PUBLIRREPORTAJE ESPECIAL DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER
Igualdad sin excusas en tiempos de retroceso, un derecho pendiente
En un contexto de amenazas y retrocesos en los derechos sociales, la lucha por la igualdad real entre mujeres y hombres sigue siendo una tarea urgente, colectiva e irrenunciable.

Victoria Zumalacárregui, secretaria de Igualdad y Políticas Sociales de UGTCyL .
En un contexto global marcado por la amenaza constante, real e inminente, a los derechos y libertades, urge seguir luchando por el derecho a la igualdad de trato, como pilar irrenunciable de la justicia social y la convivencia democrática. Y ahí debemos estar, en el lado bueno de la historia, aquel que resiste para no retroceder. Las mujeres reconocemos estas situaciones de vulneración de derechos, de tratos discriminatorios, de desigualdad insoportables porque las sufrimos en todas sus versiones, hasta la mas drástica que cuesta la vida.
Cada 8 de marzo volvemos a escuchar de ciertos entornos de opinión, que “la igualdad ya está conseguida”. Pero basta con ojear la realidad de las mujeres y atisbar cómo es su participación en los diferentes ámbitos de la vida, para comprobar que el avance de los derechos de las mujeres no solo es insuficiente y lento, sino que es frágil y, en momentos comprometidos, se frena. Lo cierto es que ahora mismo, el camino hacia la igualdad real y efectiva entre mujeres y hombres se aleja de la meta peligrosamente.
Inmersos en tanto ruido mediático, asistimos a una incomprensible relajación y distancia de quienes son responsables en ámbitos más locales o autonómicos, de legislar para seguir avanzando, de vigilar, garantizar o proteger, desde las políticas públicas, los cuerpos y fuerzas de seguridad, o el ámbito jurídico, …. Y salvo dignas excepciones, la falta de contundencia y claridad en el mensaje provoca un grave impacto en el discurso social y la opinión pública, pues rebaja la gravedad de las consecuencias que debería conllevar la vulneración de los derechos en torno al principio de Igualdad, o el incumplimiento de cualquiera de las normas que conforman el marco jurídico de aplicación en esta materia, en cualquiera de sus aplicaciones. Da igual si el incumplimiento o vulneración se da en las empresas con las retribuciones salariales y los planes de igualdad de papel mojado, o en un hospital público que obstaculiza o impide el ejercicio del derecho al aborto.
La desigualdad no es un debate teórico que rellene espacios televisivos o RRSS: es una realidad profunda que condiciona el proyecto vital y profesional de las mujeres durante toda su vida, y permanece, profunda, hasta la última pensión que garantiza la supervivencia y la calidad de vida de las mujeres. No es casualidad. Es estructura. Es un modelo que cobra fuerza, que vuelve constantemente a colocar a las mujeres en la cuerda floja:
- salarios más bajos
- contratos más precarios
- jornadas imposibles de conciliar
- penalización por ser madres
- sospecha permanente cuando alzamos la voz
Y mientras tanto, se nos exige gratitud por tener un empleo y discreción para no “manchar el ambiente” cuando no se nos violenta y se nos acosa en un entorno laboral agresivo y amenazante que acaba en la destrucción.
Frente a esta realidad, hay quienes prefieren negar la evidencia. En este clima preelectoral, resurgen discursos que califican la desigualdad de “invento”, que cuestionan las violencias machistas o que pretenden desmantelar políticas de igualdad que han salvado vidas y abierto oportunidades. No es un debate inocente: es un intento de retroceso. Y cada retroceso lo pagan las mujeres.
En este punto llegamos a la expresión más atroz de esa realidad que el modelo patriarcal, manejado por la ultraderecha, quiere volver a imponer a las mujeres. Las violencias de género negadas en su concepto, se hacen tozudamente visibles en el asesinato que aparece en un telediario, en la violencia psicológica que te aísla, la económica que te lleva al sometimiento y te deja sin margen para escapar, la vicaria que utiliza a tus hijas e hijos como arma y les cuesta incluso la propia vida, la institucional que te obliga a demostrar una y otra vez que dices la verdad.
También se materializa en la violencia laboral, el acoso sexual por razón de sexo. Otras violencias machistas que demasiados prefieren ignorar porque señalarlas implica asumir responsabilidades.
El laboral es uno de los ámbitos donde las mujeres se encuentran inmersas en un entorno lleno de obstáculos donde la desigualdad se manifiesta de las más diversas maneras, incluidas sus versiones violentas, y también donde confluyen los más diversos factores la mantienen y perpetúan. Las brechas la expresan y quedan reflejadas en las retribuciones salariales. La desigualdad se cuela en cada nómina, en cada turno partido, en cada promoción que nunca llega.
Se hace insoportable en el sacrificio de los proyectos profesionales, en la infravaloración de las capacidades, los conocimientos o las funciones ejercidas. Se expresa en el sacrifico sin opción de las carreras o en la pérdida de oportunidades de acceso al poder, por cuidar a quienes amamos.
Sacrificios que alimentan la brecha futura en pensiones perpetuando un ciclo de desigualdad que se transmite de generación en generación. Hemos avanzado mucho, es cierto y lo afirmo con claridad, porque la lucha constante de las mujeres a lo largo de la historia no ha sido en vano.
Hemos logrado que la igualdad no sea una opinión, sino un derecho
Con el trabajo conjunto, decidido y comprometido, a todos los niveles y en todos los ámbitos, hicimos del Principio de Igualdad entre mujeres y hombres, un mandato constitucional, un imperativo jurídico y un pilar estratégico del sindicalismo de clase que defiendo. Un derecho que aún debe cumplirse. Por eso el sindicalismo feminista es imprescindible. Porque cada convenio con perspectiva de género reduce brechas. Porque cada plan de igualdad obliga a mirar donde antes se escondía. Porque cada inspección que detecta discriminación abre una puerta que llevaba demasiado tiempo cerrada.
Castilla y León necesita políticas valientes que no se limiten a declaraciones simbólicas. Necesita:
- inversión en servicios públicos de cuidados
- inspecciones laborales que persigan la discriminación
- apoyo a la negociación colectiva con perspectiva de género
- un compromiso real con la igualdad salarial
Necesita que la igualdad deje de ser un eslogan y se convierta en una prioridad política, económica y social. Las mujeres de esta tierra no pueden seguir pagando con su tiempo, su salud y su pensión, la falta de ambición de quienes deberían garantizar sus derechos.
Y necesita que su gobierno autonómico cumpla con las mujeres de esta Comunidad: con las víctimas de la violencia de género, empezando por retomar un proyecto de ley abandonado; con la igualdad y no discriminación en las empresas, con la educación en igualdad y el respeto en las aulas, con el trato sin sesgos y garantía de derechos en la sanidad pública, con las medidas necesarias para que no se vayan de la Comunidad y con ellas su talento, con los servicios públicos suficientes y de calidad, en todo el territorio, que aseguren la viabilidad, corresponsabilidad y sostenibilidad de los proyectos vitales.
Todos los avances que creíamos afianzados, se encuentran ahora mismo amenazados por las involuciones y por los vaivenes propios del actual modelo económico en un contexto mundial agresivo, y la influencia de corrientes políticas e ideológicas que cuestionan los derechos conquistados e incluso, contra toda evidencia, la propia existencia de la desigualad y de las formas extremas de discriminación y violencia contra las mujeres. La incorporación del discurso feminista es más necesario que nunca porque nos enfrentamos a objetivos que flirtean con debilitar los derechos humanos, perturbar la paz y la cohesión social y exacerbar el discurso social probélico. En estos marcos, las perdedoras son siempre las mujeres y las niñas, tal y como nos recuerda una mirada atrás en la historia.
Las mujeres de Castilla y León no vamos a pedir permiso para defender nuestra dignidad
No vamos a aceptar que se nos diga cómo debemos reaccionar ante la violencia que otros ejercen. No vamos a retroceder ni un milímetro en nuestros derechos, porque se nos acabó la paciencia. No queremos ser valientes. Queremos ser libres. Y hasta que lo seamos, seguiremos organizándonos, denunciando, señalando y luchando. Porque la igualdad no se mendiga: se conquista.
Este 8 de marzo, como cada día, lo haremos juntas, organizadas y con la convicción de que cuando se niega el derecho al trato igualitario, la violencia de género, la capacidad y el conocimiento, la diversidad, o el debido de respeto a las mujeres, se renuncia al futuro.