Diario de Castilla y León

AGRICULTURA

«La agroecología es la mejor manera de proteger la tierra»

Eva de Arce compagina su actividad agraria con un aula de educación ambiental

Eva de Arce ha convertido una parte de la huerta en un aula de formación ambiental

Eva de Arce ha convertido una parte de la huerta en un aula de formación ambientalECB

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Loreto Velázquez

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La filosofía de Eva de Arce es clara: cuidar el suelo para obtener frutos hoy y en el futuro. «La agroecología es la mejor manera de proteger la tierra», defiende esta bióloga ambiental, con preocupación, porque todos los estudios apuntan a un déficit generalizado de materia orgánica. «España tiene muchas tierras agrícolas por debajo del 2%, que es el mínimo que debería tener. Hay que actuar», apremia.

Ella trabaja codo con codo con su compañero, Víctor Benito, en una explotación agrícola de secano y regadío en la que conviven tres hectáreas de frutales y hortícolas y media hectárea de viñedo. Se completa con la venta de plantas ornamentales, aromáticas y medicinales.

Su proyecto, Gromecon, ha sido galardonado por la Fundación Oxígeno en el último programa de emprendimiento tecnológico rural, La Comarcal Dif Leah. Este premio va acompañado de una mentorizacion para incluir la parte educativa y formativa en su proyecto.

Aunque su principal actividad es la agricultura, la finca pretende ser también un aula de educación ambiental en la que, bajo el nombre Empuje rural, se impartan cursos de formación y educación ambiental. «Ya colaboro con agricultores y otros profesionales del sector de la conservación, pero la idea es crear un espacio para formación y educación ambiental que genere experiencias vivenciales utilizando la agroecología. Espero poder abrir el espacio a colegios, sindicatos y entidades formativas», avanza.

FORMACIONES

A nivel práctico, Eva y su compañero enseñan, adaptándose a cada nivel, cuestiones fundamentales como la gestión del suelo, las podas y las alianzas entre cultivos, que ayudan a mejorar la rentabilidad. «El maíz va bien con la judía verde y la calabaza, es la típica asociación precolombina. Luego hay otros cultivos que no puedes juntar, como la fresa y el repollo, o el puerro y el ajo», recomienda convencida de que la clave está en la biodiversidad.

Uno de los problemas que está generando una «enorme descompensación del suelo» es el uso continuado de productos fitosanitarios. «Para controlar las plagas, lo mejor es una buena gestión que genere un equilibrio de todos los seres vivos», subraya, mientras muestra las especies aromáticas que atraen avispas que potencian la polinización de los frutos. «Con la diversidad y un laboreo mínimo, atraemos también a las mantis religiosas, que son depredadoras», añade.

En detalle, analiza, el Alyssum, «una planta con flores tapizantes preciosas», se puede usar para atraer a moscas con apariencia de avispa. «Sus larvas comen muchos pulgones, al igual que las larvas de mariquita, pero también es muy interesante la colaboración entre ganadería y agricultura. Deberíamos trabajar como cooperativas y la administración debería apoyar a los productores que trabajen de forma respetuosa y coordinada con el medio ambiente».

COOPERATIVAS

En su opinión, el futuro de los pequeños agricultores pasa por la unión. «Hay que generar cooperativas, como en su día se hizo con el vino. Eso ayudaría a acceder a maquinaria, crear sinergias y buscar soluciones conjuntas», señala consciente de que las cooperativas podrían ayudar también a acceder a tierras «porque hay mucha presión con el viñedo y los precios son altos». «También hay que empezar a diferenciar a los verdaderos agricultores de los grandes grupos empresariales, que cada vez están accediendo a más tierras, limitando el acceso a los pequeños proyectos que, como el nuestro, pretenden cuidar de verdad el medio que nos alimenta».

El 2025 no fue un año fácil. «Tuvimos bastante problema con el granizo. Nos cayó primero en septiembre y después, como remate, en octubre y, la verdad, es que nos hizo mucho daño», lamenta, sin olvidar las heladas, que «fueron muy irregulares». «Esperemos que este año sea más tranquilo», termina sin olvidar el gran reto: la falta de relevo generacional. «Hace falta un cambio de paradigma en el sector primario y medidas contra el envejecimiento del medio rural», apremia.

Ellos se encuentran en el municipio burgalés de Quintana del Pidio y trabajan con productos de temporada. En su huerta encontramos casi de todo: tomates, pepinos, pimientos, calabacines, calabazas y, en invierno, escarolas, «que han ido retrasadas por el granizo y el frío», nabos, puerros, cebollas, brócoli y coliflor, entre otros. A la hora de vender, intentan evitar intermediarios. «Recibimos pedidos por WhatsApp, con pedido mínimo de 10 euros, y lo llevamos a casa. También vendemos en el mercado de Los Carros, en Burgos, los sábados por la mañana», anima.

Como la experiencia es un grado, reproducen sus propias semillas de productos que ya han comprobado que funcionan bien y se adaptan. «Para nosotros, los productos más rentables son el tomate y el puerro».

UN AÑO DIFICIL

El 2025 no fue un año fácil. «Tuvimos bastante problema con el granizo. Nos cayó primero en septiembre y después, como remate, en octubre y, la verdad, es que nos hizo mucho daño», lamenta, sin olvidar las heladas, que «fueron muy irregulares». «Esperemos que este año sea más tranquilo», termina sin olvidar el gran reto: la falta de relevo generacional. «Hace falta un cambio de paradigma en el sector primario y medidas contra el envejecimiento del medio rural», apremia.

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