Diario de Castilla y León

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El sector de los fertilizantes llama a la calma ante los aranceles a Rusia

Las Opas alertan de una subida de precio del 45% pero Anffe asegura que hay alternativas al mercado ruso

Castilla y León es la mayor consumidora de España con más de 300.000 toneladas

Un agricultor aplica fertilizante líquido a un campo de cultivo.

Un agricultor aplica fertilizante líquido a un campo de cultivo.PXB / CCO

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Valladolid

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Las Organizaciones Profesionales Agrarias (Opas) dieron la voz de alarma a principios de febrero: la imposición de aranceles a los fertilizantes de Rusia y Bielorrusia por parte de la Unión Europea podría suponer un incremento de hasta un 45% en el precio de este insumo imprescindible en la agricultura, con lo cual serían los agricultores los que pagarían el pato, otra vez, de las decisiones tomadas por terceros en la política internacional.

Coag estimaba el posible sobrecoste para Castilla y León en unos 20 millones de euros, mientras Asaja subía esa cantidad hasta los 50. El temor es que a partir del 1 de julio de este mismo año suba el precio de los fertilizantes entre 40 y 45 euros tonelada, para llegar a partir del 1 de julio de 2028 a subir hasta un precio de más de 700 euros por tonelada. Esa previsión de encarecimiento de 40 a 45 euros por tonelada no solo la hacen las Opas españolas, sino el organismo comunitario que agrupa a todas las organizaciones representantes de los agricultores y sus cooperativas, el Copa-Cogeca.

En este escenario, la Asociación Nacional de Fabricantes de Fertilizantes (Anffe) salió el pasado miércoles a la palestra para dar tranquilidad al sector, puesto que aseguró que España cuenta con otros mercados distintos a Rusia y Bielorrusia que podrán abastecer al sector primario.

Desde Anffe explicaron que la UE pretende con la imposición de aranceles «reducir la creciente dependencia de Rusia e impulsar la producción europea de fertilizantes para lograr un suministro estable y garantizado de productos de calidad». El objetivo de las medidas sería, según los productores, reforzar la autonomía estratégica de Europa en fertilizantes y alimentos; eliminar la capacidad de Rusia para manipular los precios en el mercado europeo; reducir los recursos financieros de Rusia, limitando su capacidad de sostener la guerra en Ucrania y asegurar que los fertilizantes importados cumplan con los altos estándares europeos, promoviendo prácticas más sostenibles y reduciendo el impacto ambiental.

Marginal

«Se espera que la introducción de los aranceles tenga un impacto marginal en los precios y nulo en la disponibilidad de fertilizantes, ya que existe un volumen suficiente de fertilizantes en otras regiones, que podrían sustituir las importaciones rusas y garantizar el suministro en Europa», aseguran desde Anffe. «Además, se espera que los productores europeos aumenten la oferta reanudando su producción actualmente inactiva, que ronda el 30%».

Y es que, apuntan los productores de fertilizantes, «en estos años se están incrementando de forma alarmante en la UE las importaciones de fertilizantes rusos, habiendo crecido en España un 75% en 2024 respecto al año anterior. Estas importaciones se han realizado a precios claramente inferiores a los del mercado y muy por debajo de los costes de producción europeos, beneficiándose de un gas subvencionado y de estándares ambientales muchísimo más permisivos».

Anffe asegura, que esta «agresiva estrategia» está amenazando la viabilidad y la futura supervivencia de los productores europeos de fertilizantes, «poniendo en peligro la sostenibilidad de las cadenas de suministro agrícola y generando una dependencia estructural a largo plazo, que compromete la autonomía estratégica y la seguridad alimentaria europea».

Por todo ello, la Asociación Nacional de Fabricantes de Fertilizantes desvela un punto de vista radicalmente distinto al de los agricultores, y considera que las medidas arancelarias propuestas por la Comisión Europea «son muy necesarias y urgentes, ya que una demora en su aplicación pondría en riesgo de manera irreversible a la industria de fertilizantes, provocando el cierre de varias plantas productivas en la UE, con la consiguiente pérdida de numerosos empleos, directos e indirectos. Además, dadas las circunstancias del panorama actual, no solo es ineludible priorizar su entrada en vigor, sino un enfoque aún más ambicioso», concluye la entidad.

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