PREMIOS LA POSADA 2025 | PREMIO A TODA UNA VIDA
Jesús Yllera: "Cuando uno se dedica a lo que le apasiona, el tiempo vuela con gusto"
El bodeguero asegura que este premio le hace "muchísima ilusión", aunque también le recuerda que "la vida ha pasado muy deprisa"

Jesús Yllera, alma mater del grupo Yllera, durante su discurso en los Premios La Posada
Jesús Yllera, premio de La Posada ‘A toda una vida’, aseguró ayer que «cuando uno se dedica a lo que más le apasiona, el tiempo vuela, pero vuela con gusto». Con estas palabras arrancó su intervención el histórico bodeguero durante la decimotercera edición de los premios La Posada organizados por EL MUNDO DE CASTILLA Y LEÓN. Ante un auditorio repleto de autoridades, compañeros del sector y amigos, el alma mater del Grupo Yllera se subió al escenario para recoger el galardón que celebra no solo un éxito empresarial, sino también una existencia dedicada a la viña.
«A mis 87 años, recibir el premio ‘A toda una vida’ es algo que me hace muchísima ilusión, aunque también me recuerda que la vida ha pasado muy deprisa», confesó con la voz templada. Lejos de la nostalgia amarga, su discurso se tornó en una celebración del oficio. Para el fundador del Grupo Yllera, el secreto reside en la vocación: «En mi caso, esa pasión ha sido el maravilloso mundo del vino y el intento constante de hacer más felices a nuestros clientes y amigos».
El protagonista de la noche quiso compartir el protagonismo con el resto de premiados, a quienes definió como «el verdadero corazón de las empresas agroalimentarias y de turismo de Castilla y León». Un elogio que, viniendo de alguien en una tierra «de tan buen corazón», como él mismo subrayó, cobra un valor especial.
También hubo espacio para el reconocimiento institucional, saludando al presidente de la Junta, Alfonso Fernández Mañueco, consejeros y alcaldes presentes, pero el tono se volvió íntimo al dirigirse a su casa. «A todos los miembros de nuestro equipo, que formamos ya una verdadera familia: gracias por vuestra dedicación, esfuerzo y compromiso; sin vosotros no habría historia que contar», afirmó antes de extender el reconocimiento a cada trabajador de la bodega.
La memoria de los ausentes ocupó un lugar central en sus palabras. Yllera recordó a quienes dejaron su huella en cada paso del camino y ya no están, con una mención especial que arrancó el aplauso cómplice de los presentes: su recuerdo a Ramón Martínez. «Amigo, socio y compañero de viaje desde hace muchos años. Hemos pasado muchas alegrías y muchas dificultades, pero podemos presumir de que hemos bebido juntos varias botellas de vino. Este premio también es tuyo, Ramón».
El relato del galardonado es el de una generación que transformó el campo castellano y leonés. Su vida en el vino comenzó hace décadas, rodeado de su familia, viticultores y bodegueros de raza. «Nunca imaginé entonces que este viaje sería tan apasionante, tan cargado de amigos y de gratas experiencias», reconoció. Esa satisfacción vital es la que le hace pedir «unas añadas más» para seguir disfrutando de lo construido. Una frase que despertó la carcajada de los presentes.
El relevo generacional, uno de los grandes retos de la empresa familiar, parece resuelto en la casa Yllera. En esta línea, agradeció a sus hijos, Marcos y Carlos, la «valentía» al tomar las riendas de la empresa. Para sus nietos, la mirada al futuro llegó acompañada de un consejo de vida por encima del empresarial: «Si un día quieren seguir estos pasos, que sean sobre todo buenas personas. Todo lo demás se aprende».
El cierre de su intervención tuvo dos destinatarios claros: el consumidor y su compañera de vida. A los clientes repartidos por medio mundo les agradeció cada botella descorchada, deseando que vinos como Vivaltus, el 5.5 o el nuevo Picapinos les brinden felicidad real. Y para el final, reservó el tributo a su esposa, Pilar: «Gracias por tu amor y paciencia. Este premio es más suyo que mío; yo solo he puesto el vino, ella ha puesto el amor y el equilibrio de mi vida».