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Una nueva forma de estudiar que retiene talento en Castilla y León

La digitalización de la educación superior y modelos flexibles permiten a los jóvenes acceder a estudios universitarios sin abandonar su entorno, en una comunidad marcada por la despoblación y el envejecimiento.

La Universidad Isabel I aplica una metodología que prioriza la práctica e integra competencias digitales de forma transversal.

La Universidad Isabel I aplica una metodología que prioriza la práctica e integra competencias digitales de forma transversal.UI1

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Diario de Castilla y León | El Mundo
Valladolid

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Castilla y León lleva años enfrentándose a la pérdida de población joven y el envejecimiento progresivo de su tejido social y económico. Durante décadas, la salida de estudiantes hacia otras ciudades para cursar estudios superiores ha sido uno de los principales factores que explican este fenómeno.

Ante este escenario, la Universidad Isabel I está contribuyendo a cambiar la tendencia, facilitando con su modelo educativo que cada vez más jóvenes puedan acceder a la educación superior sin abandonar su lugar de origen.

Este giro no solo responde a una cuestión de preferencia individual, sino también a una necesidad estructural. Castilla y León necesitará en los próximos años más profesionales en ámbitos como la sanidad, la educación, la tecnología o la gestión empresarial, al mismo tiempo que busca hacer frente a la pérdida de población activa, según distintos informes del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE), el Consejo Económico y Social de Castilla y León (CESCyL) y la propia Junta.

En este contexto, la educación superior adquiere un papel que va más allá de la formación académica y se posiciona como una herramienta clave para el equilibrio territorial.

Uno de los talleres del Grado de Nutrición de la Isabel I.

Uno de los talleres del Grado de Nutrición de la Isabel I.UI1

Una forma de estudiar conectada con la realidad

En este nuevo escenario, la Universidad Isabel I se posiciona como uno de los actores que están impulsando este cambio, a través de una forma de estudiar adaptada a la realidad actual de los estudiantes, en la que la flexibilidad, la digitalización y la conexión con el mercado laboral marcan la diferencia.

«El reto no es solo formar titulados, sino formar profesionales con capacidad de adaptación, criterio y competencias para desenvolverse en entornos cambiantes», explica Ana Cristina García, vicerrectora de Ordenación Académica, quien subraya que la empleabilidad se trabaja desde el inicio del grado.

Este enfoque se traduce en programas alineados con los sectores que están definiendo el futuro del empleo. Titulaciones como Ingeniería Informática o másteres especializados en Big Data, Ciberseguridad o Ciberdelincuencia responden a la creciente demanda de perfiles tecnológicos, mientras que áreas como la Psicología o la Educación cobran especial relevancia en un contexto donde la salud mental y el relevo generacional del profesorado son ya prioridades.

A ello se suma una metodología que favorece la práctica, integra competencias digitales de forma transversal y permite compatibilizar los estudios con otras responsabilidades personales o profesionales.

Dos profesoras preparan una práctica en uno de los laboratorios de la Ui1.

Dos profesoras preparan una práctica en uno de los laboratorios de la Ui1.UI1

La decisión que cambia trayectorias

La posibilidad de acceder a la universidad sin abandonar el entorno de origen se ha convertido en un factor determinante para muchos estudiantes.

«No quería irme de mi provincia, pero tampoco quería renunciar a estudiar lo que me gustaba», explica Andrea Cabezas, estudiante del ámbito judicial que actualmente prepara oposiciones en Castilla y León. «Poder hacerlo online me permitió seguir adelante sin romper con mi entorno».

Casos como el suyo se repiten en perfiles muy diversos. Un egresado del área de tecnología, Roberto Sánchez Barrio, relata cómo su formación le permitió incorporarse a una compañía tecnológica en Valladolid sin necesidad de desplazarse durante su etapa universitaria. «Si hubiera tenido que irme fuera, probablemente no habría estudiado en ese momento. La flexibilidad fue clave», señala.

Este tipo de decisiones individuales tiene un impacto colectivo. Permitir que los jóvenes estudien desde su lugar de origen contribuye a reducir la migración formativa y a mantener talento en el territorio, especialmente en zonas rurales o con menor densidad de población.

Educación y territorio, un vínculo más estratégico

En comunidades como Castilla y León, donde una gran parte de los municipios cuenta con menos de 5.000 habitantes, el acceso a la educación superior ha estado históricamente condicionado por la distancia y la movilidad.

Modelos educativos flexibles contribuyen a revertir esta situación, facilitando que estudiantes de entornos rurales accedan a formación universitaria sin necesidad de desplazarse. El impacto se mide también en términos de fijación de población y de igualdad de oportunidades, con iniciativas específicas dirigidas a alumnos de pequeños municipios.

Así, la educación superior comienza a desempeñar un papel activo en la cohesión territorial, al reducir desigualdades y ampliar las oportunidades de desarrollo personal y profesional.

Nuevos perfiles y nuevas formas de aprender

El cambio en la forma de estudiar también responde a la aparición de nuevos perfiles de estudiantes. Profesionales en activo, deportistas de alto nivel o personas que buscan reorientar su carrera encuentran en este modelo una vía para continuar su formación.

Es el caso del deportista olímpico David Llorente, que compagina su carrera deportiva en Estados Unidos con su formación universitaria, reflejando una tendencia creciente en la que estudiar, trabajar y desarrollarse profesionalmente ya no son caminos excluyentes.

Una pieza clave para el futuro del empleo

El futuro del empleo en Castilla y León no dependerá únicamente de la creación de nuevas oportunidades laborales, sino también de la capacidad de formar a las personas adecuadas para cubrirlas.

En este contexto, la educación superior se consolida como un agente estratégico, no solo desde el punto de vista académico, sino también como motor de desarrollo social y económico.

La capacidad de formar talento sin desplazarlo marca un punto de inflexión. No solo transforma la trayectoria de los estudiantes, sino que contribuye a redefinir el futuro de comunidades enteras.

En este camino, la Universidad Isabel I se consolida como uno de los modelos que mejor ejemplifican cómo la educación superior puede convertirse en una herramienta real de desarrollo territorial.

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