Diario de Castilla y León

VITICULTURA

«El registro vitícola no es un capricho. Necesitamos que la Junta cumpla y acelere»

Antonio Díez insiste en la importancia de agilizar la burocracia, el «lastre de la agricultura»

Antonio tiene 87 hectáreas de viñedo en Aranda de Duero.

Antonio tiene 87 hectáreas de viñedo en Aranda de Duero.ECB

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Loreto Velázquez

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El sector del vino está harto de decirlo, pero es un problema que persiste. “La burocracia es uno de los grandes últimas del campo”, advierte Antonio Díez desde las 87 hectáreas de viñedo familiar que tiene en Ribera del Duero en el término de Aranda.

El bodeguero y viticultor pone el acento en la urgencia de unificar el registro vitícola de la Junta de Castilla y León con el del Consejo Regulador Ribera. “Actualmente hay un convenio firmado entre el Consejo y la administración regional para intentar que ambos registros converjan en uno solo, pero ha pasado más de un año y, aunque se está trabajando en ello, necesitamos que la Junta cumpla y acelere”, apremia en su calidad de miembro de la Junta Directiva de la Asociación de Bodegas Asebor y como representante de la vocalía de productores en el Consejo Regulador de la Ribera del Duero, órgano en el que Asebor ostenta la mayoría.

En su opinión, la materialización de este único registro debe seguir criterios técnicos. Así se subsanarían cuestiones que perjudican a los viticultores y bodegueros, como el hecho de poder computar las cabeceras que necesitan (para facilitar el manejo del cultivo en el cuidado de la vegetación, del suelo o la vendimia) como recintos de viñedo y no, como está ocurriendo en algunas ocasiones, como superficies de pasto o arboladas. "Los cabeceros o caminos de servicio son indispensables para el manejo adecuado del viñedo. Es un espacio utilizado para dejar las cajas, el remolque o incluso para compostar el estiércol, por eso son superficies que deben contemplarse como superficie de viñedo y no como otro tipo de usos que nos reduzcan la superficie de derechos de viñedo aportados en su día", argumenta.

DIPLICIDADES

Antonio Díez extiende su preocupación a otros trámites burocráticos que limitan la competitividad porque “requieren demasiado tiempo”. "Cada administración tiene su propia plataforma digital, que ha desarrollado de forma independiente, pero en muchos casos no funcionan de forma correcta, los procesos no están bien definidos y, en ocasiones, generan duplicidades. Además, cuando surgen dudas, tampoco hay una asistencia presencial y, en muchos casos, en la telefónica las esperas son eternas escuchando locuciones automáticas infinitas", rechaza.

Él pone como ejemplos la alta de la maquinaria en el ROPO, la alta de aplicadores de productos fitosanitarios, la declaración de la PAC, la solicitud de subvenciones, las altas y bajas del personal eventual, las “inspecciones constantes”, las auditorías y certificaciones de calidad, la gestión de los envases, las encuestas del INE, la puesta al día del catastro y del SIG PAC, los trámites de plantaciones así como derechos, transformaciones y arranques, firmas digitales, ITVs, solicitudes de citas previas para cualquier tema o declaraciones de cosecha, entre otros.

Por ello, hace un llamamiento a la Administración para que sea consciente del tiempo “que nos hace perder, lo que reduce nuestra competitividad y valor”. Además, afirma, existe inseguridad jurídica, ya que “gran parte del trabajo administrativo recae en nosotros sin tener la formación, conocimientos normativos, habilidades informáticas ni conexión a internet adecuadas”. “Cualquier error que cometamos es únicamente nuestra responsabilidad, mientras la Administración queda exenta de sus obligaciones, ya que antes realizaba este trabajo y ahora lo ha transferido a nosotros”, reivindica.

LLUVIA

En su bodega familiar, Martín Berdugo, Antonio Díez trabaja estos días a contrarreloj porque las intensas y continuas lluvias han retrasado algunos trabajos de campo. Sin embargo, advierte que estar en ecológico tiene sus ventajas. “Al tener cubiertas vegetales entre las líneas de viñedo, han absorbido mucho mejor el exceso de agua y nos ha permitido entrar a trabajar antes”, destaca.

Antonio es un viticultor convencido de los beneficios del tratamiento ecológico. "En nuestro caso, tenemos 87 hectáreas de Tinto fino, que plantamos desde 1990. En 2017 comenzamos el cambio a ecológico y en 2023 terminamos con la certificación de toda la finca, y el balance es muy positivo. Desde que hemos hecho la transición, la calidad de los vinos ha mejorado mucho y también se ha visto reforzada la biodiversidad y la microflora del suelo", destaca.

A la hora de decantarse por lo ecológico, Antonio tuvo en cuenta, además, una normativa que tiende a prohibir cada vez más materias activas que se aplican en el cultivo tradicional.

Lo que es importante ahora, recomienda, es estar muy atento al viñedo. "Como hay mucha humedad, hay que vigilar la evolución de posibles enfermedades criptogámicas, como ocurrió el año pasado con el mildiu. Al final dependerá de cómo se desarrolle la primavera y el verano, pero hay que estar muy pendientes".

PODA DE INVIERNO

Con el campo muy mojado aún, la poda de invierno se retrasa. "Se puede hacer desde el momento en que se caen las hojas de la viña hasta que se reactiva el ciclo vegetativo; yo suelo retrasarla lo más posible. Así reduzco el riesgo de heladas de primavera porque retrasa la brotación", argumenta.

Según explica, a la hora de podar hay “que tener claro dónde cortar y qué inclinación hay que dar en cada corte”, porque cada planta requiere una atención determinada, en función de cómo esté o cómo la haya marcado el año. “Es básico contar con personal adecuado y formado”.

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