FORRAJE
El conflicto de Oriente Medio condiciona la rentabilidad de la alfalfa
El sector forrajero, altamente dependiente de los mercados internacionales, ve afectada su rentabilidad por la caída de precios en el mercado y el encarecimiento del transporte

Un agricultor realiza labores de siega de alfalfa en tierra de campos.
La alfalfa se ha consolidado como uno de los cultivos más emblemáticos del campo de Castilla y León, no solo por su amplia extensión, sino también por su creciente proyección internacional durante las últimas décadas. Este forraje, muy valorado por su calidad, ha encontrado en los mercados de Oriente Medio un destino prioritario para su comercialización. Sin embargo, la actual guerra en esa región ha alterado profundamente las condiciones del comercio exterior, generando incertidumbre entre productores y exportadores. Las dificultades logísticas, el encarecimiento del transporte y la inestabilidad geopolítica impactan directamente a este sector estratégico, demostrando cómo un conflicto lejano puede afectar de manera inmediata a la economía agraria regional.
La alfalfa destaca por su elevado contenido proteico y su alto valor nutritivo, convirtiéndose en un recurso esencial para la alimentación animal, en sistemas ganaderos intensivos. En Castilla y León, este cultivo se desarrolla principalmente en zonas de regadío, donde alcanza niveles de productividad muy elevados. La modernización de las explotaciones agrarias ha permitido mejorar tanto los rendimientos como la calidad del producto final, favoreciendo su expansión y especialización en la comunidad. Así, la alfalfa se ha convertido en un pilar estructural del sistema agrario regional.
Según el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, Castilla y León supera ampliamente las 84.000 hectáreas dedicadas al cultivo de alfalfa, reflejando su enorme implantación territorial. La producción alcanza más de 2,3 millones de toneladas en verde, consolidando su liderazgo a nivel nacional. Estos datos evidencian la dependencia de numerosas explotaciones respecto a este cultivo, de manera que cualquier alteración en su comercialización tiene efectos inmediatos sobre la economía local.
El sector forrajero español posee una clara orientación exportadora, lo que lo hace especialmente sensible a las fluctuaciones del contexto internacional. La calidad de la alfalfa española permite su posicionamiento en mercados exteriores altamente exigentes, siendo Oriente Medio uno de los destinos principales debido a su alta demanda de forrajes de calidad. Castilla y León participa activamente en este comercio, lo que vincula estrechamente su economía agraria con la estabilidad de dicha región.
De acuerdo con el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, la producción de forrajes deshidratados en España alcanzó 980.906 toneladas en la campaña 2023-2024, confirmando la relevancia del sector a nivel nacional. Castilla y León contribuye significativamente a este volumen, reforzando su posición estratégica y especialización en este tipo de cultivo. Esta participación incrementa, al mismo tiempo, su exposición a los mercados internacionales.
Durante la campaña 2024-2025, las exportaciones españolas de forrajes deshidratados superaron las 850.000 toneladas, según datos oficiales del Ministerio. Este volumen refleja la fuerte orientación exterior del sector y su competitividad global. No obstante, el crecimiento se ve condicionado por factores geopolíticos, como la guerra en Oriente Medio, que afecta a las cadenas logísticas y genera incertidumbre en el comercio.
Dependencia
Con estas reservas, una gran proporción de las exportaciones españolas de alfalfa tiene como destino países de Oriente Medio, convirtiendo a esta región en un mercado estratégico. La elevada dependencia incrementa la vulnerabilidad del sector ante situaciones de conflicto. Castilla y León, como principal productor, se encuentra especialmente expuesta, haciendo que la estabilidad de estos mercados sea crucial para la rentabilidad del cultivo.
Según la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos, más de 280.000 toneladas de alfalfa española se exportan anualmente a Oriente Medio, lo que representa aproximadamente el 40% del total exportado. La pérdida de estos mercados tendría consecuencias muy graves para el sector, afectando tanto a empresas como a agricultores.
La alfalfa destinada a Oriente Medio se utiliza en actividades económicas y culturales muy específicas, principalmente para la alimentación de caballos de competición y camellos de carreras, animales de alto valor económico que requieren una dieta de máxima calidad. La alfalfa española cumple con estos estándares, consolidando su posición en estos mercados y reforzando su reputación a nivel internacional.
La guerra en Oriente Medio ha generado un contexto de gran incertidumbre, incrementando la inseguridad en las rutas marítimas internacionales. El Estrecho de Ormuz, clave para el comercio con esa región, ha visto ralentizado o encarecido el transporte de mercancías, afectando directamente las exportaciones españolas de alfalfa. Numerosos envíos han sido retrasados o cancelados, provocando pérdidas económicas importantes y aumentando la preocupación en el sector.
Las alternativas logísticas son limitadas, rodear África implica un incremento considerable en el tiempo de transporte y en los costes asociados, que según COAG pueden llegar hasta un 256%. Esto reduce drásticamente la rentabilidad de las exportaciones y provoca acumulación de producto en el mercado interno, ejerciendo presión a la baja sobre los precios y disminuyendo los ingresos de los agricultores.
La caída de precios representa un grave problema para la sostenibilidad de las explotaciones agrarias, muchas de las cuales dependen casi exclusivamente de la alfalfa. La reducción de ingresos dificulta la continuidad de la actividad y puede provocar el abandono de explotaciones, con un impacto social significativo en el medio rural. Por ello, la Junta de Castilla y León subraya la importancia del sector agrario y de la alfalfa como pilar del desarrollo rural.
Frente a esta situación, las organizaciones agrarias han advertido de la gravedad de la crisis comercial generada por la guerra. COAG la ha calificado como una emergencia, alertando sobre el riesgo de perder mercados consolidados y la necesidad de diversificar destinos, reforzar relaciones comerciales y coordinar una respuesta institucional efectiva. La capacidad de adaptación del sector será clave para garantizar que la alfalfa siga siendo un pilar fundamental del campo castellanoleonés .