El olmo de Siberia como opción ‘verde’ para la fabricación de tableros
El olmo de Siberia como opción ‘verde’ para la fabricación de tableros

Plantación de olmo de Siberia en una de las parcelas del Ceder Ciemat
El proyecto Midas en el que participa el Ceder Ciemat para aplicar cultivos industriales en tierras marginales o semimarginales afronta ya su última campaña en las dos parcelas de ensayo (de media hectárea cada una) de la finca del Ceder con unos resultados más que óptimos de la primera cosecha de olmo de Siberia, que se ha realizado en diciembre, con dos toneladas por hectárea y año.
Y es que después de tres años se ha recogido este cultivo perenne que se plantó en filas junto con la lavanda de Sevilla y entre ellas, los cultivos anuales como el cártamo, el crambe y el melilotus. «Ha respondido muy bien en tierras semimarginales», señala Luis Esteban, científico titular del Ceder y a su vez investigador principal del proyecto por parte del Ciemat. A partir de esta primera corta se podrá realizar la cosecha cada año o cada dos años y se espera duplicar los resultados, con cuatro toneladas por hectárea y año, «lo normal en este cultivo».
La importancia del olmo de Siberia radica en su uso para tableros de madera prensada, porque «da unas resistencias muy buenas y las emisiones de formaldehídos son un 40% más bajas que en un tablero de pino, por ejemplo». Una aplicación que va en consonancia con las directrices de Europa, que quiere reducir considerablemente el uso del formaldehído (o metanal), un gas incoloro, inflamable y de olor fuerte, muy utilizado industrialmente para fabricar resinas, tableros de madera prensada, adhesivos y conservantes, recuerda Esteban.
Este científico considera por los resultados que «el olmo funciona muy bien y puede convertirse en un cultivo muy interesante en parcelas semimarginales para realizar en líneas con otros en rotación, como en zonas de laderas para retención de las tierras». Ahora hay que buscar líneas de mercado para que se animen los agricultores. Entre otras ventajas, «aguanta más que el chopo y no necesita riego».
En esta búsqueda de bajas emisiones de formaldehídos, señala que unos de los socios del proyecto Midas trabajan de forma paralela en la elaboración de colas y resinas que no lleven estos gases a partir del guayule, que se está cultivando en Albacete, la otra provincia española seleccionada junto con Soria.
Además, con el aceite esencial de lavanda se está investigando su incorporación a productos fitosanitarios como coadyuvante bioherbicida y repelente de plagas.
La lavanda de Sevilla (lavándula luisieri) se cosechó con el proyecto Midas en junio de 2024, algo más de un año después de su plantación, con un rendimiento de aceite esencial de 7 kilos por hectárea. Una cifra que destaca porque se trata de un aceite que tiene un precio de mercado superior a los 200 euros.
También estudian aceites de cultivos como el cardo o el cártamo, del que hay abiertas muchas líneas, entre otras de hidrolizados de proteína. A este resspecto, asegura que es el cultivo más estable de los tres anuales junto con el crambe y el melilotus. «No se obtiene mucha producción pero se da bien».
Sobre el crambe, explica Luis Esteban que «es más de primavera». El primer año del proyecto Midas «se dio bastante bien, pero luego la semilla estaba vana». El segundo año no vino nada de agua en primavera y no nació, pero en el Ceder Ciemat lo sembraron también en otoño, «dado que es como una colza, y resultó también de maravilla. Se formó roseta y todo, pero luego llegaron los hielos y se perdió todo. Ahora volveremos a sembrarlo otra vez en primavera».
Del melitotus, señala «luces y sombras: La semilla es muy fina y quizás no hemos tenido la maquinaria adecuada». En positivo, que es un cultivo que «se tira floreciendo más de dos meses, lo que resulta muy interesante para la apicultura, y se cosecha cada dos años. Al ser una leguminosa se puede usar para mejorar el suelo. En vez de dejar la tierra en barbecho se siembra melilotus y se deja descansar la tierra esos dos años del cultivo».
Gracias a este proyecto el Ceder Ciemat está llevando a cabo ensayos agronómicos, a cargo de la doctora ingeniera agrónoma Marina Sanz Gallego, de distintos cultivos industriales para evaluar su adaptación a la tierra marginal de baja productividad para cultivos tradicionales en la provincia de Soria y de ahí establecer un caso de estudio a escala demostrativa en el que se realizan rotaciones de distintos cultivos anuales en mezcla con especies leñosas y herbáceas perennes usando la técnica de cultivos asociados o intercropping en hileras o franjas.
El investigador recuerda que «al fin y al cabo se trata de buscar alternativas de cultivos industriales que requieren menos insumos para aprovechar tierras que son menos productivas de cereal, con rendimientos muy bajos que no llegan a los 1.000 ó 1.500 kilos por hectárea, de modo que los agricultores las están abandonando porque no les compensa con unos costes de producción por las nubes».
Cuatro años de proyecto
El proyecto Midas, en marcha desde finales de 2022, es una acción de innovación de Horizonte Europa que se llevará a cabo hasta octubre de 2026 a través de un consorcio formado por 27 entidades de 14 países. Busca además mejorar el rendimiento funcional de cadenas de valor y productos específicos, teniendo en cuenta una mayor eficiencia en el uso de los recursos para impulsar el uso sostenible de la biomasa industrial no alimentaria en un concepto de biorrefinería.
Productos de base biológica
Así, el proyecto consiste en demostrar y desarrollar, en cuatro años, soluciones innovadoras para cultivos industriales en tierras marginales agrícolas, así como producir una gama de productos de base biológica que van desde film plástico biodegradable, hasta bioherbicidas, látex, goma, biocompuestos y otros bienes de consumo de uso extendido. Para ello han establecido 13 casos de estudio en nueve países diferentes. Y en España se han seleccionado las provincias de Soria y Albacete.