VITICULTURA
Menos fertilizantes y ayuda para combatir la sequía en los viñedos gracias a la IA
Marta Rodríguez, investigadora en la USC, cree que la tecnología es «clave» para preservar la «calidad histórica» de la Ribera del Duero

María Rodríguez desvela las ventajas de aplicar la inteligencia artificial en los viñedos.
La inteligencia artificial llega al viñedo. La investigadora en la Universidad de Santiago de Compostela (USC), Marta Rodríguez, lo tiene claro: «En zonas tan consolidadas como la Ribera del Duero, esta tecnología puede suponer la clave para conservar la calidad histórica de los vinos mientras se modernizan los procesos de cultivo».
En su opinión, «la IA es una oportunidad estratégica para preservar lo mejor del saber tradicional y adaptarlo a los desafíos actuales». Eso sí, «no pretende sustituir el conocimiento empírico del viticultor, sino complementarlo», anima, convencida de que es un gran aliado para los que busquen una viticultura de precisión, «más eficiente y resiliente ante los retos actuales, como el cambio climático o la escasez de agua».
Datos, sensores y algoritmos
La base del uso de inteligencia artificial en el viñedo está en los datos. «Necesitamos información precisa y en tiempo real sobre el cultivo, el clima y el suelo», señala con la mirada puesta en sensores de humedad, estaciones meteorológicas, imágenes de drones y satélites, cámaras multiespectrales y sensores foliares que permiten al algoritmo «interpretar lo que ocurre en la viña, detectar posibles problemas y proponer decisiones optimizadas para cada parcela».
En regiones como Ribera del Duero, esta información resulta «especialmente útil», dada la heterogeneidad de suelos, altitudes y microclimas. «La IA permite zonificar el viñedo, segmentarlo en áreas homogéneas y adaptar el manejo a las particularidades de cada rincón», subraya plenamente consciente de que esta información es clave a la hora de ajustar el riego, elegir los clones más adecuados a cada tipo de terreno o, incluso, decidir el momento óptimo de vendimia.
Prever enfermedades
También ayuda en la lucha contra las enfermedades. Según detalla, al igual que hay herramientas que estiman las necesidades hídricas de la vid y optimizan el riego, evitando tanto el estrés hídrico como el derroche de agua, en sanidad vegetal hay algoritmos entrenados con imágenes que permiten detectar de forma temprana enfermedades como el mildiu o el oídio, una de las grandes amenazas en estos momentos en la Ribera del Duero.
En cuanto a la vendimia, la IA puede predecir el momento óptimo de cosecha en función del clima, la madurez de la uva o el historial productivo de cada parcela. «La IA permite intervenir solo cuando es necesario, reduciendo el uso de fitosanitarios o fertilizantes y ajustando el riego o el abonado a la realidad de cada planta, y eso redunda en sostenibilidad ambiental y también en una mayor eficiencia económica», indica.
Para pequeñas bodegas
Aunque los primeros avances comenzaron en grandes explotaciones agrícolas, las herramientas de inteligencia artificial «cada vez son más accesibles, gracias a la bajada de costes, la escalabilidad de los servicios en la nube y el desarrollo de plataformas intuitivas». «No hay que saber de tecnología para empezar. Muchos pueden dar el primer paso con sensores básicos o estaciones meteorológicas, que ya permiten optimizar decisiones cotidianas».
Rodríguez insiste en que «el asesoramiento técnico del futuro pasará por plataformas digitales inteligentes, pero siempre combinadas con el conocimiento profundo del viticultor». A su juicio, la IA puede ver lo invisible al ojo humano, prever riesgos o calcular con precisión, pero es el viticultor quien entiende la historia de cada parcela. «La tecnología debe ser una aliada, no un sustituto».
Esta filosofía también se extiende a la propia bodega, donde el uso de IA en procesos de fermentación o análisis sensorial es una realidad cada vez más próxima. «Ya se están desarrollando modelos capaces de correlacionar datos enológicos con perfiles aromáticos, lo que abre la puerta a una vinificación más controlada y de mayor calidad».
Nadie lo pone en duda, el cambio climático es uno de los grandes desafíos. Sus estragos ya se están viendo con un aumento de temperaturas, estrés hídrico y nuevas enfermedades. «La IA ofrece herramientas para anticipar olas de calor, prever heladas, adaptar el calendario de labores o redefinir prácticas como la gestión del dosel vegetal o el uso de cubiertas», asegura.
Ozono como antiséptico
Entre los proyectos más innovadores en los que participa Rodríguez se encuentra el uso de ozono en variedades de Ribeira Sacra, en colaboración con la bodega Ponte da Boga y el Instituto de Ciencias de la Vid y el Vino. «El ozono actúa como antiséptico, y hemos observado que, además de reducir enfermedades, mejora la concentración de terrenos, lo que puede enriquecer el perfil aromático de los vinos», adelanta, convencida de que este tipo de tratamientos, combinados con herramientas digitales que optimicen su uso, podrían aplicarse también en Ribera del Duero, mejorando la calidad sin recurrir a productos químicos agresivos.
La inteligencia artificial, concluye, no es una amenaza para la viticultura tradicional, sino «una oportunidad para reforzarla, hacerla más sostenible y asegurar su continuidad en un entorno cambiante». Por eso, envía un mensaje a aquellos que aún ven esta revolución como algo lejano: «No se trata de cambiarlo todo de golpe. Se trata de empezar y de no quedarse atrás», anima la experta.