VILLAFÁFILA (ZAMORA)
Un paraíso en la estepa castellana
La Reserva Natural alcanza su momento álgido tras las lluvias: aves, espejos de agua y un paisaje infinito invitan a la calma

Lagunas de Villafáfila.
si algo bueno han traído las intensas precipitaciones que estamos sufriendo es el esplendor que han recuperado los humedales, como el entorno de las Lagunas de Villafáfila. Se trata de un ecosistema de carácter estacional, cuya agua depende principalmente de la lluvia acumulada en la cuenca, con aportaciones subterráneas salobres. Este inmenso oasis ubicado en mitad de la llanura de Tierra de Campos ocupa una extensión de 32.700 hectáreas; es decir, es el mayor humedal de Castilla y León. La importancia de su riqueza natural, de flora y fauna que atesora, está reconocida a nivel internacional. De hecho, está incluida como una de las zonas dentro del Convenio Mundial Relativo a Humedales de Importancia Internacional (Convenio de RAMSAR). De hecho, el Censo Internacional de Aves Acuáticas (IWC) realizado en 2025 otorgó a este entorno el liderazgo en el censo de aves acuáticas invernantes, 11.210 ejemplares.
Aunque el lugar es famoso por concentrar la mayor población de avutardas del mundo, en invierno se suman también otras especies, siendo hospedaje para grullas (Grus grus) y ánsares comunes (Anser anser), chorlitos dorados europeos (Pluvialis apricaria), avefrías (Vanellus vanellus),entre otros. También se pueden ver estos días grandes cantidades de ánade azulón, pato cuchara, cerceta común, ánade silbón y friso, focha o tarro blanco. Y en menor número gaviota reidora y sombría, avoceta, correlimos común o combatiente entre otras. Así hasta 30 especies diferentes, la mayoría de las cuales permanecerán en la Reserva durante todo el invierno. Como especies curiosas que se han avistado anteriormente en la Reserva merece la pena recordar la presencia de un ejemplar de Barnacla carinegra (Branta bernicla) o el grupo de flamencos (Phoenicopterus ruber) que hace un año sorprendieron a todos, un hecho que solo aparece en la Reserva de manera ocasional y que pudieron observar los visitantes del entorno.
Estamos ante uno de los mejores momentos para acercarnos a visitar este enclave zamorano entre los ríos Esla y Valderaduey que abarca once municipios. Una visita didáctica en la que contemplaremos la mayor concentración de grullas y ánsares. También en primavera (abril-mayo) podemos aprovechar a observar el cortejo de la avutarda y otras aves migratorias como el cernícalo primilla. Para los que se inicien en el birdwatching sepan que las horas ideales son el amanecer y el atardecer. Ármense de paciencia, sean sigilosos y disfruten de la experiencia de observar el comportamiento de las aves en estos entornos de gran belleza. Una recomendación, no olvide llevar prismáticos, ropa cómoda y abrigada y calzado cómodo.
Hay dos posibilidades de itinerarios ( de 34 km y de 15 km) siendo recomendable hacer el recorrido más amplio en bicicleta o en coche. La Reserva cuenta con tres observatorios principales dispuestos a lo largo de todo el recorrido y desde donde poder observar con facilidad esta abundancia y diversidad de fauna. Uno de ellos se encuentra en Villarrín de Campos, el otro en Revellinos de Campos y el tercero el Otero de Sariegos (Villafáfila). Todos ellos permiten observar a las aves en espacios abiertos. En nuestra visita es parada obligada la casa del Parque, ubicada en la carretera que une Villafáfila con Tapioles. El edificio, que reproduce la arquitectura típica de los palomares, ofrece observación de aves, exposiciones sobre el entorno, talleres ambientales y sendas señalizadas con observatorios. Está abierta principalmente durante los fines de semana y festivos, incluye un centro de interpretación con cámaras en vivo y un área de descanso.
Dicen que el turnismo ornitológico está en boga. Y no solo por la posibilidad de hacer turismo de naturaleza en familia. Entre sus beneficios, reduce el estrés, mejora la salud mental y fomenta la conservación ambiental.