ESPÍRITUS LIBRES. José Luis Galiacho / Reparador de instrumentos
“Ha llegado la hora de que los músicos de esta tierra dediquemos al Duero una melodía”
Galiacho es del 79 y toda su vida ha estado vinculado a su pueblo, Castronuño. Escribe y escucha música y arregla instrumentos y todo lo hace en esta localidad vallisoletana, sin abandonar su perfil de percusionista y participar como músico en bandas y charangas.
José Luis Galiacho.
PREGUNTA: ¿Qué es para usted ser un espíritu libre?
RESPUESTA: Ser coherente con lo que piensas y haces.
P: ¿Se siente así?
R: Me siento completamente identificado, sí.
P: ¿Cómo se gana la vida?
R: Vivo del aire.
P: ¿Qué le gustaría ser de mayor?
R: Mejor persona.
P: ¿De qué se siente más orgulloso?
R: De mis hijos, mis amigos y de seguir trabajando en mi pueblo.
P: ¿Qué es para usted el amor?
R: Una utopía.
P: ¿Qué tal se lleva con Dios?
R: Creo que nos llevamos igual él conmigo que yo con él. Tenemos una relación nula.
P: Otro espíritu libre al que admire.
R: Joaquín Díaz porque ha podido empezar desde cero y continuar con una actividad completamente necesaria.
P: ¿Por qué decidió dedicarse a reparar instrumentos?
R: Porque en esta zona no había ningún sitio donde poder repararlos. Es un nicho laboral muy poco aprovechado y necesario.
P: ¿Hay algo especial en devolver a la vida a un instrumento musical?
R: Claro. La satisfacción personal de convertir algo inservible en un objeto funcional y poder volver a escuchar su sonido. Cada instrumento tiene su timbre personal.
P: ¿Cuál es el trabajo que recuerda con más cariño?
R: Sin lugar a duda una tuba que me trajeron de la banda de mi querido Peñafiel que tenía muchísimas historias a sus espaldas y, además, fue tocada por un gran amigo y compañero recientemente fallecido. Llegó para desguace y ahora mismo está funcionando en la banda.
P: ¿Y el más complejo?
R: Los oboes. Es lo más complicado y delicado que he visto. Es más, lo pasé tan mal reparándolo que no he vuelto a tener ninguno en el taller. Es tan específico que hay que llevarlo a un especialista
P: ¿Cuántos instrumentos puede reparar al año?
Es muy difícil calcular, pero una media de 3 o 4 instrumentos al día. En algunos se tarda poco, pero los hay que me llevan días enteros.
P: ¿Hasta qué punto el Duero es fuente de inspiración para lo que hace?
R: En el momento en el que necesito estar tranquilo subo a La Muela a ver el paisaje. Se me aclara la cabeza y estoy listo para funcionar. Es la mejor terapia.
P: ¿Por qué se dice que usted vive del viento?
R: Porque arreglo instrumentos de viento.
P: ¿Sigue ejerciendo de músico?
R: Sí, en todos los sitios donde me necesiten.
P: ¿Qué tienen las charangas que consiguen acercarse tanto a los pueblos?
R: Es la música que puedes sentir con un músico a tu lado. Interactuando con ellos.
P: ¿Qué tiene encima de su mesa de trabajo?
R: Ahora mismo tengo el taller lleno. Estoy rehabilitando trombones, trompetas, saxos, tenores, fliscornos, mucha percusión…
P: ¿No cree que ha llegado la hora de hacerle una partitura al Duero?
R: Deberíamos. Ha llegado la hora de que los músicos de esta tierra dediquemos al Duero una melodía.
P: ¿Se puede vivir de su oficio?
R: Sí, bastante bien.
P: Su trabajo está prácticamente en vías de extinción, ¿conoce más reparadores de instrumentos en Castilla y León?
R: Es muy complicado encontrar profesionales de mi oficio. Que yo sepa, en Castilla y León estamos cinco o seis personas que nos dedicamos a ello.
P: ¿De dónde llegan sus clientes?
R: Tengo clientes de toda España y Portugal, donde tampoco hay reparadores.
P: ¿El oficio va a continuar en próximas generaciones? ¿Hay relevo? R: Es complicado porque no hay gente interesada. Yo llevo años intentando encontrar gente que quiera aprender.
P: El anterior entrevistado dejó esta pregunta: ¿Cuándo ha sido el momento de tu vida en el que más libre te has sentido?
R: El día que firme los papeles para ser autónomo.
P: Déjeme una pregunta para el siguiente entrevistado.
R: ¿Eres feliz?