AGRICULTURA
Burgos lidera un proyecto europeo pionero sobre colmenas pasivas
El pueblo burgalés de Pineda Trasmonte busca mejorar la productividad de la miel

Eduardo Izquierdo es un defensor de la apicultura tradicional.
El pequeño pueblo burgalés de Pineda Trasmonte está a punto de convertirse en un referente de la apicultura europea. Y es que va a protagonizar un proyecto experimental que podría revolucionar el sector apícola. Detrás de esta iniciativa está la universidad de Innsbruck de Austria, la Fundación Oxígeno y Eduardo Izquierdo, un pequeño productor y un fiel defensor de la apicultura tradicional. «Vamos a crear la primera colmena pasiva, una ‘casa’ que mantenga la misma temperatura en invierno y en verano».
El reto es ambicioso. «Es un proceso complejo porque hay que alcanzar un equilibrio entre el aislante que necesita, que es mucho, y la humedad que tiene que seguir traspasando», señala, consciente de que tanto el frío como el calor repercuten de forma negativa en la productividad de las colmenas. «En los picos de temperatura, las abejas sufren y desgastan mucho en comida y tiempo».
Las colmenas pasivas buscan aumentar la productividad y, por tanto, la rentabilidad de los apicultores. A la hora de poner en marcha este prometedor proyecto, los investigadores de la universidad de Austria fueron los que se pusieron en contacto con Eduardo Izquierdo, a través de la Fundación Oxígeno. «Ellos estaban interesados en analizar nuestros dujos, que son los troncos que utilizamos en la apicultura tradicional, y lo han comprobado: los dujos tienen seis veces más aislante que una colmena moderna».
Eduardo Izquierdo lleva veinte años recuperando colmenas tradicionales. En ese tiempo ha consolidado a Pineda Trasmonte como un punto de referencia dentro de la provincia de Burgos, con más de 35 colmenares.
Aquí, como en muchos otros lugares, la apicultura tradicional se perdió en los años 90 por la varroa, un parásito que no hace prisioneros y que infectó todas las colmenas. «En la apicultura tradicional es muy difícil luchar contra la varroa», lamenta.
Pero, ¿qué diferencias hay entre una colmena moderna y una tradicional? Según explica este experto, la primera diferencia está en la productividad. «La tradicional da mucha menos miel. Aquí, por ejemplo, mientras una moderna te puede dar 20 kilos, yo, si recojo 5, me doy por satisfecho». La segunda está en el manejo. «En la moderna el apicultor puede abrirla colmena cualquier día. Nosotros solo cuando llega el momento de la cata; si lo haces antes, matas a las abejas. Además, en la moderna se puede ayudar a las abejas con la cera o con suplementos. En las nuestras, todo lo hace la abeja de forma natural».
En la apicultura tradicional, el dujo juega así un papel determinante. «Es un tronco hueco de sabina, roble y, sobre todo, encina. Aquí utilizamos los mismos que se usaban en 1800», afirma mientras enseña uno de estos troncos, cuyo interior aparece dividido por dos palos que se colocan a la mitad. «Las abejas están abajo y arriba se reserva la despensa», detalla, sin olvidar las maderas con las que luego se cierra la colmena, el barro que se pone para proteger la temperatura y las tejas para evitar que se mojen. «Ellas luego se encargan de impregnar el propolio para cerrar los agujeros».
Eduardo ha convertido la apertura de las colmenas tradicionales en toda una fiesta popular que combina charlas profesionales sobre apicultura y biodiversidad con talleres, degustaciones, catas, paseos y actuaciones de música y teatro. La elección de la fecha no es baladí. «Elegimos el fin de semana que coincide con la apertura de las colmenas y siempre es en invierno porque, con las bajas temperaturas, las abejas entran en modo letargo para dar calor a la reina».
En el caso de que las abejas suban, una vez se abre, el apicultor aplica un poco de humo. «Así bajan y no corren peligro».
Eduardo vive la apicultura como un patrimonio vivo de la España rural. «Mis cuatro abuelos tenían colmenas y mis padres también. La jornada de la miel que organizamos desde hace 18 años, a finales de enero, es lo mismo que yo vivía con 8 años. La única diferencia es que, para mí, es un hobby, pero para mis predecesores era parte de su economía familiar», señala a sabiendas de que en esos tiempos se pagaba más por la cera para velas que por la miel.
En este proyecto, en el que han recuperado 33 colmenares, Eduardo no está solo. «Junto a la Fundación Oxígeno, el pueblo me ha ayudado muchísimo. Hay que tener en cuenta que estaban casi todas hundidas... Hemos tenido que pedir permiso a los dueños para podar y limpiar las zonas porque había árboles dentro de los colmenares. También hemos reconstruido las paredes protectoras de piedra caliza... Ha sido un trabajo intenso y todos se han implicado».
DOS TIPOS
En detalle, hay dos tipos de colmenas tradicionales, horizontales y verticales. «En las visitas guiadas que hago con colegios y grupos, enseño una de cada y sus particularidades, ya que en la vertical, que va en pared, caben más abejas», señala, mientras puntualiza: «estas colmenas están vacías de abejas». «Ahora queremos hacer una ruta señalizada de 8 kilómetros».
Las jornadas de la miel han puesto a este pequeño pueblo en el mapa. «Vienen unas 500 personas y la verdad es que da mucha vida», señala orgulloso con una iniciativa que rompe «ese invierno tan largo que hay en los pueblos de Castilla». «Da gusto ver las chimeneas de las casas encendidas, los niños corriendo por el pueblo y la gente disfrutando de la naturaleza y aprendiendo a respetar a este insecto que es clave para la vida como principal agente polinizador».
En la última edición, el programa contó con expertos de la talla de la directora científica de la Asociación Beelife Coordinación Apícola Europa, Noa Simón. «Europa debería defender mucho más su apicultura, pero casi no hay ayudas. Yo, desde luego, no recibo ninguna y tampoco se hace nada contra toda la miel low cost que llega de fuera, como de China, sin calidad y sin controles de ningún tipo», lamenta Izquierdo.
Este pequeño productor pide, además, medidas para proteger las colmenas estables de las de trashumancia. «No estoy en contra de ellas en absoluto, porque son también muy importantes, pero sí debería controlarse las distancias mínimas para que no entren en competencia con las nuestras porque, al final, son muchas abejas para la misma comida».
Eduardo compagina las colmenas tradicionales con las modernas y tras recoger la cosecha toca hacer balance. «En general, no ha sido un buen año porque hizo mucho calor en agosto, pero no me puedo quejar porque a mí me ha ido bien», subraya, convencido de que parte del éxito ha radicado en no partir la colmena con dos reinas.
Lo cierto es que las colmenas se enfrentan a numerosos riesgos que afectan a su supervivencia, como la varroa, el parásito más temido, y el avispón asiático, que, por suerte, en Castilla y León avanza muy lentamente gracias a las bajas temperaturas invernales. Además, existen otros depredadores como ratones, lagartos y aves insectívoras, como el abejaruco europeo, que en su migración puede pasar varios días sobre una colmena alimentándose de abejas para el viaje. «Hay que estar muy pendiente», aconseja.