ALTA BIOSEGURIDAD
En marcha la granja de selección genética en Tierras Altas con los primeros partos
Después de casi un año de obras para su modernización, que ha costado ocho millones, Los Llanos tiene capacidad para 2.800 cerdas madres y prevé una producción cuyos lechones machos irán a cebo normal para consumo

Granja de madres de Copiso.
Tras casi un año de obras de modernización de la granja de Los Llanos para dedicarla a selección genética, esta misma semana empezarán los partos de las cerdas madres. La empresa propietaria de la instalación, la sociedad Ganadera de Tierras Altas (Gatial),formada por La Hoguera y Copiso, ha llevado a cabo una inversión de ocho millones de euros para aprovechar la alta bioseguridad de la comarca soriana por la baja densidad de porcino y al aislamiento del entorno, y sacarle un valor añadido al reforzar la selección genética, tal como ya realiza Copiso en las granjas de Portillo y Cabanillas.
La granja, con capacidad para 2.800 cerdas madres, prevé una producción cuyos lechones machos irán a cebo normal para consumo, mientras que las hembras servirán para reponer madres en otras granjas. «Es un proyecto de valor añadido», según explicó el gerente de Embutidos La Hoguera, Teo Martínez, «un paso más en la producción porcina, gracias a que en Tierras Altas tenemos las condiciones perfectas para las líneas puras».
La iniciativa se lleva a cabo con la casa de genética PIC, que significa Pig Improvement Company (Empresa de Mejora Porcina) con la que Copiso está asociada desde que se embarcó en las otras dos granjas de selección genética que posee en la provincia: una en Portillo y otra en Cabanillas.
Gatial, la sociedad que formaron Copiso y La Hoguera el año pasado al 50% entre ambas partes, ha servido para renovar la granja de madres de Los Llanos en San Pedro Manrique. Una vez finalizadas las obras, en las que invirtió ocho millones de euros, se procedió al llenado de la instalación con las 2.800 madres, que ya la semana que viene empiezan con los partos para luego llevar los lechones a cebaderos de la provincia.
Copiso una treintena de granjas de cerdas madres, bien sea en propiedad o, sobre todo, en integración, que suman unas 50.000 cerdas, y tres de ellas, las de Portillo y Cabanillas además de la de Los Llanos a través de Gatial, son de selección genética e incluso aportan cerdas de líneas puras a toda Europa, conformando una red de mejora genética en Soria.
Desde estas granjas se reparten las cerdas de vida para toda la estructura de Copiso cubriendo sus necesidades, y el resto, para vender a otras instalaciones y a centros de multiplicación genética de Europa.
Lo importante no es sólo el valor genético de estas hembras y su consiguiente repercusión en lo económico, sino también la garantía sanitaria, dado que son animales que resultan negativos a las principales enfermedades porcinas. Vende cerdas con un gran potencial productivo y una muy buena sanidad. Cada animal tiene un valor genético cuantificado, un número, y estos ejemplares están muy por encima de la media porcina nacional. En ese índice quedan reflejados datos productivos y características morfológicas del animal, su descendencia o sus ascendentes.
Y es que la cooperativa soriana cuenta con un programa de producción porcina muy exigente para evaluar la selección genética, la alimentación o el manejo en las granjas. Un programa que está auditado por la reconocida empresa OCA Global, que asegura con su certificado de trazabilidad la correcta gestión de esa producción. Asimismo, cuenta con el certificado Welfair de bienestar animal.
Lo cierto es que Copiso se ha convertido en un modelo y un ejemplo de producción porcina en España y en el mundo, con una de las estructuras más modernas y un firme compromiso con el medio ambiente y el bienestar animal. Así lo avala el prestigio nacional e internacional, la credibilidad y los eficientes resultados de la empresa social soriana. El director general de Copiso, Pascual López recuerda que el sector porcino es un pilar y un motor económico y de empleo en el medio rural y, por tanto, de fijación de población en los pueblos.
De hecho, constata que la provincia tiene una mayor capacidad de desarrollo en el sector, porque la densidad porcina es de 48 cerdos por kilómetro cuadrado, una cifra «baja» que supone un 70,58% de la media española. «Si comparamos este dato con la media de España, que es 68, los 50 de Castilla y León, los 200 de Aragón y Murcia, o los 250 de Cataluña, puede ratificarse que el sector porcino puede crecer mucho más en la provincia. Un potencial al que ayuda la dispersión poblacional, el carácter rural y la vocación cerealista de Soria. En otros países con un porcino fuerte, como Holanda o Dinamarca, la densidad es de unos 300 cerdos por kilómetro cuadrado».
Para Copiso el principal limitante que hay en Soria no es la superficie, sino el capital humano: no hay gente para hacerse cargo de las granjas. «Hay zonas donde no hay casi desarrollo porcino con mucha superficie útil para gestionar los purines como abono para el cereal, del que Soria además es excedentaria, como Castilla y León, la única comunidad del país, mientras que España es deficitaria en un 50%», constata Pascual López.
De hecho, recuerda que la cooperativa ha recogido en 2025 290.000 toneladas de cereal. «El 50% lo utilizaremos para nuestra fábrica y el resto lo venderemos fuera, principalmente a Cataluña y Aragón, donde se concentra la mayor parte del porcino».
Lamenta que se esté estigmatizando el sector con una serie de tópicos y supuestos que no son ciertos y que están fuera de la realidad social, económica y medioambiental. «Ahora las granjas son inversiones muy grandes, con proyectos que se mueven en inversiones de 13 y 14 millones, porque el enfoque que se hace en la explotación porcina es industrial, ya que necesita de plantillas grandes, entre 12 y 14 personas».
Explica que la ganadería intensiva consume menos agua y energía, o que minimiza las emisiones contaminantes. Se han dimensionado las granjas porque la actividad ganadera hay que hacerla rentable, económica y socialmente. Las inversiones en las granjas actuales son millonarias, «precisamente porque queremos unas instalaciones exigentes, seguras y que den soluciones a los retos de necesidad alimentaria o medioambientales. Menos del 10% del nitrógeno que va a la tierra procede de la ganadería, cuando además aportamos abono orgánico», apunta Pascual López.
«Nos estamos encargando del objetivo de alimentar a las personas a precios asequibles, y en esto ha tenido mucho que ver la profesionalización y la llegada de técnicos a la gestión de la ganadería y la agricultura, con metodología científica, reduciendo costes, optimizando la producción y siendo eficientes, con una sensibilidad creciente sobre los problemas y asuntos medioambientales, que va paralela a la sensibilidad y preocupación del conjunto de la sociedad, con unas soluciones que están llegando gracias a la tecnología y a la investigación. Toda esta evolución, todas estas mejoras, han ido directamente al bolsillo de los consumidores, que se han beneficiado, porque de otra manera no podrían adquirir estos alimentos por los elevados precios que tendrían».
También en ese sentido se están valorando mucho las zonas más remotas por el tema de bioseguridad, como ha sido el caso de Tierras Altas y la granja de Los Llanos. «El problema es que estamos bajo mínimos en cuanto a mano de obra».