OVINO
El esquileo supone un coste sin retorno para el ganadero de Castilla y León
Los productores asumen pérdidas por una lana sin valor comercial, mientras el sector denuncia que el coste de la esquila supera ampliamente los ingresos y reclama nuevas salidas industriales

Cuadrillas de argentinos y uruguayos protagonizan las labores de esquileo en la provincia leonesa.
El esquileo de las ovejas en Castilla y León se repite cada año como una de las tareas centrales del calendario ganadero. Es un proceso imprescindible para el bienestar animal y para el correcto manejo de los rebaños en sistemas extensivos. Sin embargo, el sector ovino lo describe desde hace años como una actividad económicamente deficitaria. La lana ha perdido prácticamente todo su valor comercial en la mayoría de explotaciones y el coste de su retirada recae por completo sobre el ganadero. El problema no está en la necesidad de esquilar, que nadie discute dentro del sector profesional, la cuestión es que el producto obtenido ha dejado de tener rentabilidad en el mercado. Esto convierte una práctica obligatoria en una fuente constante de pérdidas. Además, no existen mecanismos estables de compensación o valorización del subproducto y la situación se repite campaña tras campaña sin cambios estructurales.
Mundo Agrario
«Si la administración no hace algo pronto, el cierre de muchas explotaciones será inevitable»
Loreto Velázquez
«Los ganaderos esquilamos, pagamos, llamamos para que se lleven la lana y se acabó», resume José Antonio Martínez, responsable de ovino de UCCL. La frase refleja la percepción generalizada en el sector sobre el modelo actual. Según explica, el proceso se ha normalizado pese a ser claramente deficitario. Los productores ya asumen la pérdida como parte de la actividad. Y no esperan retorno económico alguno por la lana. Martínez insiste en que esta situación se ha consolidado con el paso del tiempo. «Nos hemos hecho a ello y sabemos que es otra pérdida más dentro de la explotación». El problema, según señala, no es puntual sino estructural. La rentabilidad del esquileo ha desaparecido de forma progresiva. Y el sector no ha encontrado alternativas viables hasta el momento.
El contraste con décadas anteriores es evidente en la evolución del mercado. Antes la lana tenía capacidad para cubrir al menos parte del coste del esquileo. Hoy ese equilibrio económico se ha roto completamente. «Antes, con lo que te pagaban por la lana, casi pagabas el esquileo; ahora tienes que pagarlo todo». Esta transformación ha cambiado la lógica económica del ovino. Y ha aumentado la dependencia del ganadero de otros ingresos. En la actualidad, el ingreso por lana es prácticamente inexistente en la mayoría de explotaciones. En muchos casos, directamente no se produce ningún pago por el producto. «Hoy un ganadero no cobra nada por la lana», afirma Martínez. Incluso en situaciones favorables, la compensación es simbólica o nula. Y el esquileo se convierte en un gasto fijo sin retorno.
En numerosos casos, la retirada de la lana se realiza sin coste económico directo, pero sin valor para el productor. «La lana estos últimos años se la han llevado a coste cero». Esto significa que el ganadero no ingresa, pero tampoco evita el coste de producción. El resultado es un equilibrio claramente negativo. Y sostenido en el tiempo sin variaciones relevantes. Solo algunos tipos de lana mantienen un mínimo valor en el mercado actual. La lana merina es la que conserva cierta demanda por su calidad. Sin embargo, su presencia en Castilla y León es limitada en comparación con otras razas. «La lana merina todavía la pagan algo, pero tampoco cubre los costes». El resto de las producciones carece prácticamente de salida comercial.
CLASIFICACIÓN
El sector denuncia que la lana ha dejado de ser un producto para convertirse en un residuo. Este cambio conceptual afecta directamente a su gestión económica. «La lana la están tratando como un residuo cuando debería ser un subproducto». La falta de valorización limita cualquier intento de rentabilidad. Y reduce las opciones de transformación industrial en origen.
A pesar de todo, el esquileo sigue siendo obligatorio dentro del manejo del ganado ovino. No existe alternativa viable desde el punto de vista sanitario o productivo. «Hay que esquilar porque no queda más remedio; si no, muchos no esquilaríamos». Esto convierte la actividad en un coste estructural inevitable. Y completamente desligado del mercado. «Esto es una obligación: hay que hacerlo sí o sí». La frase resume la falta de margen de decisión del ganadero en este aspecto. El esquileo no depende de la rentabilidad de la explotación. Depende exclusivamente de la necesidad del animal. Y de las condiciones de manejo del sistema extensivo.
Uno de los problemas añadidos es la escasez de esquiladores disponibles. El sector advierte de una pérdida progresiva de profesionales en esta actividad. «Hay escasez de esquiladores porque se van jubilando». La falta de relevo generacional agrava la situación. Y aumenta la dependencia de cuadrillas externas. Las cuadrillas tradicionales nacionales han disminuido de forma notable en los últimos años. En su lugar, han surgido equipos internacionales especializados. «Los esquiladores españoles son ya muy pocos; casi todos son uruguayos, paraguayos, polacos o de otros países». Este cambio ha transformado completamente la organización del trabajo. Y ha introducido mayor dependencia logística.
La planificación del esquileo exige ahora una organización anticipada. Los ganaderos deben reservar con semanas o meses de antelación. «Tienes que llamar con tiempo porque ya no vienen tantos como antes». La disponibilidad de cuadrillas es limitada y variable. Y condiciona el calendario productivo de las explotaciones. El sector reconoce que el problema podría agravarse en el futuro si aumenta la cabaña. La falta de mano de obra especializada es un factor estructural. «Si hubiera muchas más ovejas, sí que tendríamos un problema serio para encontrar esquiladores». Esto introduce incertidumbre en la planificación a medio plazo. Y en la viabilidad operativa del sistema.
Desde el punto de vista del mercado, la situación de la lana cambió radicalmente tras la pandemia. El ganadero José Luis Fuentes sitúa ahí el punto de inflexión. «Desde la pandemia, la situación de la lana es muy mala». El cierre de mercados internacionales fue determinante. Y afectó a toda la cadena de valor. China, principal comprador mundial, dejó de operar como mercado de referencia. Esto provocó un colapso de la demanda global. «China era el principal comprador y dejó de comprar». El impacto fue inmediato en precios y salidas comerciales. Y generó excedentes en origen.
«A partir de que China dejó de comprar, el mercado se hundió», resume Fuentes. Aunque se observan ligeras mejoras recientes, no cambian el panorama general. El sector sigue sin alcanzar niveles de rentabilidad. Y la incertidumbre sigue siendo alta. «Este año parece que se han recuperado un poco los precios», admite. Sin embargo, esta mejora no se traslada a la explotación. «No se cubren los costes del esquileo». El desequilibrio entre ingresos y gastos se mantiene y condiciona la viabilidad del sistema.
MERCADO
La lana merina conserva algo más de valor en el mercado internacional. Pero su impacto es limitado dentro del conjunto productivo. «La lana merina tiene más valor porque es de mejor calidad». Aun así, no compensa la situación general del sector. Ni modifica la tendencia global. La caída de precios en las últimas décadas ha sido muy acusada. «La lana merina pasó de dos euros a veinte céntimos». Este descenso refleja un cambio estructural del mercado. No una variación puntual de coyuntura. Y ha afectado a toda la cadena productiva.
La industria textil española prácticamente ha desaparecido como actor relevante. Esto limita la transformación de la lana en origen. «La industria textil española ha desaparecido». Sin industria cercana, el producto pierde valor añadido y depende del comercio exterior.
El proceso industrial de la lana es además complejo y costoso. Requiere varias fases antes de convertirse en producto final. «El proceso de la lana es muy caro: recogerla, lavarla, clasificarla e hilarla tiene muchísimo coste». Esto reduce su competitividad frente a fibras sintéticas. Y limita su expansión. «Competir con las fibras sintéticas es muy complicado», señala Fuentes. En muchos casos, la lana ya no se considera un producto rentable. «Las lanas bastas, si te las recogían, ya te hacían un favor». La lógica de mercado ha cambiado por completo. Y ha reducido su valor estratégico.
El futuro del sector es percibido con incertidumbre por algunos ganaderos. «A la lana española no le veo futuro» y «esto va a desaparecer», advierte Fuentes. La falta de relevo generacional agrava este escenario. «Tengo 55 años y detrás de mí no viene nadie». Esto plantea un problema estructural de continuidad. En Zamora, Óscar Gómez describe una situación muy similar en su explotación. «En el mejor de los casos, te recogen la lana». El valor económico es prácticamente simbólico. Y no compensa los costes del sistema productivo. Que siguen siendo elevados.
«Por 1.500 ovejas me pagaron unos 60 euros», explica. Frente a ello, los costes son muy superiores. «Esquilamos dos veces al año y gastamos cerca de 5.000 euros». El desequilibrio económico es evidente y sostenido en el tiempo.
«Ahora mismo la lana está desplomada», resume Gómez. En la práctica, el objetivo ya no es venderla sino retirarla. «Lo importante es que se la lleven porque no podemos hacer nada con ella». Esto convierte la lana en un problema logístico. Más que económico. «La lana no se puede tener de cualquier manera; necesita tratamiento». Su gestión requiere recursos adicionales en la explotación y añade complejidad al proceso productivo, que ya es de por sí exigente en sistemas extensivos.
Las cuadrillas que hay hoy en día en la comunidad, «la mayoría de cuadrillas son extranjeras». En muchos casos proceden de Uruguay. «Traen esquiladores de Uruguay». Esto ha sustituido el modelo tradicional nacional. Y ha cambiado la estructura del sector.
«Antes había cuadrillas de aquí; ahora prácticamente han desaparecido», lamenta Gómez. El esquileo se mantiene por razones sanitarias. «Los ganaderos esquilan por bienestar animal, no por rentabilidad». Y sigue siendo imprescindible dentro del sistema productivo regional.
El sector reclama mayor implicación institucional para buscar alternativas. «La administración no ayuda en este sentido». Y propone nuevos usos industriales para la lana. «Si hubiera una línea para transformar la lana en otros productos sería perfecto». Aunque estas soluciones aún no están consolidadas.
Desde UPA, Felipe Luis Codesal coincide en el diagnóstico general del sector. «Antes se cubría el esquileo; ahora tienes que pagar para que se lleven la lana». La situación se mantiene desde hace años. «Llevamos así ocho o diez años». Y no muestra señales claras de cambio. «Por la lana cobramos cero», afirma. La retirada del producto se ha convertido en una carga más. «Hay que suplicar que se la lleven». Esto refleja la pérdida total de valor comercial. En la mayoría de explotaciones.
VALOR
«La lana es un residuo, ya nadie la quiere», resume. El esquileo sigue siendo obligatorio por motivos sanitarios. «Hay que esquilar por salud del ganado y punto». Y no por criterios económicos, lo que refuerza su carácter estructural. El contraste entre consumidor y productor es uno de los elementos más llamativos. «No entiendo cómo en otros países vale cuatro euros y aquí cero». Mientras el consumidor paga precios elevados, el origen no recibe valor. «Tú vas a comprar un jersey de lana y vale una millonada». Pero el productor no participa de ese valor.
El abandono del sector es progresivo en muchas zonas rurales. «Mucha gente está cerrando explotaciones». Y las alternativas aún no se han consolidado. «Se habla de nuevos usos para aislamientos, pero de momento son solo pruebas». El futuro del esquileo depende de cambios estructurales. Tanto en industria como en mercado. El conjunto del sector ovino en Castilla y León se enfrenta así a un escenario en el que el esquileo, lejos de ser una fuente complementaria de ingresos, se ha convertido en un coste estructural ineludible. La combinación de precios bajos de la lana, falta de industria transformadora y dependencia de mercados exteriores ha erosionado progresivamente la rentabilidad de una actividad clave en el medio rural.
Los profesionales coinciden en que el futuro del esquileo y de la lana dependerá de la capacidad de reorientar su valor dentro de nuevas cadenas industriales y de consumo. Sin una estrategia de revalorización del producto y sin inversiones en innovación y transformación, el riesgo es que la lana continúe tratándose como un residuo sin salida económica. Mientras tanto, el ovino mantiene su actividad sostenido por la necesidad productiva y el compromiso de los ganaderos, pero con una rentabilidad más ajustada.