y, a priori, no hay que poner en duda ni su profesionalidad ni su trabajo, que además se juegan mucho como para actuar a la ligera. Solucionada la comunicación, la segunda cuestión relevante es que pasa con las obras del puente provisional, que han perdido todo su sentido, salvo que se opte por hacer uno definitivo para convertirlo en alternativa local, provincial o regional al itinerario de la N-110 por el puente medieval. Eso, o parar y pensar con calma que es lo que más conviene a San Esteban, con la circunvalación como una posibilidad que los pueblos que la tienen saben que para unas cosas es una ventaja y para otras un inconveniente.

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