Diario de Castilla y León

CULTIVOS

Un agricultor de Burgos: «Hemos pasado de 36 a 14 euros el litro. La lavanda pierde rentabilidad»

Miguel Cebrecos es el jefe de cultivos de la Cooperativa del Campo ‘La Burgalesa’ (Caleruega)

Miguel posa con su hijo en uno de los campos de lavanda de Caleruega.

Miguel posa con su hijo en uno de los campos de lavanda de Caleruega.ECB

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Loreto Velázquez

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Hace apenas cuatro años era uno de los cultivos más rentables, pero el precio ha ido bajando de cosecha en cosecha y, aunque en la última campaña ha recuperado un poco, la subida de costes desequilibra la balanza de la rentabilidad. «Cuando empezamos con la lavanda en el año 2020, la vendíamos a 36 euros el litro, pero ahora estamos a 14-15 euros/litro. Es verdad que en el último año ha subido un poco, pero los insumos nos matan, el gasoil, los herbicidas, los abonos, la maquinaria... Todo se ha disparado», lamenta Miguel Cebrecos, jefe de cultivos de la Cooperativa del Campo ‘La Burgalesa’ (Caleruega).

Con 150 socios fundadores, la cooperativa cultiva unas 2.000 hectáreas (200 de lavandín, 5 de lavanda, 25 de espliego, 380 de girasol, 12 de viña y 1.400 de cereal). «El cereal todavía está peor. A día de hoy estamos con el mismo precio que había hace 40 años, eso sí, con precios actuales de gasoil y todo lo demás, porque aquí sube todo menos el producto», rechaza preocupado pero decidido. «Tiene mala pinta, pero seguiremos luchando», afirma.

La mayor parte de las parcelas se encuentran en Caleruega, salvo una pequeña parte que se ubica en Hontoria de Valdearados. No ha sido un año fácil. «Ha llovido mucho, pero a destiempo, porque cayó en invierno, pero en mayo y junio, que es cuando de verdad necesitamos que llueva, no cayó una gota de agua. Eso ha provocado una sequía intensa que ha afectado tanto a la lavanda y el lavandín como y, sobre todo, al cereal», analiza al recordar que en primavera es cuando engorda el grano.

Cosechas adelantadas

Otra consecuencia de la falta de agua ha sido el adelantamiento de ambas cosechas, que han coincidido en el tiempo. «En nuestro caso, la falta de personal, que es un problema general en el campo y más aún en la ganadería, no nos afecta tanto porque contratamos la recogida a una empresa de servicios», señala convencido de que el futuro del campo tenderá a subcontratar ante la falta de personal cualificado.

En su opinión, más que cambio climático, el campo es cíclico. «Yo llevo aquí muchos años y ha pasado toda la vida. Cuando tenía 15 o 16 años ya teníamos este tipo de sequías, estas lluvias a destiempo...», subraya.

Pese a las dificultades, Miguel es un gran defensor del lavandín y la lavanda. «Es ecológico, no necesita insecticidas ni sufre enfermedades, favorece la polinización de las abejas (con lo que también ayuda a otros cultivos) y supone para los pueblos del medio rural, como Caleruega, un recurso turístico. Además, apenas requiere cuidados y deja la tierra enriquecida», destaca.

En el caso de la lavanda, la plantación comienza a producir a los tres años. Después, tiene una vida media de 12 temporadas. «Cuando termina ese plazo, hay que arrancar y dejar la tierra reposar durante uno o dos años», señala.

Cooperativa

La cooperativa vende su producción de lavandín y lavanda a un intermediario que luego envía a las grandes perfumerías. «Al principio sembrábamos más lavanda porque era lo que nos pedían nuestros clientes, pero de un tiempo a esta parte, piden sobre todo lavandín, así que ahora sobre todo tenemos lavandín, algo de lavanda y unas 25 hectáreas de espliego, que es el padre y la madre de la lavanda», detalla.

Él lo tiene claro. «Sin la ayuda de la PAC sería imposible continuar», advierte a sabiendas de que de las tres soluciones solo una es factible. «Podríamos subir los precios, pero el mercado no lo asumiría porque además hay países que producen más baratos. La segunda opción sería bajar los insumos, pero como dependen de empresas, tampoco parece probable. En mi opinión, la única alternativa posible es que el Gobierno nos apoye un poco más, quitando o reduciendo, por ejemplo, el impuesto del gasoil», propone.

Mención especial merece la burocracia del campo. «Es increíble. Antes estábamos en el campo 15 horas, pero ahora hay que estar 10 en la oficina, no tiene ningún sentido. Hay que apuntarlo todo, en qué parcela trabajas cada día, qué labor haces, cuántos kilos de herbicidas echas, de simientes... Es una locura. Nosotros tenemos que estar en el campo, sobre todo ahora que no encontramos mano de obra», urge.

Terminada una cosecha de cereal y de lavandín, ahora los trabajos se centran en la recolección de girasol, que también ha ido «muy regular» por la sequía, y en la nueva siembra. «Aquí no paramos», asegura con la mirada puesta también en las 12 hectáreas de viñedo que tienen adscrito a la Denominación de Origen Ribera del Duero. «La viña también ha estado complicada, pero al final lo hemos cerrado con un precio razonablemente bueno para el momento que estamos», celebra.

Aunque le cuesta convencer a su hijo, que por ahora no se lo plantea, Miguel es un gran defensor del campo. «A mí es lo que me gusta, trabajar al aire libre y cada día con un trabajo distinto», destaca sin olvidar la cara más amarga. «El campo necesita ayuda y no solo por la gente que trabajamos aquí. Si nosotros cerramos y España pasa a depender de terceros países, las familias pasarán hambre», advierte con tristeza porque la gente «no es consciente».

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