PERSONAJES ÚNICOS / MIGUEL BARDAJÍ
El anestesiólogo del distrés respiratorio
Este anestesista del Hospital Clínico Universitario de Valladolid investiga el distrés respiratorio para conseguir un diagnóstico más precoz y un tratamiento más adecuado

Miguel Bardají Carrillo, anestesiólogo del Hospital Clínico Universitario de Valladolid.
La acumulación de líquido en los pulmones, conocida como distrés respiratorio, es una complicación relativamente frecuente en pacientes críticos que presenta una mortalidad elevada, con cifras cercanas al 40%. A pesar de su gravedad, su diagnóstico no siempre es sencillo, especialmente en fases iniciales o cuando los hallazgos no son del todo evidentes. En este marco trabaja un investigador del Hospital Clínico Universitario de Valladolid. Fue en 2003 cuando Miguel Bardají Carrillo se instaló en la ciudad del Pisuerga. Natural de Zaragoza, fue en la Universidad de Valladolid (UVa) donde cursó el grado de Medicina, formación tras la cual realizó la residencia de Anestesiología y Reanimación en el Hospital Clínico Universitario al mismo tiempo que obtenía su doctorado. «Fue una etapa de mucho esfuerzo, pero también muy enriquecedora, porque me permitió compaginar la formación clínica con la investigación desde el inicio. Además, tuve la satisfacción de recibir el premio a la mejor tesis doctoral en el área de Anestesiología y Reanimación concedido por la Real Academia de Doctores de España», explica el sanitario.
Desde entonces, está trabajando como anestesiólogo en el mismo hospital, especialmente en la Unidad de Reanimación, donde atienden a pacientes que necesitan cuidados críticos tras una cirugía. «Allí realizamos un seguimiento estrecho, controlamos posibles complicaciones y traba-jamos para que la recuperación sea lo más segura y rápida posible. En definitiva, nuestra labor es ofrecer un cuidado integral del paciente antes, durante y después de la cirugía, siempre con el objetivo de garantizar la máxima seguridad y la mejor recuperación posible».
«Desde la universidad sabía que los cuidados críticos me gustaban, quizás porque mi madre ya se dedicaba a ellos como enfermera, también por el tipo de pacientes y de patología que implican. Durante la residencia, estuve 7 meses en nuestra Unidad de Reanimación, lo que me permitió conocer en profundidad este entorno y confirmar que quería dedicarme a ello», incide.
Sus primeros pasos en la unidad «no fueron fáciles, ya que trabajamos con pacientes graves, complejos, a priori difíciles de manejar, que exigen una visión global y una base de conocimientos muy amplia. Además, es un campo en constante evolución, por lo que la formación no termina nunca: requiere estudio y actualización continuos a lo largo de toda la carrera profesional. Pero me motiva especialmente todo lo relacionado con los cuidados críticos, así que me considero afortunado de poder trabajar en esta área».
Este trabajo en el hospital lo compagina con su labor como profesor asociado e investigador en la Facultad de Medicina de la UVa. «Muchas de las patologías que tratamos a diario, como la sepsis, el shock cardiogénico, la insuficiencia renal o el distrés respiratorio, son áreas de gran desarrollo científico, y forman parte de las líneas de trabajo de nuestro grupo de investigación Biocritic».
Desde este equipo se centra en estudiar esas complicaciones que se encuentra en su día a día en los pacientes críticos y tienen un gran impacto en su evolución para poder «seguir profundizando en su conocimiento». Un campo que resulta «especialmente complejo», puesto que la respuesta del paciente es muy variable y el diagnóstico precoz sigue siendo un reto.
En este marco, recientemente ha trabajado en un estudio por el cual ha aportado nuevas claves para diagnosticar de forma precoz el distrés respiratorio, puesto que poder identificarlo «supone un auténtico reto para los profesionales y sabemos que cuanto antes se diagnostica, antes se pueden aplicar tratamientos adecuados», remarca.
«Para mi tesis doctoral desarrollamos cuatro estudios diferentes con el objetivo de dar con herramientas y datos que ayuden a adelantar el diagnóstico, interpretar mejor determinadas situaciones dudosas y facilitar la toma de decisiones en un síndrome tan complejo», apunta.
Como parte de uno de los trabajos, analizaron a pacientes con sepsis postoperatoria y vieron que había ciertas señales que podían alertar de qué pacientes tenían más riesgo de desarrollar distrés. En concreto, observaron que una puntuación elevada en la escala SOFA y niveles altos de lactato, ambos indicadores de mayor gravedad, se asociaban con un mayor riesgo. «Esto nos permite identificar antes a los pacientes más vulnerables y vigilarlos de forma más estrecha».
En otro de los estudios se centraron en aquellos casos en los cuales la radiografía de tórax «no es claramente diagnóstica», puesto que esta es una pieza clave para diagnosticar el distrés, «pero a veces los hallazgos no son concluyentes».
Así lo que demostraron es que, cuando se da una radiografía dudosa, si el paciente presenta determinadas características clínicas, como la cirugía urgente, infección abdominal o la neumonía; «la probabilidad de que realmente esté desarrollando distrés aumenta de forma significativa».
Gracias a una cohorte de más de 90.000 pacientes, «que incluía todos los casos de distrés registrados en España durante el siglo XXI», pudieron llevar a cabo dos estudios de epidemiología, analizando incidencia y mortalidad, con los cuales identificaron señales que permiten anticipar un mayor riesgo de desarrollar distrés, «proporcionando herramientas objetivas para una identificación más precoz del síndrome».
Así, Bardají Carrillo quiere «intentar aumentar el conocimiento sobre esta patología, para poder llegar a un diagnóstico más precoz y un tratamiento más adecuado desde el principio, que repercuta en una mejor supervivencia de nuestros pacientes».