Medalla ‘BIC’ a la Tuna, la memoria de la Universidad
La Junta impulsa la declaración de Bien de Interés Cultural para una tradición con una treintena de ejemplos vivos que "cohesiona la comunidad universitaria"

Tuna de Derecho de Valladolid
Castilla y León acelera los trámites para reconocer una de sus tradiciones más señeras como Bien de Interés Cultural (BIC) de carácter inmaterial. Se trata de la Tuna, una «memoria viva» de la Universidad que hunde sus raíces en el siglo XIII, que ha pasado por distintos episodios a lo largo de la historia pero que ha llegado al siglo XXI en excelente estado de salud. En la actualidad existen en activo hasta una treintena de estas formaciones universitarias a lo largo y ancho de la Comunidad, que concitan el interés en cualquier encuentro festivo por sus característicos sones y sus vestimentas. Se trata de formaciones distribuidas por todas las provincias, con tunas masculinas, femeninas y las llamadas ‘cuarentunas’, formadas por antiguos alumnos.
La Junta acaba de abrir un periodo de información pública de un expediente que inició el pasado 30 de mayo la Dirección General de Patrimonio Cultural, perteneciente a la Consejería de Cultura, Turismo y Deporte. Hasta el próximo 10 de noviembre permanece abierto ese periodo en el que cualquier persona podrá alegar cuanto estime conveniente ante la Administración autonómica. Aunque cuesta creer que alguien quiera oponerse a la ‘medalla BIC’ que se le quiere imponer a esta tradición, también llamada históricamente estudiantina, una de las tradiciones universitarias más antiguas de España.
La Junta ha pedido ya informes a instituciones como el Centro de Estudios Salmantinos, el Centro Etnográfico Joaquín Díaz y el Instituto Leonés de Cultura, que se han posicionado a favor de la declaración. El expediente resume en su anexo la historia de esta tradición secular de la vida universitaria y lo califica como «tradición viva, integrada en el pulso cotidiano de las ciudades universitarias y a la vez portadora de la memoria histórica de las mismas».
Palencia
El algoritmo al servicio de la memoria popular de Palencia
Diario de Castilla y León | El Mundo
Una tradición al fin, que «promueve el compañerismo, la amistad y la inclusión entre sus miembros, fomentando la colaboración entre estudiantes de distintos orígenes y reforzando la cohesión de la comunidad universitaria».
Y es que las circunstancias familiares de los estudiantes fueron un componente determinante en el nacimiento de las tunas allá por el siglo XIII, cuando abrieron sus puertas las primeras universidades de España (la primera en Palencia en 1212). La tradición de los estudiantes trovadores se remonta, así, a ciudades como Palencia, Salamanca o Valladolid –que albergaron los primeros Estudios Generales en los siglos XII y XIII–. Ciudades que «ya contaban con estudiantes pobres que cantaban a cambio de comida o limosna, sentando las bases de lo que con el tiempo sería la tuna», apunta el anexo descriptivo del expediente.
Según defiende la exposición de motivos, la Tuna es una práctica cultural que nació en España, con orígenes humildes, entroncados en la vida de los estudiantes pobres de los primeros centros universitarios. Curiosamente, estos estudiantes son la causa de una palabra que se ha mantenido hasta la actualidad, ya que a estos estudiantes se les llamaba ‘sopistas’, por vivir ‘de la sopa boba’ en la baja Edad Media. Con el paso de los siglos, aquella forma de vida estudiantil evolucionó hasta dar lugar a agrupaciones musicales itinerantes que llevan sus serenatas y pasacalles por todas partes.
Siglo de Oro
Según detalla la misma fuente, existen referencias literarias del Siglo de Oro y el Barroco que aluden a esta figura del estudiante músico vagabundo, e incluso el origen etimológico del término ‘tuno’ o ‘tunante’ se remonta a documentos del siglo XVII. A principios del XIX, sin embargo, prácticamente desaparecieron de la vida universitaria, pero el movimiento romántico propició su renacimiento bajo nuevas formas, organizándose estudiantinas como comparsas de carnaval.
«La primera mención en la prensa salmantina de estas estudiantinas, datada en 1852, lo que sugiere que en Salamanca –ciudad universitaria señera– ya se habían reactivado tales agrupaciones antes de la mitad del siglo XIX», apunta la Dirección General de Patrimonio Cultural. «Aquella segunda etapa de esplendor se extendería desde 1850 hasta el estallido de la Guerra Civil Española en 1936. Tras la guerra, durante las décadas de 1940 y 1950, se recuperó el espíritu y la estructura de las estudiantinas carnavalescas, pero con una organización más permanente vinculada a cada universidad. En las décadas de 1960 y 1970, en plena era de apertura turística de España, las tunas adquirieron proyección internacional como símbolo pintoresco del folklore estudiantil español, realizando giras por Europa y América».
En las décadas de 1980 y 1990 se produjo un cambio importante: la incorporación de la mujer a estas formaciones estudiantiles, surgiendo las primeras tunas femeninas. Hoy conviven en España tunas masculinas, femeninas e incluso mixtas, siendo los propios aspirantes quienes libremente deciden el tipo de agrupación al que desean unirse.
La tuna se caracteriza por conformar una pequeña rondalla o estudiantina instrumental, compuesta principalmente por instrumentos de cuerda pulsada. Los más habituales son la bandurria y el laúd español, que llevan la melodía y arreglos; y la guitarra española, que aporta la base rítmica y armónica. La sección rítmica la completa la pandereta. En cuanto al repertorio musical, las tunas suelen interpretar piezas de los más diversos géneros, desde habaneras, pasodobles y rancheras hasta versiones de música folclórica local o incluso temas contemporáneos adaptados al estilo tradicional.
Más allá de su música, el rasgo visual más característico de la Tuna Universitaria reside en su vestimenta. Inspirada en la moda de los Siglos de Oro, la indumentaria del tuno es una recreación histórica que captura la esencia de los estudiantes de antaño. El atuendo está dominado por el negro, compuesto por un jubón (a veces adornado con puntillas en los puños) sobre una camisa, un pantalón que se ciñe a la rodilla, calzas oscuras y calzado discreto. En ocasiones, se complementa con una gorguera.
La pieza central y más simbólica es la capa de estudiante. Esta prenda, usualmente negra, trasciende la función de abrigo para convertirse en un registro de la trayectoria del tuno, decorada con multitud de escudos y emblemas de las universidades y ciudades que ha visitado a lo largo de sus viajes. Aún más personales son las cintas de colores cosidas en ella, regalos que expresan el afecto o admiración de familiares, amigos o seguidores.
Otro elemento crucial es la beca, una banda de tela en forma de ‘V’ que cruza el pecho del tuno. Su color determina de forma inequívoca la facultad o centro universitario al que pertenece. Generalizada en el siglo XX, la imposición de la beca al novato durante la ceremonia de ingreso marca su aceptación formal y plena dentro de la hermandad.