AGRICULTURA
"El pistacho es uno de los cultivos más rentables pero también es muy técnico"
Antonio Cilleruelo tiene una plantación consolidada de 27 hectáreas en Burgos
Antonio posa en una de las parcelas que está cosechando estos días
el pistacho se ha convertido en uno de los cultivos más prometedores y, este año, uno de los más rentables. Sin embargo, con 27 hectáreas de pistachos, Antonio Cilleruelo Sanz advierte, «es un cultivo muy técnico y complejo, un mal manejo lleva al fracaso».
Sin tierras, cuando plantó en 2018, Antonio escogió los pueblos de Fuentenebro, Torregalindo y Mercadillo. «Compré donde había tierras, pero también quería que estuviesen un poco distanciadas para reducir el riesgo de granizadas», señala, con la mirada puesta en un pedrisco que cayó hace tres años, «coincidiendo con la Feria de Lerma», y que arrasó una de sus parcelas. «Tardé dos años en recuperar los árboles con podas de formación», asegura.
Las dudas se disipan a la hora de hablar de precios y rentabilidad. «El pistacho de snack se mide por calibre 18-20, 20-22, que son unidades por onza; cuanto más calibre y blancura, mayor precio. Este año tenemos muy buenos precios porque EEUU, que es el principal país productor, ha tenido un descenso de la producción entre el 60% y 40% por la sequía, algo que también ha pasado en Irán y Turquía, y eso se ha notado mucho», explica.
Aunque los mayores productores se localizan en Estados Unidos, Irán y Turquía, el norte de Castilla y León encaja en las prioridades que marca el pistacho. «Necesita sobre todo frío en invierno y calor en verano, como en Irán, donde se cultiva en montes a 2.000 metros de altura, con 15 grados bajo cero, y luego alcanza los 50 grados. Aquí no llegamos a tanto, pero cumplimos», subraya, a sabiendas de que, si el árbol no alcanza las horas de frío necesarias, sin estos dos factores, frío y calor, no tiene una floración homogénea entre machos y hembras, puesto que «se trata de una planta dioica y, a su vez, anemófila, que necesita de la ayuda del aire para su polinización».
Para garantizar esta, cuenta con siete tipos de pistachos macho. El principal riesgo, afirma, es la humedad relativa, ya que limita la volatilidad del polen y, al caer al suelo, los pistachos quedan vacíos. «Nosotros lo que hacemos es recoger el polen y mezclarlo con talco o harina de trigo y lo esparcimos al aire en los días con viento. Esta es una técnica muy utilizada en Estados Unidos y en los países donde es originaria la pistacia vera, que es como se llama la variedad», concreta.
El mejor suelo, en su opinión, son los terrenos franco-arenosos y los arcillosos, como los suyos, pero también es importante «el tipo de pie, los portainjertos». «Hay que adaptar el portainjerto al tipo de suelo y agua. Yo aquí el que mejor se adapta es la pistacia atlántica, pero trabajo con varios tipos en función de las particularidades de cada zona», subraya mientras aconseja alejarse de las zonas inundables, ya que son muy propensas a la muerte por asfixia radicular.
El pistacho tiene, además, la particularidad de que un año produce mucho, pero el otro coge reservas, por lo que la cosecha se reduce ostensiblemente. «En los años ‘off’, yo aprovecho para hacer podas más estrictas para fortalecer el árbol. Si algún año hiela lo cuento como off», detalla.
La vecería se reduce, concreta, con riego y nutrición y regulando la poda para que no tenga mucho pistacho. «Así, además, logro un pistacho gordo, abierto y blanco, con mayor valor», afirma.
Según explica, él trabaja con cuatro variedades distintas, dos orientadas a snack y las otras que van a industria. «Cuando llegas a la procesadora, el pistacho cerrado lo pagan como grano y se utiliza para cosméticos, mantequillas y cremas», subraya de camino a la cooperativa Iberopistachos (Ciudad Real), una de las más grandes de Europa. «Cuando recoges, hay que ir a la planta en un plazo inferior a 24 horas a procesarlos para evitar el riesgo de que proliferen las temidas aflatoxinas por la humedad, la cáscara se ponga negra y pierda valor comercial», comenta.
Edad productiva
A diferencia de otros cultivos, el pistacho crece muy lento. «A los cuatro o cinco años empieza a dar algo de producción, pero hasta el sexto es mejor no coger los pistachos, porque es mayor el coste que los beneficios. Yo estoy en régimen ecológico y, cuando están en floración y son pequeños, les doy una pasada con cobre para que aborte la flor y no fructifique y el árbol crezca y se desarrolle mejor», detalla.
A partir del séptimo año, el árbol empieza a entrar a la edad adulta, llegando a plena producción a los 10-12 años. Con 20 años puede dar 30-40 kilos en verde; es decir, antes de procesar. En cuanto a la longevidad, aunque Antonio ha visto árboles con 200 años en Grecia llenos de pistachos, lo normal, con podas de rejuvenecimiento, son 50-60 años de producción.
Miedo al corzo
En los últimos años, la proliferación de corzos le ha obligado a tomar medidas en forma de vallado. «No te queda otra. Atraídos por el fuerte olor de la resina, los machos se rascan los cuernos en los troncos para marcar el territorio y se cargan la corteza y arrancan los injertos también, generando un estrés al árbol que muchas veces no puedes salvar. A mí me llegaron a fastidiar 250 árboles en una tierra de 5 hectáreas», lamenta.
Aunque EEUU almacena el 80% del pistacho mundial, Antonio defiende la calidad del pistacho castellano-leonés. «Tiene muchísimo sabor y, al tener mucho potasio, son muy saludables», subraya, al recordar que el pistacho tiene 15 veces más potasio que los plátanos. «Para mí, la inversión no ha sido tan elevada porque compagino la agricultura con una empresa de construcción, por lo que aprovecho la maquinaria para los trabajos de preparación, montajes de riego, cercados, cosecha, etc. El pistacho requiere inversión, riego si quieres garantizar un crecimiento de la producción y, sobre todo, mucha técnica y conocimiento», termina.