Diario de Castilla y León

La pirámide que abraza el Porma

Un recorrido por la magia de los hayedos de la Cantábrica, hasta la cumbre que domina el embalse del Porma

Alcanzando la cumbre del Susarón

Alcanzando la cumbre del SusarónNS.

Publicado por
Nacho Sáez
Valladolid

Creado:

Actualizado:

Hay montañas que se alzan sobre el horizonte y nos cautivan desde la distancia. Es el caso del Pico Susarón: su silueta casi piramidal, emergiendo imponente sobre las aguas del Embalse del Porma, le confieren una personalidad única haciendo que sea una de las cimas más atractivas y codiciadas de la Cordillera Cantábrica leonesa.

Nuestra aventura arranca en Puebla de Lillo, puerta de acceso a este sector de la montaña leonesa. Una vez en el pueblo, a la altura de la plaza mayor, abandonaremos la carretera principal girando a la izquierda. Siguiendo la calle del Valle, tras unos pocos metros, alcanzaremos la zona recreativa del Celorno. Aquí, bajo la sombra de los árboles encontraremos el lugar perfecto para aparcar nuestro vehículo y rellenar nuestras cantimploras en la fuente del Obispo.

Con la mochila a la espalda nos ponemos en marcha, con la mirada ya fija en nuestro imponente objetivo: el Pico Susarón, perfectamente visible desde el mismo pueblo. Comenzamos a caminar rumbo suroeste junto a las aguas del río Celorno. Será por poco tiempo, pues a unos cien metros abandonamos la pista que continua por esta margen del rio, para cruzar el puente. Continuamos por el nuevo camino durante algo más de un kilómetro, hasta llegar a la altura de La Tejera. Aquí dejamos la comodidad de la pista y giramos hacia el sur, buscando un punto para atravesar el arroyo de La Patina, unos metros más abajo. Desde aquí empezamos a subir por un cómodo sendero desde el que pronto veremos la caseta metálica de La Tejera. No será necesario llegar a ella, pues nosotros vamos en busca de la Valleja del Piñuelo. Poco a poco, el verdor y el frescor de las hayas nos irán envolviendo, guiándonos por un precioso tramo donde la luz se filtra entre las hojas, creando un ambiente mágico y envolvente.

El terreno finalmente se abre, para darnos la bienvenida a los pastizales de El Pradico. Un poco más adelante veremos un abrevadero, pero no será necesario llegar hasta él, puesto que nosotros vamos a girar hacia la izquierda para acometer la arista occidental de la montaña, que nos promete unas vistas sencillamente espectaculares.

El itinerario no entraña especial complejidad técnica, y consistirá simplemente en seguir los hitos que, jalonan la ruta. Aunque la traza en algunos puntos puede difuminarse un poco, la senda nos va guiando de forma intuitiva hasta la misma arista y luego continúa progresando por ella hasta la parte más alta. En este tramo final, gana un atractivo especial, tanto por las vistas que se abren a cada paso, como por el ambiente alpino que nos empieza a envolver. El terreno se vuelve progresivamente más rocoso, pero, para nuestra sorpresa y alivio, resulta ser más fácil de lo que parecía desde abajo, permitiéndonos disfrutar plenamente del ascenso.

Avanzaremos hacia un último hombro, que marca los últimos metros de esta cresta. Ya desde aquí, el espectáculo está garantizado: las aguas del Embalse del Porma se extienden a nuestros pies, cientos de metros más abajo, brillando bajo el sol. Estamos en la cumbre del Susarón (1878 metros). El esfuerzo ha valido la pena y la recompensa es inconmensurable. Además de las fantásticas panorámicas hacia Cofiñal, Redipollos, podremos jugar a identificar los imponentes Montes de San Isidro (Requejines, Redondo, Agujas o Toneo), la silueta característica de Peña el Viento en Redes, y por supuesto, las moles calizas de los Picos de Europa (con la majestuosa Peña Santa y La Bermeja destacando), precedidas por las hermosas peñas Ten y Pileñes. Hacia el norte, más próximas, las cumbres del Macizo de Mampodre. Y hacia el este, los Montes de Riaño y Fuentes Carrionas, con el emblemático Espigüete marcando su impronta inconfundible en el horizonte.

Después de ese bocadillo en la cumbre que sabe a gloria, continuaremos ruta. El itinerario no ha sido excesivamente largo, y la zona nos invita a seguir disfrutando, conociendo algún rincón más. Por ello, os proponemos una pequeña pero gratificante variante para el descenso.

Desde la cumbre, bajamos hasta el último hombro por el que alcanzamos la cima, y desde allí acometeremos el descenso por las laderas occidentales de la cumbre. El terreno es aquí más herboso que el de la subida, aunque no exento de pendiente inicial. Poco a poco, esa pendiente se irá suavizando, y giraremos progresivamente hacia el norte hasta llegar de nuevo a la altura del abrevadero que conocimos en el ascenso. En este punto, entroncaremos con un camino que se adentra en el refrescante hayedo de la Cervatina. Tras un pequeño collado, el sendero continúa hacia el oeste en un itinerario horizontal y cómodo, ideal para que simplemente nos dediquemos a disfrutar del entorno, inmersos en la magia del bosque.

Llegamos así a otro pequeño colladito, desde donde el camino comienza su descenso definitivo. Un poco más adelante, cuando llevemos cerca de 6.5 kilómetros de ruta, encontraremos una bifurcación, en la que giramos hacia la derecha, tomando rumbo norte. Seiscientos metros más adelante, una nueva bifurcación, en este caso con un cartel que nos dice que si giramos de nuevo a la derecha (ahora hacia el este), en solo tres kilómetros más, llegaremos de nuevo a nuestro punto de partida, terminando ya nuestra ruta con la cumbre del Susarón en la mochila.

tracking