Diario de Castilla y León

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TODO RESERVADO: restaurantes, hoteles, vuelos, casas rurales y hasta las primeras filas en misa de 12. Miro al cielo por si veo la cámara del objetivo indiscreto. Parece una broma de buen gusto. Vivo casi sin vivir en mí ante tanta bonanza. Ha venido la primavera sin pasar por El Corte Inglés. Incluso se ha adelantado a la alteración climática esa ruleta loca que se seca y se moja a su antojo. Y eso que si algo funciona de perlas es “el parte” meteorológico. El otro, el de la guerra de mis nietos, parece que se retrasa. Ojalá. Sabemos de antemano qué tiempo hará tal día o a media tarde en cualquier punto del mapa. Esto sí que es un invento de los buenos. Y siempre a mano nuestro talismán: el WhatsApp, que el día que se apague se va a armar la de Dios es Cristo. Dicen que por ahí vendrá la tercera. Y no es una sevillana. Miro desde el cielo. Campos verdes, pastos a manta, agua que se nos desborda, por arriba embalsada y por abajo almacenada en los acuíferos que son pantanos subterráneos desde tiempos de Noé. Algún cachondo se empeña en que son los restos del diluvio. Y lo mejor, el año agrícola de antología. Muchos euros para los pueblos. Estamos que nos salimos. La huerta, la mies, el bacilar, y hasta la almendra y la oliva vienen lustrosas. Que sigan hablándonos de las guerras, de los kits para 72 horas. Manda huevos, qué ocurrencias. Pues eso, seguimos comentando como si tal cosa las corruptelas, los desmanes, el reparto migratorio, la vivienda para todos y, todo ello, entre subiditas de precios para lo de comer y lo de vestir. Mientras, pasamos irresponsablemente de los que nos gestionan, esos congresistas enjaulados en sus propios barrotes irrompibles. Hasta la fecha. Pero vuelvo a la bonanza que nos hace gastar y gastar. Es este un periodo placentero y ocioso. Parece como si sobre nuestras cabezas se alzase una gigantesca cúpula de cristal que nos inmuniza del mundo exterior. A gastar, a gastar como si no hubiese final. A viajar. A darle al turismo rural y a negociar con la agencia de viajes. El coche puede esperar, ya lo cambiaremos después de las elecciones. Que no digo yo que esté mal. Me parece bien que nos lo gastemos todo y que se jodan los bancos y sus beneficios, réditos y chanchullos crediticios. Aun así: a gastar, a gastar. Nunca estuvo el capitalismo tan arrogante. Quien nos iba decir que serían héroes reaccionarios los que llevan calderilla en los bolsillos. Puros vintage. Qué bien vivimos. Que no digo yo que no nos lo merezcamos. Con lo que hemos pasado crisis, pandemia, receso y retroceso. Hasta ha vuelto el lobo. Uno tiene la sensación de vivir los mundos de yupi. En fin, que estoy por quedarme a vivir. Portugal puede esperar. Todo reservado. Se necesita personal. Paradoja.

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