Diario de Castilla y León

HORTICULTURA

Las claves del futuro hortícola en Castilla y León: cooperativas, regadíos y precios en origen

Las organizaciones profesionales agrarias ven en la horticultura una alternativa real al cereal, pero advierten de la presión de los costes, la volatilidad de precios y la competencia de terceros países

Campaña de patata en Burgos

Campaña de patata en BurgosICAL

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Castilla y León se ha convertido en uno de los grandes polos hortícolas de España, un sector que ya no es marginal y que se ha consolidado como una de las grandes apuestas de diversificación del regadío en la Comunidad. El Instituto Tecnológico Agrario de Castilla y León (ITACyL) recuerda que la región cuenta «con casi 14.500 hectáreas y 470.000 toneladas de producción anuales» de hortícolas y que, pese a no estar entre las autonomías con mayor superficie total, es la principal productora de puerro y zanahoria del país, además de concentrar una parte muy relevante de la patata nacional. En paralelo, la Unión de Pequeños Agricultores sitúa el peso del sector todavía más arriba: «En Castilla y León ya son 40.000 hectáreas de cultivos hortícolas con un valor de 350 millones de euros. Esto es el 16% de toda la producción vegetal de Castilla y León», subraya el secretario general de UPA Castilla y León, Aurelio González, quien insiste en que se trata de producciones «asentadas en terrenos de alta calidad» que «están fijando poblaciones en las zonas de regadío».

Ese liderazgo se refleja con especial claridad en algunos cultivos. ITACyL destaca que Castilla y León produce el 47% de la zanahoria nacional, el 37% de la patata y el 52% del puerro, lo que la convierte en referente absoluto en estos tres productos. En el caso concreto de la zanahoria, los anuarios estadísticos del Ministerio de Agricultura recogen que la Comunidad contaba en 2020 con 2.769 hectáreas, todas ellas en regadío al aire libre, con un rendimiento medio de 68.261 kilos por hectárea y una producción de 189.014 toneladas; un año después, en 2021, la superficie ascendía a 2.982 hectáreas y la producción a 207.459 toneladas, y los datos más recientes disponibles, referidos a 2022, sitúan la superficie en 2.683 hectáreas, con 169.954 toneladas y rendimientos superiores a las 63 toneladas por hectárea. El corazón de esa zanahoria late en comarcas como El Carracillo, entre el norte de Segovia y el sureste de Valladolid, pero el cultivo se ha ido extendiendo a nuevas zonas de regadío en provincias como Zamora o Salamanca, de la mano de la modernización de infraestructuras y de la búsqueda de rotaciones más rentables.

La patata representa el otro gran pilar de la horticultura regional. Según un análisis del sector elaborado por FEPEX con datos de la Consejería de Agricultura, Castilla y León ya era en 2015 responsable del 40% de la producción total de patata de España y del 28% de la superficie nacional dedicada a este tubérculo. Esa posición se ha mantenido en el tiempo y hoy sigue reforzada por la evolución reciente de las siembras. Un informe difundido este otoño, a partir de datos de ASAJA, recuerda que en la campaña 2025 se han sembrado «en torno a 19.000 hectáreas» de patata en Castilla y León, frente a las 16.928 hectáreas de 2023 y las 17.290 de 2024, con una producción que ronda las 800.000 toneladas y supone «cerca del 40% de la producción nacional», en un cultivo cuyo coste medio de producción se sitúa en torno a los 10.000 euros por hectárea.

El presidente de ASAJA Castilla y León, Donaciano Dujo, pone el foco precisamente en ese peso de la patata y la cebolla como emblemas hortícolas de la región, aunque alerta de que el potencial no se traduce siempre en rentabilidad: «Castilla y León produce 800.000 toneladas de patatas» y «llevamos varios años con unas 17.000 hectáreas en Castilla y León y unos precios más o menos rentables», explica, pero recuerda que «este año en patatas hemos subido a 19.000 hectáreas y ya hemos tenido un precio muy por debajo de los costes, que hacen otra vez el desánimo en el sector y el retroceso en las siembras». Reconoce que las producciones son «buenas» y la calidad «muy buena» tanto en patata como en cebolla, pero advierte de que «muchos años no hay rentabilidad de dicho cultivo» y que esa volatilidad impide desarrollar «todo el potencial» hortícola de la Comunidad.

La fotografía global que dibujan las organizaciones profesionales agrarias coincide con la del ITACyL: un sector muy concentrado en determinadas comarcas de regadío, de alto valor añadido y con capacidad para sostener tejido económico y social en el medio rural, pero sometido a una fuerte presión por los costes, la volatilidad de precios y la competencia de otros orígenes. «Realmente el sector hortícola es muy importante ya en Castilla y León a nivel económico y sobre todo en zonas de regadío», resume Aurelio González. «Es un sector con futuro y que está demostrando que se puede quedar la gente joven en los pueblos siempre y cuando haya regadío y haya futuro», insiste el dirigente de UPA, que subraya el papel de estos cultivos en la fijación de población: «Los cultivos hortícolas fijan población tanto de agricultores como de servicios que se dan a los agricultores, transportistas, etcétera».

Desde la Unión de Campesinos de Castilla y León (UCCL), su coordinador regional, Jesús Manuel González Palacín, introduce un matiz relevante: la pérdida de peso del pequeño hortelano profesional, pese a la importancia económica del sector. «Ha perdido peso. En los últimos años ha perdido peso. Y sobre todo el número de gente que se dedica a la horticultura de forma profesional», lamenta. «Hace unos 15 o 20 años teníamos muchos más hortelanos que tenían un mercado local y que vivían profesionalmente de cultivar sus verduras», recuerda, aunque destaca que aún «mantenemos un porcentaje bastante digno de hortelanos» que sostienen mercados locales en pueblos y plazas de abastos.

Para González Palacín, la clave de futuro pasa por reforzar precisamente ese vínculo entre horticultura y proximidad: «Tenemos que trabajar sobre todo el tema de diferenciación de nuestros productos y, sobre todo, mimar los mercados locales y los pequeños mercados en los pueblos y en las plazas de abasto y la venta directa», defiende. A su juicio, la horticultura tiene una ventaja diferencial en una comunidad de grandes extensiones cerealistas: «La ventaja de la horticultura es que no se necesita mucha superficie para poder vivir de ello. No tenemos que ir a grandes extensiones como, por ejemplo, el secano o cultivos extensivos».

FACTORES

La fortaleza horticola de la Comunidad descansa en una base productiva muy diversificada. Ya en 2009, la propia Consejería de Agricultura y Ganadería editó un compendio de fichas técnicas bajo el título ‘Cultivos hortícolas en Castilla y León’, en el que se analizaban en detalle cultivos como ajo, col, cebolla, endibia, espárrago, fresa y fresón, guisantes verdes, judías verdes, lechuga, pimiento, puerro, tomate y zanahoria, entre otros. Sobre ese abanico, ITACyL señala que Castilla y León suma «casi 14.500 hectáreas» de hortícolas, con unas «470.000 toneladas de producción anuales», y subraya que, aunque el peso en superficie hortícola total no sea tan elevado como en otras regiones, la Comunidad se ha convertido en la principal productora de zanahoria y puerro del país.

Esa especialización se apoya en factores agronómicos y en la disponibilidad de agua de riego. Lorenzo Rivera, presidente de COAG Castilla y León, recuerda que la Comunidad cuenta con alrededor de «400.000–450.000 hectáreas» de regadío, lo que representa «el 14% del suelo» regional, frente a medias que en otras comunidades como Andalucía «pasan casi al 28 o al 30%». «Tenemos terreno, suelo aparente, tenemos cantidad de agua también suficiente, como no ocurre, por ejemplo, ya al sur, tanto en Almería como en Murcia», señala, insistiendo en que el Duero y sus afluentes permiten «garantizar esas 400.000 hectáreas de regadío» incluso en un contexto de cambio climático.

Sobre esa base, COAG lleva tiempo planteando a la Junta la necesidad de reorientar parte del regadío desde cultivos tradicionales hacia hortícolas de mayor valor. Rivera recuerda que, en una propuesta trasladada al presidente de la Junta, Alfonso Fernández Mañueco, su organización defendía que en las casi 500.000 hectáreas de regadío de Castilla y León se está dedicando hoy una parte limitada a remolacha —«entre 15.000 y 20.000 hectáreas»— y otra franja similar a patata, y reclamaba utilizar el potencial restante para zanahoria, cebolla, ajo, puerro u otras hortalizas. «Crecer en zanahorias, crecer en cebollas, que también ya se están haciendo bastantes contratos, crecer en todas las posibilidades que haya de ajo, puerro… Tenemos un amplio abanico de todas las hortalizas que en esas regiones [del Levante] por motivos de falta de agua vamos a ser los posibles sustituyentes de esta huerta de Levante», resume.

El argumento de Rivera está fuertemente ligado al clima. A su juicio, el avance del cambio climático hacia el norte abre una ventana de oportunidad a Castilla y León, siempre que se aproveche con planificación: «Con el cambio climático los veranos se alargan alrededor de unos casi 30-40 días», explica. «Las heladas son cada vez menos frecuentes» y eso permite plantear «dos producciones en una misma campaña» en algunas zonas de regadío. «Es una oportunidad que no debemos dejar marchar», advierte, frente a la tentación de persistir en cultivos como el maíz, muy consumidores de agua y sometidos a la competencia internacional.

UPA coincide en señalar el regadío como eje central de la horticultura regional. «Los cultivos hortícolas necesitan, sobre todo, estar rentables en regadío», subraya Aurelio González, que ve en la modernización de las infraestructuras una oportunidad para ampliar superficie sin aumentar el consumo de agua. «Siempre hemos dicho a la Consejería de Agricultura que en Castilla y León tenemos mucho potencial si aplicamos las nuevas técnicas de riego por goteo, que podríamos incluso aumentar los regadíos. Se puede aumentar superficie de regadíos utilizando la misma o menos agua todavía», sostiene.

En cuanto a los precios, las cuatro organizaciones agrarias coinciden en denunciar la brecha entre lo que cobra el horticultor y lo que paga el consumidor. UPA recuerda que el sector hortícola ha sido históricamente el espejo donde se han medido esas diferencias: «Llevamos casi 20 años publicando todas las semanas diferencias de precios de lo que pagan los consumidores en los mercados y lo que pagan los agricultores», explica Aurelio González, en colaboración con la Unión de Consumidores de Castilla y León. «Hemos visto diferencias desmedidas, diferencias de 800, 900%, hasta mil y algo por cien de diferencia. Hace 20 años nos llamaba mucho la atención cuando veíamos una diferencia del 300% y ahora vemos como una diferencia del 700% es algo normalizado», denuncia.

Para UPA, el instrumento clave para revertir esa situación es la Ley de la Cadena Alimentaria y, sobre todo, la creación de un observatorio público de costes. «Nosotros lo que decimos es que esta cadena alimentaria tiene que distribuir la riqueza de una forma más eficiente. No puede ser que la mayor parte se lo lleve la agroindustria o, sobre todo, los grandes supermercados, que son los que ponen las leyes y muchas veces hasta los precios», sostiene González. «Tendría que haber un observatorio de costes oficial que valdría para que cualquier contrato no se pusiera por debajo de esos costes», insiste, y señala directamente a la Junta: «Es un trabajo que puede hacer perfectamente la Junta de Castilla y León, con un observatorio de costes oficiales y publicar lo que cuesta cada semana o cada mes producir algo».

ASAJA comparte la preocupación por unos precios que con frecuencia no cubren costes, especialmente en patata y cebolla, mientras que COAG subraya la elevada volatilidad que provocan las buenas o malas cosechas en otros países productores y la irrupción de mercancía de terceros países. «En el caso de la patata vemos que, dependiendo de los años, hay una variación prácticamente de 180 grados», explica Lorenzo Rivera. Cuando Francia o Alemania tienen una buena producción, o llegan a España patatas más baratas desde Marruecos u otros orígenes, «tiran el precio aquí» y dificultan que los agricultores de Castilla y León rentabilicen sus campañas, pese a ser «la mayor producción de patatas de toda España».

En este contexto, la concentración de la oferta y el papel de las cooperativas y organizaciones de productores se revelan decisivos. COAG lo expresa con claridad: «Las OPEs y cooperativas son las que tienen que liderar la comercialización de todos estos productos», afirma Lorenzo Rivera, para quien es «fundamental» contar con un «músculo fuerte» capaz de garantizar «una cantidad diaria o semanal de hortalizas» tanto para exportación como para el consumo interno. «Difícilmente como agricultor individual se puede llegar a ello», resume.

UPA coincide en ese diagnóstico, aunque recuerda que en Castilla y León las organizaciones de productores de frutas y hortalizas están menos desarrolladas que en otras zonas. «Aquí no tenemos muchas organizaciones que funcionen las OPEs», admite Aurelio González, pero subraya que «lo que está funcionando siempre y son necesarias son las cooperativas» y que «todo lo que pueda ser a través de una cooperativa va a redundar en el beneficio de los cooperativistas». Aunque a veces los agricultores no perciban diferencias inmediatas en el precio, señala que las cooperativas «van incrementando su patrimonio, van dando cada vez mejor servicio y eso al final también es de los agricultores».

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