Diario de Castilla y León

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Está claro que el presidente de las Cortes de Castilla y Desconocemos tiene un evidente problema de contradicción vital política. No cree en las autonomías, pero sí en los BMWs que estas proporcionan. Ni en las autonomías ni en todas sus derivas y satélites, pero goza a diario de las trangalladas que ocasionan las comunidades, en concreto esa a la que pertenece y dota a su persona de segunda autoridad autonómica y sus alicatados. Ver para creer. Creer o no creer, esa es la cuestión. Las Cortes, una cuestión de fe. No creer en uno de esos chiringuitos que emanan de las Cortes de Castilla y Desconocemos, como es la institución del Procurador del Común, pero sí pegarse una sesión de fotos con el bueno de Tomás Quintana que ni Cindy Crawford en sus mejores pasarelas. Quintana, quien, por cierto, tiene doble personalidad institucional. Es también comisionado de la Transparencia, no de la trashumancia. Pero todavía no se ha enterado que el lugar en el que rinde cuentas, las Cortes esas, lo más parecido a la transparencia que conocen es la de la cúpula nacarada del hemiciclo en días soleados. Es la estrella de la muerte, estacionada a orillas de la avenida de Salamanca, en medio de la galaxia política. Es uno de esos entes que no han cambiado, para obra y gracia del bipartidismo. Ahora bipartidismo de tres. Hace mucho, mucho, mucho tiempo... en una galaxia muy lejana. La Mesa de Cortes, el lado oscuro del bipartidismo. Las Cortes son lo más parecido a Mordor, en el plano institucional, que sufrimos los habitantes de esta tierra media. Tienen el cuajo de trajinar BMWs sin parar, cargándonos el depósito, los chóferes y las revisiones a los contribuyentes, y dicen, tan panchos, que desconocen el uso y disfrute. A ver si en la próxima visita, Quintana es capaz de interrogar, de oficio, por el uso de los coches oficiales, el mismo que la Junta hace público con los suyos hace muchos años. ¡Que la fuerza te acompañe, joven Skywalker Quintana!

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