Diario de Castilla y León
Pedro Sánchez y Alfonso Fernández Mañueco

Pedro Sánchez y Alfonso Fernández Mañueco

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Al fin se estrena la segunda temporada de Conversaciones telefónicas con Moncloa. Suena el teléfono en el recibidor. «Coge, Begoña, que estoy al móvil con García Ortiz, que me quiere filtrar algo». «Alfonso, qué tal, cómo me alegro, no de escucharte, de que me hayan dejado un poco en paz. Ahora se pone que está con el aliño de la fiscalía». Coge el aparato Sánchez, que es el dueño del aparato socialista: «Qué tal, cuánto tiempo sin oírte. Y aquí, ya ves con el decreto Trolebús». «Qué tal te va, Pedro, la última vez que charlamos andabas deshojando la margarita de Castilla y León, y al final optaste por sacar la guadaña y podar todo subiao (matorral lleno de zarzas), que dicen en el Bierzo los bercianos. Por cierto, será el decreto ómnibus, el que te tiene trajinando», responde Mañueco desde el antiguo Colegio del Pilar de Valladolid mientras de fondo suena la banda sonora de Quiet man. Carcajada sanchista al otro lado. «No, Alfonso, lo hemos rebautizado como decreto trolebús porque es lo que le ha pasado por encima a Feijóo con tanto ir y volver a cruzar la calle». «Eres un cachondo, Pedro, y un bribón». «Ya sabes que cuando cojo los dedales y despliego la mesa en la calle Montera, no hay quien me gane a esconder el garbanzo. A Feijóo le pasan estas cosas por andar metiendo el hocico en las cosas de Junts, que no son gente de fiar, Alfonso. Si lo sabré yo, que todavía soy menos que ellos». Mientras, en Génova se disputan la cuarta fase de Necios contra torpes. Está reñida la cosa. Intercede Sánchez: «Yo hay veces que creo que Óscar Puente es un agente doble, que es el que les aconseja las estrategias al PP, porque hasta a mí me tienen desconcertado. Bueno, ¡qué te parece el que te he puesto allí!». «Pues no sé que decirte, Pedro, tiene aire de Papa, como tú el nombre, pero no lo veo muy católico, aunque de momento ha puesto hasta camarlengo guardando la sede vacante». «Ese, Tudanca, me pidió recalar en el Senado, Alfonso». Fin del primer capítulo.

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