PERSONAJES ÚNICOS / JAVIER VAQUERO
El biólogo del cáncer hepático
Este investigador abulense del Centro de Investigación del Cáncer de Salamanca recibe el premio Rising Star de la Asociación Española para el Estudio del Hígado (AEEH) por su trayectoria investigando acerca del colangiocarcinoma, un tipo de cáncer de vías biliares

Javier Vaquero, investigador del Centro de Investigación del Cáncer, recibe el premio Rising Star de la AEEH.
Natural de Ávila, Javier Vaquero se ha visto marcado desde que era un niño por una gran curiosidad por el mundo de la biología, con un especial interés por entender cómo funcionan los organismos. Fue esto lo que le llevó a cursar una doble licenciatura de Biología y Bioquímica e incorporarse al Centro de Investigación del Cáncer de Salamanca, donde trabaja estudiando un tipo de cáncer hepático. Ahora la Asociación Española para el Estudio del Hígado (AEEH), reconoce su extensa trayectoria dedicada a la hepatología con su galardón ‘Rising Star’.
Tras pasar su infancia en la provincia abulense, Vaquero se mudó con su familia a Valladolid durante su adolescencia y finalmente se instaló en Salamanca para cursar una doble licenciatura de Biología y Bioquímica en la universidad salmantina. Durante este periodo es cuando dio sus primeros pasos en el mundo de la investigación, dentro del grupo de Hepatología Experimental y Vectorización de Fármacos.
Tras graduarse en 2008, obtuvo su doctorado y continuó su lazo con el mundo de la hepatología estudiando el papel fisiológico de las isoformas del receptor de ácidos biliares y la resistencia de los tumores hepáticos e intestinales. «Fue una etapa muy dura, pero muy bonita, ya que aprendí las bases del trabajo en un laboratorio y la realización de múltiples técnicas experimentales de la mano de muchos compañeros de laboratorio que coincidieron conmigo durante mis años en este grupo de investigación», explica el biólogo.
Después, para continuar con su formación, se trasladó a París, donde se unió al equipo del ‘Centre de Recherche Saint Antoine (CRSA)’, en el cual realizó una estancia postdoctoral gracias a una ‘Beca de Ampliación de Estudios’ que ya le concedió entonces la AEEH. Fue allí cuando empezó a trabajar en el estudio de tumores de vías biliares, en los cuales sigue centrado actualmente con su equipo de investigación en Salamanca.
Una vez concluyó esa estancia, se mantuvo en el país vecino de la mano de dos contratos postdoctorales que le llevaron a permanecer en Francia durante cinco años. Por ello, no fue hasta 2019 que volvió a España, esta vez para situarse en Barcelona y unirse al grupo ‘TGF-beta y cáncer’ del Institut d’Investigació Biomèdica de Bellvitge, gracias a un contrato postdoctoral para estudiar el eje TGF beta/NOX4 en colangiocarcinoma. «Mezclando de esta manera la temática del grupo con mi experiencia en París».
Gracias a esos proyectos, obtuvo en 2022 un contrato Ramón y Cajal que le llevó a regresar a Castilla y León, concretamente a Salamanca, para unirse al CIC y formar su propio grupo de investigación independiente. «Ese periodo inicial fue muy bonito, pero muy complicado al mismo tiempo, ya que durante los primeros meses mi grupo de investigación estaba formado únicamente por mí», apunta.
Al llegar a este centro, continuó trabajando en el artículo que resumía el estudio empezado en Barcelona. En él demostraron «cosas importantes» con respecto al papel del eje TGF-beta/NOX4 en el colangiocarcinoma. «Esta vía ha desatado mucho interés en los últimos años por su potente papel inmunosupresor sobre el microambiente tumoral de muchos tumores, sin embargo, sus efectos siguen estando lejos de lo ideal. Por eso se buscan vías de señalización alternativas que se puedan inhibir para potenciar los efectos de estas inmunoterapias, y aquí es donde entran en juego los inhibidores del receptor del TGF-beta», añade.
Así, su estudio «da una explicación» a un problema actual de la práctica clínica con respecto a ese fallo de los inhibidores de TGF-beta, al mismo tiempo que ofrecen una alternativa terapéutica con un fármaco que está ya en desarrollo clínico.
«Este trabajo representa el eje central de las investigaciones que realizamos actualmente en el laboratorio de Salamanca. Por una parte, tenemos una línea dirigida a encontrar nuevas y mejores dianas terapéuticas, siguiendo el modelo de NOX4/NOX1, que nos permitan in-hibir las funciones protumorigénicas del TGF-beta de una manera más eficaz. Por otra, el mes pasado se me concedió un proyecto de la convocatoria de Consolidación Investigadora 2025 para estudiar el potencial uso de inhibidores del TGF-beta en los subtipos extrahepáticos de tumores de vías biliares, donde las mutaciones inactivantes en la vía son muy frecuentes», incide.
Este trabajo es lo que le ha llevado a alzarse con el premio Rising Star de la AEEH, que ha supuesto «una enorme alegría» para el investigador, ya que «es un premio a la trayectoria que reconoce el trabajo que llevo haciendo durante los últimos 20 años en el laboratorio y, además, me lo ha concedido esta asociación, me entregó también la beca postdoctoral que me permitió seguir investigando en hepatología e iniciar mis primeros estudios sobre el colangiocarcinoma. Adicionalmente, es un premio que me consolida como futuro referente nacional en el campo de la hepatología, donde espero poder reafirmarme con el trabajo de mi grupo en los próximos años».
«El cáncer siempre ha sido un problema que parece imposible de resolver, pero en los últimos años se ha visto que se puede luchar contra él y diseñar mejores terapias que en algunos casos curar algunos tipos tumorales con características particulares y en otros casos puedan mejorar la esperanza y calidad de vida de los pacientes. Es una carrera de fondo que, en mi caso, tiene una motivación extra, ya que el cáncer es una enfermedad que ha afectado y sigue afectando mucho a mi familia. En este sentido, es muy gratificante ver cómo el enorme trabajo conjunto que hacemos los investigadores que nos dedicamos a esta enfermedad ha conseguido que, lo que cuando yo era pequeño significaba una sentencia de muerte, ahora, muchos años después, en bastantes casos se pueda incluso curar, como ha sido la situación de un par de familiares míos en los últimos años», remarca emocionado Javier Vaquero.