Diario de Castilla y León

Arte, gastronomía y vino en Valladolid

La alta cocina dialoga con el arte en Trigo, el histórico restaurante vallisoletano con estrella Michelin en su nuevo espacio junto al Museo Patio Herreriano

El chef del Restaurante Trigo, Víctor Martín, junto a su pareja y sumiller, Noemí Martínez

El chef del Restaurante Trigo, Víctor Martín, junto a su pareja y sumiller, Noemí MartínezPHOTOGENIC

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Ha cumplido 18 años en la ciudad del Pisuerga. Trigo alcanzó en 2025 su mayoría de edad con la sensación de haber alcanzado los sueños con los que fue concebido; un aniversario que coincidió con el cambio a una nueva ubicación que ha aportado nuevos aires al local, aunque manteniendo la esencia del estrella Michelin. El pasado mes de noviembre abrió sus puertas el restaurante en el Museo de Arte Contemporáneo Patio Herreriano, uno de los espacios culturales más emblemáticos de la ciudad. Y aunque cerrar etapas siempre trajo un toque de nostalgia lo cierto es que la mudanza a la nueva dirección ha aportado luz y amplitud con respecto a su mítico emplazamiento de la calle los Tintes. «Ganamos en ubicación, funcionalidad y espacio», subraya Víctor Martín, la mitad del proyecto junto a la sumiller Noemí Martínez, su pareja. Les visitamos en medio de una mañana intensa de preparativos. El equipo, formado por diez personas entre cocina y sala, ha notado mayor comodidad en la zona de trabajo. No es un enclave cualquiera: el museo, ubicado en uno de los claustros del Monasterio de San Benito, es un lugar de trasiego de visitantes. Trigo se integra así en este espacio vivo donde juega con la arquitectura del museo. El interiorismo, obra de Fernando Fuentes, ofrece un espacio diáfano, limpio, sin estridencias. Un lugar abierto a saborear las propuestas gastronómicas que salgan de los fogones. No faltarán platos tan emblemáticos del Trigo como los pichones de Tierra de Campos o el arroz ibérico al socarrat, dos de los clásicos que les ha catapultado a la fama.

En la decoración podemos observar que mantenido detalles del antiguo local como el número 8 de la calle de los Tintes, y hasta las ruedas de arado que hacían de pomos de puerta de la entrada del antiguo establecimiento. Los recuerdos también están presentes en el cuadro de los huevos fritos que antaño les ha servido de escenario para fotos en ocasiones especiales ¡hasta las cortinas van a reutilizararse como memoria a sus orígenes!.

La nueva sala ha ganado en metros aunque mantiene la capacidad (en torno a 30 comensales). «Queremos mantener la calidad en cada servicio», afirman con rotundidad. Unas mesas sin vestir con sillas rojas reciben al comensal. «Hemos prescindido de ellos, queremos ofrecer una imagen fresca y desenfadada», señala la pareja. La sostenibilidad está detrás de esta decisión a la que se sumará una forma de presentación distinta, que incluye vajillas de alfarería, elementos de madera y menaje y mobiliario con guiños novedosos.

El nuevo Trigo se sustenta en varias patas. La carta mantiene la línea que ha definido a Trigo desde sus inicios: respeto absoluto al producto, guiños a la tradición castellana y una ejecución técnica precisa, sin estridencias. Cuentan con tres menús degustación, desde los 58 a los 105 euros. «Queremos llegar a aquellas personas que consideraban que los precios eran excesivamente altos», explica. Otro aspecto destacado es la coctelería; un capitulo al que pretenden dedicarle tiempo y espacio en la barra que recibe al visitante. «Queremos hacer algo que no es tan habitual en Valladolid. Se trata de una barra que complementa la experiencia al visitante donde Jacobo Varela nos sorprende con sus destilados y propuestas de coctelería. Es donde vamos a jugar un poco más». Junto a ello destacan su apuesta por dar protagonismo a la terraza, un nuevo espacio que espera abrir con la llegada del buen tiempo, entre abril o mayo, y donde se podrá comer a la carta.

Vino, piedra angular

La piedra angular sobre la que pilota el proyecto es el vino. «Queremos que sea protagonista y en torno a él se harán todo tipo de actividades y sinergias. Vamos a organizar propuestas gastronómicas abiertas al arte, eventos con el museo, con la gastronomía, atrayendo a gente de otras nacionalidades o regiones que nos puedan brindar su propuesta y conjugarse con la nuestra que creemos que eso enriquece», sostienen. Noemí, una de las sumilleres más reputadas del panorama nacional, atesora una cava de más de 300 referencias, desde vinos de autor y otros grandes clásicos. Lleva toda la vida escogiendo con precisión, mimo y cuidado la parte líquida que acompañará la experiencia. Trigo escribe una nueva página de su historia de más de dos décadas en la capital vallisoletana.

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