La falta de enfermeras exige un enfoque coordinado entre Estado y comunidades

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La salud es un permanente quebradero de cabeza en una comunidad con las características de Castilla y León. También en el caso de la gestión del personal sanitario y su incorporación al sistema de salud público. Castilla y León es la tercera con mejor ratio de enfermeras por habitante en España, con 7,35 por cada 1.000 habitantes y ligeramente por debajo de la media europea. Sin embargo, esta posición no puede ocultar una realidad que se repite año tras año: el déficit estructural de profesionales de la enfermería. La comunidad necesita más de 3.300 enfermeras para alcanzar los estándares europeos, pero las facultades castellanas y leonesas solo ofertan 1.000 plazas al año. Este desequilibrio evidencia un problema de fondo que no puede resolverse únicamente con iniciativas autonómicas. Es necesario un plan integral entre el Gobierno central y las comunidades que contemple tanto el aumento de plazas universitarias como la mejora de las condiciones laborales para retener el talento. Las cifras reflejan una tendencia preocupante que se agravará en los próximos años: un tercio de las enfermeras de Atención Primaria en Castilla y León supera los 60 años y se aproxima a la jubilación. Por el lado contrario, la oferta formativa crece de forma insuficiente y pese a que se incrementan ligeramente las plazas de grado en los últimos cursos, la alta demanda de esta titulación deja fuera a miles de aspirantes, lo que contribuye a perpetuar la escasez de profesionales. Otro factor clave es la fuga de talento. Castilla y León es la segunda comunidad que más profesionales pierde, debido a que las condiciones laborales precarias, marcadas por contratos temporales y limitadas opciones de desarrollo profesional, empujan a muchas enfermeras a buscar oportunidades en otras regiones o en el extranjero. No basta con ofrecer salarios competitivos; también es básico garantizar estabilidad y oportunidades de crecimiento desde el inicio de sus carreras. El problema trasciende el ámbito sanitario y afecta al equilibrio territorial, ya que en una comunidad marcada por la despoblación, la escasez de personal sanitario no solo pone en riesgo la calidad de la atención, sino también la viabilidad de los servicios en áreas rurales. Si no se toman medidas, el déficit de enfermeras seguirá creciendo y agravando la desigualdad en el acceso a la sanidad. La solución pasa por un enfoque coordinado que refuerce la formación y mejore las condiciones laborales para garantizar un sistema sanitario sostenible que no dependa de medidas paliativas temporales.