Diario de Castilla y León

Editorial

Un debate para medir el estado de los partidos y el de sus liderazgos

Rubén Cacho ICAL

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EL DEBATE de política general o sobre el estado de la comunidad que se disputa desde mañana y durante dos días en las atribuladas Cortes de Castilla y León no es que vaya a aportar demasiado a los ciudadanos. Ya lo advertimos para la gestión de expectativas de los gobernados. Pero sí va a servir para ver cómo está el estado de la cuestión de los partidos en liza y sus líderes, ahora que entramos en el año final del mandato. Será un termómetro para medir liderazgos, pero también proyectos de comunidad.

Carlos Martínez, que asistirá como espectador en la tribuna de invitados, tendrá que contemplar la defensa de los postulados de su partido por el que ha sido su antecesor, desde el liderazgo de la bancada de la oposición, se ha adelantado con la oferta de pactos a su futuro oponente, Alfonso Fernández Mañueco. Un tanto desconcertante empieza a resultar este liderazgo compartido, con dos figuras sobre el mismo hemiciclo. No debería hacer ascos el del PP a la propuesta del todavía regidor soriano. Aunque es cierto que además de caminar por lugares comunes, el nuevo jefe del PSOECyL debería bajar al detalle y expresar cuáles son esos asuntos fuente de discusión y debate a los que ambas formaciones podrían llegar a acuerdos de comunidad. Si lo que busca es que el PP le otorgue la relevancia y la proyección de la que todavía carece para afrontar unas autonómicas, que vaya perdiendo toda esperanza. El aspirante es él. El que defiende el título es Mañueco y por tanto no se la van a dar con queso tan fácilmente.

Es un buen momento para concretar esa oferta de pactos, aunque tenga que hacerla por boca de Tudanca, que, contra todo pronóstico y sentido común, será el que se suba a la tribuna para defender los postulados del PSOE de Carlos Martínez. Todo un alarde de desconcierto por la desgana en hacer los cambios que ya tenía que haber hecho.

La propuesta de que gobierne la lista más votada no sirve ni cómo efectismo. Y se la puede guardar Carlos Martínez. Porque eso sólo es creíble en política por la vía de la norma. Y lo de «cortocircuitar» a VOX es un asunto que no compete a su liderazgo, compete a los votantes. VOX es la llave de la gobernabilidad por el mero hecho de que los ciudadanos les encomendaron 13 procuradores a razón de más de 200.000 votos. Y eso es democracia. No hay nada más demócrata en democracia que aceptar lo que no compartes. Por su parte, Mañueco tiene la oportunidad de abandonar el tedio en el que vive parte del ejecutivo, haciéndose fotos inocuas, y ofrecer un proyecto ambicioso, más para su tercer mandato, que para lo que queda del actual. Un debate para medirse.

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