Diario de Castilla y León

HORTICULTURA

Castilla y León aumenta en un 8% la superficie dedicada al ajo

El sector prevé una buena campaña en las zonas de regadío de la Comunidad, aunque alerta de la pérdida de competitividad del ajo español por el aumento de costes y la presión exterior

La feria del ajo celebrada en Zamora en ediciones anteriores

La feria del ajo celebrada en Zamora en ediciones anterioresICAL

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Castilla y León se consolida esta campaña como una de las comunidades autónomas donde más crece el cultivo del ajo en España. La superficie sembrada aumentará un 8% respecto al pasado año, situando a la Comunidad entre las regiones con mayor expansión del sector junto a Madrid y Andalucía, en un contexto marcado por la búsqueda de alternativas rentables dentro del regadío y por la creciente preocupación de productores y cooperativas ante la presión de las importaciones procedentes de terceros países. Las previsiones nacionales sitúan la superficie española de ajo en 24.404 hectáreas durante la campaña 2026, lo que supone un incremento cercano al 2% respecto al ejercicio anterior. Aun así, el sector recuerda que España continúa lejos de las casi 30.000 hectáreas registradas en 2022, antes de que el incremento de costes de producción y el deterioro de la rentabilidad provocaran un importante ajuste de superficie en varias zonas productoras.

El crecimiento registrado en Castilla y León confirma el avance de un cultivo que gana peso en determinadas áreas de regadío de la Comunidad. Agricultores y operadores consideran que el ajo ha dejado de ser una producción secundaria para convertirse en una alternativa cada vez más interesante dentro de explotaciones que buscan mejorar márgenes frente a otros cultivos extensivos tradicionales.

La provincia de Valladolid continúa liderando la expansión regional del ajo gracias al impulso de las comarcas del sur provincial, donde el cultivo se ha desarrollado notablemente durante los últimos años favorecido por la tecnificación del regadío, la disponibilidad de agua y la llegada de explotaciones especializadas procedentes de otras zonas productoras del país. En localidades como Medina del Campo, Íscar, Pedrajas o Campaspero, el ajo se ha consolidado como una de las producciones hortícolas con mayor proyección económica. El sector destaca además la capacidad del cultivo para generar empleo y actividad económica vinculada tanto a la recolección como al almacenamiento, manipulación y comercialización posterior.

También Zamora mantiene una evolución positiva impulsada por la reciente creación de la marca de garantía ‘Ajo Zamorano’, una iniciativa con la que productores y cooperativas buscan reforzar la diferenciación y el valor añadido del producto frente a la creciente competencia exterior. El modelo zamorano apuesta especialmente por la calidad y la comercialización diferenciada en lugar de competir únicamente en volumen. El sector provincial considera que la identificación territorial puede convertirse en una herramienta clave para mantener la rentabilidad de las explotaciones en un mercado cada vez más tensionado por la entrada de ajo importado.

Segovia continúa siendo otra de las referencias tradicionales del cultivo en Castilla y León, especialmente en la zona de Vallelado, donde el ajo mantiene un importante peso económico.

Las perspectivas agronómicas para esta campaña son positivas en el conjunto de la Comunidad. El cultivo presenta un buen estado vegetativo gracias a las lluvias registradas durante la primavera y a unas temperaturas suaves que han favorecido un desarrollo homogéneo de las plantaciones en la mayoría de las zonas productoras. No obstante, agricultores y técnicos advierten de que las próximas semanas serán decisivas para determinar el rendimiento final de la cosecha. El ajo es especialmente sensible a la humedad y a las tormentas de finales de primavera, factores que pueden afectar tanto al calibre como a la sanidad vegetal y a la conservación posterior del producto.

Uno de los aspectos que más preocupa actualmente al sector es el incremento continuado de los costes de producción. El ajo sigue siendo uno de los cultivos hortícolas más exigentes desde el punto de vista económico debido al elevado coste de la semilla, el riego, los tratamientos fitosanitarios y la mano de obra necesaria para la recolección y manipulación. A ello se suma además la progresiva desaparición de materias activas autorizadas en la Unión Europea para combatir enfermedades y plagas del cultivo. Los productores denuncian que cada vez disponen de menos herramientas fitosanitarias, una situación que está incrementando todavía más los costes y complicando el manejo técnico de las explotaciones.

Otro de los indicadores que refleja la presión económica sobre el sector es el descenso del aseguramiento agrario. Pese al incremento de superficie sembrada, esta campaña se ha asegurado un 4,6% menos de hectáreas a nivel nacional, un dato que las organizaciones agrarias relacionan directamente con las dificultades financieras de muchas explotaciones.

Sin embargo, la principal inquietud de productores y cooperativas se sitúa actualmente en el comportamiento del mercado exterior. Entre 2021 y 2025 las ventas de ajo español descendieron un 17% dentro de Europa y un 34% fuera de la Unión Europea, mientras las importaciones comunitarias procedentes de terceros países aumentaron un 122% en apenas cinco años.

China continúa siendo el principal proveedor externo de ajo para el mercado europeo con más de 74.000 toneladas exportadas durante 2025. No obstante, el crecimiento más acusado corresponde actualmente a Egipto, que prácticamente ha duplicado sus exportaciones hacia la Unión Europea hasta superar las 19.500 toneladas en apenas un año.

El sector europeo considera que existe una clara desigualdad competitiva frente a países terceros con menores costes laborales y normativas fitosanitarias menos exigentes. Productores y cooperativas denuncian que las importaciones no están sometidas a las mismas obligaciones sanitarias, laborales y medioambientales que deben asumir las explotaciones europeas. Además, los productores y comercializadores advierten de que el futuro del ajo español dependerá en gran medida de la capacidad de Europa para frenar la pérdida de competitividad frente al avance de las importaciones procedentes de terceros países y de la puesta en marcha de medidas que permitan mantener la rentabilidad de las explotaciones y el empleo generado por el cultivo en el medio rural.

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