SEMENTERA

La sementera, bajo la espada de Damocles

La subida de los costes de producción y unos precios que siguen sin garantizar la rentabilidad ponen contra las cuerdas a los agricultores de Castilla y León

Un agricultor prepara la tierra para sembrar en la localidad segoviana de VillegilloICAL

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La campaña de la sementera comienza en Castilla y León marcada por el aumento de los costes de producción, la falta de rentabilidad de los cereales y la incertidumbre meteorológica. Las organizaciones agrarias (OPAS) coinciden en que los agricultores afrontan las labores de siembra con escaso ánimo y con la necesidad de ajustar las inversiones para evitar pérdidas. El encarecimiento de los fertilizantes y el gasóleo, unido a unos precios del cereal que no compensan los gastos, está provocando cambios en la planificación de las explotaciones y una reducción de la superficie destinada a este cultivo.

Jesús Manuel González Palacín, coordinador regional de la Unión de Campesinos de Castilla y León (UCCL), reconoce que el inicio de la campaña llega en un contexto complicado. «Afrontamos el inicio de la sementera con dificultades y con muchísima incertidumbre», explica. El responsable agrario apunta directamente al incremento de los costes como uno de los principales obstáculos. «Los costes de producción siguen disparados, los precios no nos acaban de repuntar, están como hace 40 años, y el precio del gasóleo también está disparado». Pese a ello, recuerda que las explotaciones tienen que continuar con su actividad. «Hay que sembrar. Es una obligación», añade.

La obligación de sembrar no significa que exista confianza en el resultado de la campaña. «No sabemos lo que va a pasar este año», afirma González Palacín, que recuerda que los resultados de la cosecha anterior fueron desiguales. «Ha sido un buen año en algunas zonas, en otras ha sido un año flojo». De cara a los próximos meses, considera que la meteorología será determinante. «Este año hay que hacer un ejercicio de fe importante, que vengan las temperaturas, que vengan las lluvias y que no haga demasiado calor en mayo» .

La falta de rentabilidad está llevando a los agricultores a replantearse qué cultivos introducir en sus parcelas. «Hay cambio de decisión de sembrar», indica González Palacín, que contempla un trasvase de superficie desde los cereales hacia otras producciones. «Posiblemente haya un cambio de cultivos, quizás se reduzca el cereal hacia otros cultivos como girasol», apunta. También prevé un aumento de las legumbres. «Aumentará la superficie de leguminosas y guisantes. A su juicio, estas alternativas suponen menos riesgo, ya que «el cereal lleva un riesgo tremendo». Por ello, calcula que «la reducción de superficie de cereal sea de un 20%».

El problema está en que una hectárea de cereal requiere una inversión elevada antes de conocer el resultado de la cosecha. «Una hectárea de cereal te cuesta 800 o 900 euros por hectárea y tienes que asegurarte de que coges por lo menos 4.000 kilos o 4.000 y pico para cubrir gastos», detalla. Sin embargo, advierte de que «en Castilla y León hay zonas que no van a llegar nunca a esos rendimientos». A esta situación económica se suma la falta de humedad de los terrenos. «El terreno está muy seco», señala, y explica que « mientras la gente está haciendo labores en seco, otros estamos esperando». Por eso, reclama que cambie la situación meteorológica. «Yo deseo que llueva un poco».

Los fertilizantes y el nitrógeno figuran entre los gastos que más preocupan al sector. «El fertilizante y el nitrógeno son fundamentales para el remate», apunta González Palacín, que vincula su evolución al precio de la energía. «Mientras siga la guerra y siga el gas natural disparado, todos los abonos nitrogenados van en relación». Su previsión es que «los abonos, lejos de bajar, posiblemente sigan subiendo». En cuanto a los ingresos, su diagnóstico es contundente, «los precios actuales no cubren los costes, ni de lejos». A su juicio, «el cereal tendría que venderse en torno a 350 o 380 euros por tonelada».

Lorenzo Rivera, coordinador de la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG) en Castilla y León, explica que las lluvias registradas a principios de octubre permitieron preparar las parcelas y adelantar parte de las labores. «Este año, como hubo lluvias generalizadas a primeros de octubre, sobre el día 5 y 6, se han podido hacer labores de preparación», señala. Desde entonces, los agricultores han continuado con la sementera, incluso en condiciones de escasa humedad. «Todo este tiempo se ha ido adelantando bastante la siembra, porque, aunque sea en seco, siempre se ha dicho que la sementera en seco es la mejor», afirma. Pese a ello, describe un ambiente negativo. «Desanimados, hay que hacerla porque hay que hacerla, no nos queda otra. Si no siembras, todavía peor».

La subida de los insumos obliga a revisar cada decisión para reducir los gastos de las explotaciones. «Lo único que se hace es planificar cultivos para utilizar el abono el mínimo posible», indica Rivera. El responsable de COAG advierte de que «el fertilizante está muy caro, el gasóleo también, se han disparado con los precios del estallido de Irán y ahora hay que aquilatar los gastos». La maquinaria también supone un desembolso importante: «Nada más que mueves una máquina estás haciendo un gasto de dinero». Según los datos de costes de producción de cereal de secano facilitados por COAG, el gasto por hectárea pasa de 701,50 euros en 2025 a 929 euros en 2026, un incremento aproximado del 32,4%.

La tabla refleja subidas especialmente significativas en el nitrato, que pasa de 105 a 180 euros por hectárea, y en el gasóleo, que aumenta de 66,50 a 119 euros. También se encarecen el herbicida, el abono y los gastos de amortización, averías y repuestos. Rivera advierte de que el problema de rentabilidad se arrastra desde hace varias campañas. «Ya llevamos tres campañas sin cubrir, poco más que cubrir los costes, y son campañas buenas». Además, recuerda que «no hemos llegado a los cinco millones de toneladas en Castilla y León. No llegamos ni con precios a pagar los costes». La documentación de COAG contempla los 220 euros por tonelada como precio estimado para 2026, frente a los 200 euros utilizados como referencia anterior.

Alternativas

La planificación de cultivos también está cambiando. Rivera señala que el trigo y la cebada siguen siendo las producciones principales: «Ahora estamos sembrando trigo, la gente ya está sembrando incluso cebada». La cebada está ganando protagonismo, «ha aumentado porque está más cotizada para el pienso, como había escasez, está más demandada por los fabricantes de pienso». Junto a estos cereales, la organización observa un mayor recurso a otros cultivos y al barbecho.

«El resto de la planificación son colzas y más girasol, y sobre todo más barbecho», explica. La decisión de dejar parcelas sin cultivar responde a la necesidad de evitar nuevos gastos. «Ahora es preferible dejar el terreno enbarbecho y no tener los gastos que tienes que hacer para labrar las tierras».El incremento de los costes también está modificando la forma de trabajar las tierras. Rivera observa que «está aumentando la siembra directa y el mínimo laboreo, porque yo creo que acabaremos todos más o menos así». A su juicio, «es inviable, con estos costes, labrar el terreno como se hacía hace 30 años». El responsable de COAG calcula que los gastos totales se acercan ya a los 1.000 euros por hectárea y advierte de las dificultades para recuperar esa inversión. En su caso, explica que «hay que coger 4.000 kilos y que valga casi a 250 euros, de ahí para arriba; menos, nada».

Donaciano Dujo, presidente de la Asociación Agraria Jóvenes Agricultores (ASAJA) de Castilla y León, también constata una reducción de la superficie cerealista. «Estamos en plena sementera. Ya se ha empezado. Se empezó a finales del mes de septiembre con lo que se pudo de vezas», explica. Sin embargo, la decisión de qué cultivos introducir está condicionada por la falta de rentabilidad. «Estamos intentando dejar el máximo posible para otro tipo de cultivos, como son oleaginosas, proteaginosas», afirma. Dujo insiste en que «la gente está sembrando el mínimo posible de cereal».

La práctica de volver a sembrar cereal en los rastrojos de la campaña anterior también está perdiendo peso. «El rastrojo de cereal del año anterior, se levantaba y se sembraba también de cereal, principalmente de cebada, pues este año no se está haciendo». El motivo es que los gastos no se compensan ni siquiera en las mejores parcelas: «Aun sembrando en las mejores condiciones y las mejores tierras, no nos salen las cuentas».

Menos cereal

El presidente de ASAJA calcula que la superficie de cereal volverá a reducirse de forma importante. «Si el año pasado nos quedamos en 1.550.000 hectáreas aproximadamente de cereal, este año volvemos a bajar de manera importante», advierte. La Comunidad quedaría lejos de las dos millones de hectáreas que llegó a dedicar a estos cultivos. «Los dos millones de hectáreas que se sembraban en Castilla y León de cereal van a quedar muy lejos la siembra de este año». Dujo plantea como estimación que la superficie pueda situarse en torno a 1,2 millones de hectáreas, aunque precisa que todavía habrá que esperar a que avance la sementera para concretar los datos.

La falta de lluvias también limita las posibilidades de preparar las tierras. «El tiempo está extremadamente seco y entonces se puede sembrar lo que estaba un poco preparado, pero levantar cultivos o levantar rastrojos es imposible porque no ha llovido casi nada», explica Dujo. Por ahora, los agricultores trabajan con las parcelas que pueden preparar y esperan que las precipitaciones lleguen más adelante: «Se siembra lo que se puede y, a esperar a que llueva en primavera». En el plano económico, su diagnóstico es tajante, «es imposible cubrir todos los costes».

El precio del cereal, que Dujo sitúa en torno a los 220 euros por tonelada, no permite recuperar la inversión necesaria. «Al precio que están los costes y al precio que está el cereal, que anda sobre los 220 euros, es imposible», afirma. El responsable de ASAJA considera que «necesitamos cerca de 5.000 kilos. 5.000 kilos por hectárea no lo da de media la tierra de Castilla y León ni mucho menos». Aunque algunas parcelas pueden alcanzar esos rendimientos en años favorables, recuerda que «puede dar alguna tierra buena si viene el año muy bueno, pero si no es imposible». Su conclusión es clara. «Estamos en pérdidas».

Dujo reclama más apoyo de las administraciones para afrontar el incremento de los gastos. «Las ayudas que el Gobierno ha dado han sido insuficientes», sostiene, y denuncia que «la Junta de Castilla y León al día de hoy no ha dado nada». El presidente de ASAJA considera que las cantidades anunciadas por la Administración autonómica no responden a las necesidades del campo. «El Gobierno ha dado 160 millones de euros y decimos que son insuficientes, que la Junta ha hablado de 30 millones, pues eso es una miseria para la necesidad que el campo tiene». Por ello, reclama que «la Junta tiene que igualar las ayudas que el Gobierno ha dado como mínimo».

Aurelio González, secretario general de la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA) de Castilla y León, coincide en que los agricultores afrontan la sementera con pocas expectativas de rentabilidad. «Se afronta sin ilusión, sin ganas, porque una sementera de cereales con los precios de los costes que tenemos, pues ya sabemos que produciendo 3.000 kilos vamos a pérdidas», afirma. A su juicio, «hay que producir de 3.500 para arriba para salvar gastos». Por eso, explica que muchos agricultores están seleccionando las parcelas en las que sembrar. «Muchos lo que estamos haciendo es deshojando las mejores tierras, deshojando los barbechos y ver qué ocurre para adelante». La siembra se mantiene más por necesidad que por confianza en los resultados.

La falta de rentabilidad está llevando a sustituir parte de los cereales por cultivos que requieren menos inversión. «Este año que ha habido una importante siembra mayor de colza, se va a sembrar más girasol», indica González. El responsable de UPA recuerda que «ya el año pasado hubo un aumento de superficie de girasol. Este año ha resultado mejor que los cereales con estos costes». Por ello, prevé que «para este año se han incrementado las siembras de colza y seguramente se incrementarán las siembras de girasol, porque lleva menos gastos».

Fertilizantes

González pone el foco en el precio de los fertilizantes y en la inversión necesaria para cultivar una hectárea. «Hoy una tonelada está a 500 y pico euros. Otros complejos están a 600 o 700 euros», explica. En estas condiciones, calcula que «si tienes que hacer una inversión, hoy tienes que invertir 750 euros por hectárea». El responsable de UPA advierte de que una inversión de ese nivel exige rendimientos que no se consiguen en todas las zonas: «Cuatro toneladas de cereal por hectárea no se cogen en todos los sitios ni todos los años». En muchas zonas, recuerda, «en Castilla y León estamos en unas medias, en muchas zonas, de 3.000 kilos». Para reducir el desembolso inicial, algunos agricultores están optando por sembrar sin abonar y aplazar la aplicación de fertilizantes: «Las opciones mayoritarias es que se están haciendo las labores superficiales para sembrar cereal sin abonar y, si luego viene bien la cosa, para enero se echa un abono complejo».

El secretario general de UPA también cuestiona la respuesta de la Administración autonómica y advierte de que las nuevas variedades no pueden resolver por sí solas los problemas derivados de la sequía. «Tenemos un Gobierno regional que ha olvidado al campo», afirma. Sobre las semillas, reconoce que «por supuesto que estas semillas que hay ahora nuevas son más resistentes, pero cuando viene una sequía total, pues no hay tu tía». González recuerda que las variedades actuales pueden ofrecer mejores resultados en determinadas condiciones, pero la falta de agua sigue siendo determinante: «Estas variedades actuales, cuando viene una sequía, a lo mejor dan 2.500 kilos. Pero es que las anteriores se quedaban en 1.000».

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Las organizaciones agrarias de la Comunidad coinciden en que la falta de rentabilidad económica se suma la incertidumbre que hay en el campo por las lluvias y los rendimientos que se podrán obtener. Los agricultores tienen que sembrar para mantener sus explotaciones, pero afrontan la campaña con menos superficie de cereal, mayores gastos y dificultades para conseguir una cosecha que permita cubrir la inversión.