AGRICULTURA
El almendro se abre paso en Castilla y León: una alternativa real para diversificar el campo
El productor palentino Blas Donis, pionero en almendro en seto en la provincia, resume su experiencia con rendimientos crecientes, costo por la mecanización y la necesidad de crear tejido comercial

Almendras siendo procesadas tras la recolección Joaquín Reina - Europa Press
Castilla y León, tierra de cereal y remolacha, empieza a mirar al almendro como una pieza más de su puzle agrario. Hace apenas una década era un cultivo casi anecdótico en la Comunidad, asociado a algunos ejemplares viejos en las linderas y a pequeñas plantaciones testimoniales. Hoy, sin embargo, las estadísticas oficiales y la experiencia de agricultores pioneros como Blas Donis Tarrero, productor de almendro en seto en Palencia, dibujan un escenario muy distinto: una superficie en claro crecimiento, una apuesta por el regadío y los sistemas superintensivos y una oportunidad real de diversificación para unos campos que siguen dependiendo en gran medida del monocultivo cerealista.
El Instituto Tecnológico Agrario de Castilla y León (ITACyL), dependiente de la Consejería de Agricultura, ya situaba en 2018 al almendro como una opción «interesante» y «una alternativa rentable» en la Comunidad. En aquel momento, la superficie cultivada alcanzaba las 2.000 hectáreas, lo que suponía el 0,3 por ciento del total nacional, después de cinco años de crecimiento sostenido a un ritmo de 100 hectáreas anuales. ITACyL subrayaba entonces que este proceso de expansión estaba ligado a «nuevas variedades, nuevos patrones, nuevos diseños de plantación y programas de riego y fertilización mejorados y adaptados al cultivo», y advertía de que la producción presentaba una elevada variabilidad interanual marcada por las heladas tardías, uno de los grandes retos del almendro en climas fríos como los de buena parte de Castilla y León.
Los datos más recientes del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) confirman esa trayectoria ascendente. En 2020, el Anuario de Estadística recogía en Castilla y León 3.120 hectáreas de almendro en plantación regular, de las que 1.755 correspondían a secano y 1.365 a regadío. De esa superficie, 1.426 hectáreas de secano y 415 de regadío estaban en producción, con rendimientos medios muy contrastados: 467 kilos por hectárea en secano frente a 1.636 kilos por hectárea en regadío, y una producción total en la Comunidad de 1.344 toneladas.
Solo un año después, en 2021, la misma fuente cifraba ya la superficie regional en 3.506 hectáreas, con 2.022 hectáreas de secano y 1.484 de regadío, y 1.519 y 461 hectáreas en producción respectivamente. La producción total de almendra en Castilla y León se situó entonces en 1.203 toneladas, con rendimientos medios de 506 kilos por hectárea en secano y 943 en regadío, lo que refleja tanto el peso creciente del cultivo como la fuerte dependencia de las condiciones climáticas de cada campaña.
En 2022, se apuntó a un nuevo aumento de la superficie: el MAPA contabiliza 3.744 hectáreas de almendro en Castilla y León, de las que 2.265 son de secano y 1.479 de regadío. En ese ejercicio, 1.721 hectáreas de secano y 577 de regadío estaban ya en producción. La producción total en la Comunidad ascendió a 817 toneladas, con rendimientos medios de 281 kilos por hectárea en secano y 577 en regadío, y 28.551 árboles diseminados fuera de plantaciones regulares. La superficie crece, pero los rendimientos fluctúan a la baja en un año marcado por condiciones meteorológicas adversas, lo que enlaza con la advertencia que ITACyL realizaba ya en 2018 sobre el impacto de las heladas tardías en este cultivo.
En 2024, último dato disponible, Castilla y León 5.560 hectáreas de este cultivo, una cifra que subraya el potencial de crecimiento de este cultivo, al pasar de las 1.420 hectáreas que había en el año 2015.
Las organizaciones profesionales agrarias constatan el mismo giro. ASAJA Castilla y León, a partir de los datos oficiales y de su propio seguimiento del sector, resume la evolución de forma contundente: «En almendra, se ha pasado de las 1.000 hectáreas de 2015 a las 3.506 de 2022, un ritmo de 300 hectáreas más al año». La organización destaca que «las provincias con más superficie son Soria y Salamanca, aunque está creciendo en otras, como Zamora y Valladolid», y sitúa al almendro entre los cultivos leñosos que permiten diversificar y ganar flexibilidad en un mercado de frutos secos dominado por las importaciones, especialmente las procedentes de California.
UPA Castilla y León pone el foco en la dimensión histórica del fenómeno. «Hablamos de un sector como el de los frutos secos, que era un perfecto desconocido para nuestra región hace 20 años, y que desde entonces hasta ahora ha sufrido una evolución muy considerable», señala la organización agraria, que identifica al almendro como una «oportunidad real y rentable para diversificar» siempre que se aborde con conocimientos técnicos y una mentalidad de largo plazo. UPA subraya que, dada la realidad climática y los recursos hídricos disponibles en la Comunidad, «es muy sensato pensar que se produzca un desarrollo importante de almendros o pistachos en todo el territorio de Castilla y León».
PIONERO EN PALENCIA
En ese contexto de crecimiento aún incipiente se sitúa la experiencia de Blas Donis Tarrero en la zona centro de Palencia. Agricultor de trayectoria larga en una comarca cerealista, relata que empezó a plantearse el cambio «en el 2017 o por ahí», cuando decidió introducir «algún cultivo nuevo» en su explotación y barajó la opción de la almendra y el pistacho. «Al final me decidí por la almendra por dos cuestiones importantes. Primero, porque en mi pueblo hay almendros, aunque sean almendros viejos, y había mucho viñedo antiguamente. Y segundo, porque yo ya tengo una edad importante y dije que si tengo que esperar muchos años a la primera producción me voy a hacer muy mayor y me dicen que en tres años puedo empezar a sacar producción», explica.
Su apuesta se concretó en 2019. «En el 2019 lo que hice fue plantar. Planté en el 2019 y fue en 2022 cuando recolecté. Y tengo cinco hectáreas de almendra en superintensivo, unas 9.000 plantas o así, 9.000 árboles», detalla. La referencia al «superintensivo» no es casual. Igual que en el olivar o en algunos viñedos, buena parte de las nuevas plantaciones de almendro en Castilla y León se están realizando en alta o muy alta densidad, orientadas a la mecanización integral de la poda y la recolección y a reducir las necesidades de mano de obra en un medio rural donde cada vez es más difícil encontrar trabajadores para las campañas.
La elección de la variedad y el diseño de la plantación fueron, para este productor palentino, decisiones clave marcadas por el clima de la meseta norte. «Es muy importante tener en cuenta y hacer un estudio antes de plantar un árbol, sea el que sea, la climatología que tenemos en Castilla y León, pero sobre todo en Palencia, que es donde yo decidí plantar y tenemos ya una altitud muy importante. Aquí es importante el riesgo de heladas. Yo tengo la variedad Penta y sobre todo es una variedad que florece muy tardío. Entonces hay que tener la posibilidad de eliminar o de correr el menos riesgo de heladas», argumenta, antes de matizar que, incluso con floración extratardía, su plantación está «a 800 metros de altitud» y que «aún puede haber algo de riesgo de alguna helada tardía».
Su experiencia confirma el diagnóstico que hace ITACyL cuando señala que las heladas tardías son el factor que más condiciona la producción de almendra en la Comunidad. «Hasta la adaptación al frío el almendro no tiene ningún problema. El árbol se desarrolla con normalidad. El único problema, el único riesgo, son las heladas en floración. Las heladas en floración es el estudio serio que hay que hacer», insiste Donis. Asegura que, fuera de esos diez o quince días críticos, «pueden caer siete, ocho, diez bajo cero y en esta época el árbol no le afecta para nada», mientras que le preocupan más «las lluvias de primavera en cuanto a temas de alguna enfermedad de hongos si no hay buena ventilación».
El sistema superintensivo y el injerto de almendro sobre patrón de ciruelo forman parte de ese diseño pensado para las condiciones agronómicas de Palencia. «Tenemos que tener en cuenta que al ser un árbol especial que después le hacemos seto, que no le dejamos crecer mucho y tiene pocas raíces, hay que ver el patrón donde hacemos el injerto después de lo que es el almendro. Yo lo tengo injertado sobre ciruelo. La raíz real es ciruelo y después hay un injerto de almendro sobre ello», explica, antes de remarcar que en regadío no tiene «ningún problema en las épocas de verano» para afrontar los calores de la meseta.
Más allá de la teoría, la historia de esta explotación muestra la curva de entrada en producción de una plantación moderna en la Comunidad. Donis recuerda que, tras plantar en julio de 2019, dedicó 2020 y 2021 a «hacer formación de árbol» porque «un árbol tiene que crecer, tiene que desarrollarse» y no es «una planta que la plantas ahora y la cosechas en verano». «En el 22 saqué la primera cosecha. En esa primera cosecha, el árbol no estaba desarrollado al cien por cien, porque esto va creciendo cada año, y ese año saqué 400 kilos de lo que es pepita», relata. A partir de ahí, la evolución ha estado marcada otra vez por el clima. «En el 23 también saqué cosecha. El 23 nos fuimos a 800 kilos de pepita por hectárea. El 24 llegó una helada tardía y me lo heló», explica, enlazando la bonanza de febrero y marzo, con temperaturas casi veraniegas, con la helada de abril que arrasó la floración. «El 25 es la de este año, que hemos sacado una producción de 1.100 kilos de pepita», resume, convencido de que la producción «normal» de la plantación, una vez alcance la plena madurez, «tiene que ser más alta que esta».
El corazón de la rentabilidad, admite, está en el equilibrio entre esas producciones y los costes. En su caso, el almendro ha sido la vía para mecanizar casi todas las operaciones. «Para mí no fue ningún problema hacer ese tipo de cultivo, porque yo soy agricultor y parte de la maquinaria que tenía la he adaptado con poca inversión al cultivo del almendro. De hecho, yo prácticamente en inversión solo he hecho una podadora que no tenía», detalla. «Precisamente porque eso me da una opción de mecanizar tu cultivo. Yo prácticamente hago muy poca labor a mano, alguna poda muy puntual, muy concreta. Tenemos en mi zona un problema de mano de obra, no hay gente para poder hacer esas podas manuales y entonces yo lo tengo mecanizado», añade.
La cara menos vistosa de la cuenta de resultados está en la inversión inicial y en los costes anuales de mantenimiento. «Aquí el coste más importante es la inversión, la inversión de plantación», afirma. «Yo tuve unos costes de inversión en la plantación sobre 9.000 euros, poniendo ya todo, la planta, el que me lo planta, el riego por goteo, etcétera. Esa es la más, unos 9.000 euros por hectárea. Es verdad que en este momento me hablan de que eso está sobre 11.000, 12.000 euros por hectárea. Esa es la gran inversión que hay que hacer», detalla.
El mercado, sin embargo, introduce nuevas incertidumbres. «El precio de la almendra este año estaba en las lonjas sobre 5,10, 5,20 euros el kilo de pepita, pero aquí tenemos un problema, y es que no tenemos comercializadores de almendra en Castilla y León, y yo diría que casi ni en la zona centro de España», lamenta Donis. «Los tres años lo he vendido a un comercial de Toledo. Tenemos una penalización por transporte de la almendra. En la almendra hay que transportarla hasta Toledo o hasta donde sea y perdemos en eso un porcentaje. Y este año hemos cerrado el precio a 5 euros el kilo», resume.
Su diagnóstico entronca con las reivindicaciones que UPA, ASAJA y otras organizaciones plantean desde hace años en los foros agrarios: no basta con plantar almendros, hace falta tejer alrededor una red de servicios, cooperativas, centros de compra y transformación que permitan captar valor añadido en origen. El propio Donis lo formula con claridad cuando enumera los deberes pendientes de la Comunidad. «Falta un sistema de organizarnos para gestionar la venta de nuestro producto, incluso se podría transformar una parte del producto dentro de la región, muchísimo más importante, porque al final la comercialización es donde está también ese plus de beneficio. Si nuestro cultivo se tiene que trasladar 600 kilómetros, al final es una penalización que tenemos», subraya.
En el plano sanitario, la radiografía es, por el momento, relativamente benigna. «No habíamos tenido un problema de hongos estos años atrás, nunca, porque aquí normalmente la primavera no es lluviosa, y entonces el árbol, con cualquier producto, le haces un tratamiento fitosanitario y se acabó», explica el agricultor palentino. «Casi todos los años hay que hacer un tratamiento para el pulgón, pero son tratamientos muy asumibles, donde hoy los agricultores ya los estamos haciendo en casi todos los cultivos, hasta en los cereales», añade. Solo en la última campaña, con muchos días de humedad, ha tenido que realizar «tres tratamientos fitosanitarios», algo que califica de «excepción» y que, en todo caso, considera manejable.