FRUTALES Y LEGUMBRES
Castilla y León refuerza sus alimentos de calidad con nuevos sellos europeos
La Pera del Bierzo y el Judión de La Granja reciben el aval que protege su origen y singularidad, reforzando la posición de la Comunidad dentro del mapa nacional de productos de calidad diferenciada

Recolección de los nuevos terrenos para la producción del judión de La Granja bajo la nueva marca de garantía
El campo de Castilla y León incorpora dos nuevos reconocimientos europeos que refuerzan la apuesta por la calidad diferenciada como vía para mejorar la rentabilidad de determinadas producciones agrícolas. La Comisión Europea ha inscrito en el registro comunitario la Denominación de Origen Protegida (DOP) Pera del Bierzo y la Indicación Geográfica Protegida (IGP) Judión de La Granja, dos figuras que protegen cultivos ligados a territorios concretos de León y Segovia. Desde una perspectiva agraria, estas incorporaciones suponen algo más que un reconocimiento administrativo. Representan una herramienta para que los productores puedan defender mejor el origen de sus cosechas, diferenciarse en los mercados y trasladar al consumidor el valor añadido que existe detrás de unos sistemas de producción condicionados por el clima, el suelo y el conocimiento acumulado durante generaciones.
La decisión comunitaria se enmarca dentro del impulso a las figuras de calidad diferenciada, que ya suman 230 productos agroalimentarios españoles reconocidos mediante DOP e IGP. Para Castilla y León, una comunidad con una enorme extensión agraria y una gran diversidad productiva, estos sellos permiten reforzar modelos agrícolas especializados frente a una agricultura basada únicamente en el volumen.
La nueva DOP Pera del Bierzo reconoce oficialmente la singularidad de una producción frutícola desarrollada en la comarca leonesa del Bierzo, donde la variedad Conferencia se ha convertido en uno de los cultivos más representativos. La inscripción europea protege tanto el producto como las prácticas agrícolas que han permitido mantener sus características diferenciadas. El cultivo de la pera berciana está estrechamente condicionado por el entorno. Los suelos fértiles de la comarca, junto con unas condiciones climáticas marcadas por veranos moderados, humedad suficiente y contrastes térmicos, generan un escenario favorable para conseguir una fruta con buena textura, dulzor y elevada jugosidad. Para los agricultores, estas condiciones naturales son una ventaja competitiva, pero también exigen un manejo preciso durante toda la campaña.
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Diario de Castilla y León | El Mundo
La poda manual es uno de los trabajos que adquieren especial relevancia dentro del sistema productivo de la pera del Bierzo. Esta labor permite regular la carga del árbol, mejorar la entrada de luz y aire en la copa y favorecer una maduración más homogénea de los frutos, factores que repercuten directamente en la calidad comercial.
El manejo del arbolado resulta clave en un cultivo donde la regularidad de la producción es fundamental. El agricultor debe buscar un equilibrio entre rendimiento y calidad, evitando una excesiva carga de fruto que pueda reducir el calibre o afectar a las características que distinguen a la pera amparada por la nueva DOP. La recolección es otro de los momentos decisivos para los productores bercianos. El trabajo manual permite seleccionar el momento adecuado de recogida y conservar la integridad del fruto, un aspecto determinante para afrontar después los procesos de conservación, clasificación y comercialización.
La protección europea abre ahora una nueva etapa para el sector productor. En un contexto de incremento de costes de fertilizantes, energía, tratamientos y mano de obra, la diferenciación puede convertirse en una herramienta para defender precios más ajustados a los costes reales de producción.
Judías en la granja
El segundo gran reconocimiento para Castilla y León corresponde al Judión de La Granja, una legumbre vinculada históricamente al territorio segoviano y especialmente al entorno del Real Sitio de San Ildefonso. Su nueva IGP protege una producción basada en la tradición agrícola y en unas características varietales muy concretas.
El judión destaca dentro del sector de las legumbres por su tamaño, su forma característica y su comportamiento tras la cocción. Sin embargo, desde el punto de vista agrario, su valor reside también en el mantenimiento de un sistema productivo específico que necesita conservar prácticas tradicionales para garantizar su identidad. Las labores de preparación del terreno, siembra, recolección, secado y selección de semilla forman parte del proceso que sostiene la calidad del producto. La experiencia del agricultor tiene un peso determinante, especialmente en aquellas fases en las que se debe asegurar la conservación de la variedad.
La selección de semilla propia es uno de los elementos más importantes para mantener la continuidad del cultivo. Los productores han preservado durante años el material vegetal necesario para que las nuevas generaciones puedan seguir obteniendo un grano con las características reconocidas ahora por Europa. Aunque el judión no puede compararse en superficie con cultivos extensivos como trigo, cebada, maíz o girasol, representa un modelo de agricultura especializada con capacidad para generar actividad económica en el medio rural. Su importancia se encuentra en la diferenciación y no en la producción masiva.
La incorporación de estas dos figuras de calidad también tiene una lectura territorial. Tanto en El Bierzo como en Segovia, estas producciones están vinculadas a explotaciones familiares y a zonas donde la agricultura mantiene un papel esencial en la economía local y en la conservación del paisaje rural. Las DOP e IGP se han convertido en una estrategia para muchos productores que buscan escapar de la competencia basada exclusivamente en precio. Frente a mercados cada vez más globalizados, el origen y las características propias del producto permiten crear una relación más directa entre territorio y consumidor.
El reto para los sectores del Bierzo y Segovia será aprovechar este reconocimiento europeo para mejorar la comercialización y conseguir que el valor añadido llegue realmente a las explotaciones. La certificación debe ir acompañada de organización sectorial, promoción y capacidad negociadora dentro de la cadena alimentaria. Castilla y León suma así dos nuevos ejemplos de una agricultura que apuesta por la calidad, la especialización y el vínculo con el territorio. La Pera del Bierzo y el Judión de La Granja representan dos modelos diferentes, pero con un objetivo común: mantener actividad agraria y generar más valor desde el origen.
En un escenario marcado por la incertidumbre climática, la presión de los mercados y la necesidad de garantizar el relevo generacional en el campo, estas figuras europeas ofrecen una oportunidad para reforzar cultivos que dependen del conocimiento del agricultor y de unas condiciones que no pueden reproducirse en cualquier lugar.