MEDIO AMBIENTE
El canto del urogallo se salva de los fuegos de Castilla y León
Los dos centenares de ejemplares de la especie protegida que habitan la cordillera cantábrica permanecen en su hábitat y los daños se han limitado a la zona más meridional de la comarca de Omaña, en el entorno de Fasgar

Un urogallo macho entona su canto con la cola extendida para atraer a las hembras en la temporada de celo.
Los principales cantaderos del urogallo cantábrico volverán a acoger las rítmicas notas de sus cortejos la próxima primavera. Los hábitats de este ave en peligro de extinción se han salvado de la oleada de incendios del pasado mes de agosto, al menos en su práctica totalidad, pese a que la mayoría de ellos están en la provincia de León, la más golpeada por el fuego. Eso sí, no se puede decir que la especie haya salido totalmente indemne: algunas zonas que acogen a una menor parte de la población se han visto afectadas, y es ahí donde los agentes medioambientales están focalizando sus esfuerzos para afianzar el suelo.
Y es que solo quedan 209 ejemplares de urogallo cantábrico en la península ibérica, según el último censo cuyos datos difundió el pasado mes de junio la Consejería de Medio Ambiente, Vivienda y Ordenación del Territorio de la Junta de Castilla y León. De esa población, el 67% habita las comarcas leonesas de Alto Sil, Laciana y Omaña principalmente, con ejemplares dispersos presentes en Ancares y El Bierzo. El 33% restante se distribuye por el Principado de Asturias en los concejos de Degaña, Cangas de Narcea e Ibias.
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Son pocos, aunque el número supone un crecimiento del 8% respecto a los 191 ejemplares estimados durante el anterior muestreo completo, realizado en 2019. La situación de protección de este ave propició que se encendieran todas las alarmas durante la oleada de incendios de agosto.
Afortunadamente, «en la próxima primavera está garantizado que el canto de los urogallos continuará sonando», asegura en respuesta a este periódico el jefe de servicio de Espacios Naturales, Flora y Fauna de la Junta de Castilla y León, David Cubero. «Hay que hacer un análisis riguroso en campo, ya están los técnicos y los agentes medioambientales en ello, pero sí hay que lamentar que ha habido afección a la distribución más meridional en la comarca de Omaña, en el entorno de Fasgar», lamenta.
«Sí que ha habido una afección en los abedulares de Montrondo. Es verdad que es una afección más puntual porque el grueso de la población de Urogallo Cantábrico en Castilla y León se encuentra más arriba, en la zona de Laciana y Alto Sil, no tanto en Murias de Paredes, pero sí que teníamos ahí parte de la población», añade. «Por eso no podemos decir que no ha habido afección al urogallo, pero sí que ha sido puntual y centrada fundamentalmente en el incendio de Fasgar».
Otros dos incendios, los de Anllares y el incendio de Orallo, que se encuentran en zonas limítrofes, incluso solapándose con algunos cantaderos, «pero también ha sido anecdótica la afección a cantaderos ocupados». La afección ha sido en Fasgar, «pero puntual y por tanto estamos trabajando ya en definidas actuaciones de emergencia de restauración forestal que fueran necesarias, tanto ahora como en próximos meses, para tratar de minimizar la afección que ha habido a estos cantaderos», explica Cubero.
«La afección al hábitat ha sido puntual. Las mejores cantaderos y la presencia de las zonas fundamentales no se han visto afectadas, las comunidades de Laciana y Alto Sil, y, por ejemplo, los Urogallos que tenemos marcados con emisores con radiofrecuencia, ninguno de los radiomarcados ha sido afectado, ni los urogallos, ni el hábitat, ni el entorno circundante donde se encuentran», explicó.
Entonces tenemos desde luego que prestar atención a estas zonas afectadas para planificar de forma de emergencia, que ya estamos trabajando en temas de restauración forestal, pero hay que prestar atención y trabajar en el campo, pero las zonas núcleo de Laciana y Alto Sil no se han visto afectadas, por suerte, por estos grandes incendios forestales.
Análisis cartográfico
Ahora, señalan desde Espacios Naturales, aún es pronto para determinar con exactitud los daños. «Nosotros hemos hecho ya un análisis cartográfico de la afección superficial en los cantaderos, pero están ya las patrullas y los agentes medioambientales haciendo trabajo de campo para comprobarlo todo. Al final el urogallo es un ave muy esquiva. Los métodos de censos, salvo en la primavera, que es el censo del canto, se realizan a través de recogida de excrementos, porque el contacto visual es muy difícil», explica Cubero. Sin embargo, harán «un seguimiento exhaustivo de la afección, tanto de la especie como de sus hábitats, para planificar de inmediato las actuaciones de restauración».
«No nos podemos aventurar a dar datos que ahora mismo no conocemos. Pero el último censo oficial lo publicamos hace unos meses. El 6 de junio se hizo una nota de prensa en la que se especificaba que la población del urogallo ascendía a 209 ejemplares en 2024».
Ese número, según todos los indicios, no se ha visto afectado por los incendios del verano. No falta ni un solo ejemplar de cuantos están marcados con sistemas de posicionamiento. «El próximo canto de los urogallos está salvado», celebra el jefe de servicio de Espacios Naturales, Flora y Fauna de la Junta de Castilla y León. «Dentro de 20 años nadie sabe lo que ocurrirá, nadie tiene una bola mágica, pero ahora mismo podemos decir que ha existido afección, pero la afección ha sido puntual y hay que comprobar el alcance real de esta afección para comprobar si ha habido algún desplazamiento».
Además de la labor de comprobación, la Junta acelera en la ejecución de actuaciones de emergencia que tienen que ver, fundamentalmente, con el control de procesos erosivos, con la pérdida de suelo. Para evitarla, se acomete la realización de fajinas, albarradas, o el recepado y estaquillado en las zonas de Ribera. «Se trata de acciones centradas en el control de procesos erosivos para evitar la pérdida de suelo. Esa es una de las primeras actuaciones, junto con otras relacionadas con el seguimiento de daños por plagas, de recuperación de infraestructuras y la retirada de la madera quemada, siempre asegurando evitar nuevos procesos erosivos», añade.
Esas son las acciones de emergencia en las que trabaja la Junta de Castilla y León, con detalle, de forma prioritaria en esas zonas no solo del urogallo, sino también de otras especies amenazadas, como el desmán ibérico, que se ha visto afectado en tramos de río importantes por causa de la ola de incendios forestales. El desmán ibérico, Galemys pyrenaicus, es un mamífero de costumbres semiacuáticas endémico de la Península ibérica y cuya distribución se restringe a su mitad septentrional, desde el Norte de Portugal y Sistema Central hasta los Pirineos (en sus dos vertientes).
En lo que respecta a las fajinas, albarradas o trabajos de estaquillado que se están acometiendo, consiste en la construcción de elementos transversales a las pendientes afectadas por el fuego, fundamentalmente de restos vegetales, con los que se colocan curvas de nivel, frenos a la escorrentía que puede haber en máxima pendiente en ladera.
«Es como la construcción de pequeños muretes a través de restos vegetales para evitar la erosión laminar que puede haber en máxima pendiente en las laderas y evitar así tanto la pérdida de suelo en las laderas como la colmatación y que estos arrastres de las cenizas vayan a los cauces pluviales que afectan tanto a las especies, sobre todo a las captaciones para consumo de boca», apunta Cubero.
Pero no solo el urogallo es una especie protegida. Otras como los osos preocupan por la afección que hayan podido tener y, sobre todo, el desmán ibérico.
Movilidad
«En cuanto al hábitat, los incendios del Alto Sil han afectado directamente a zonas de presencia actual y estable de osos. El incendio en toda la zona del Alto Sil, Laciana, pero también, por supuesto, la zona de la Montaña Oriental en Barniedo, Montaña Palentina... Pero el oso, al final, es un animal muy generalista, con mucha movilidad, muy ubicuista», detalla.
«Realizamos el mismo tipo de trabajo de emergencia en esta zona que estamos realizando para el urogallo, e iremos cubriendo más zonas, no solamente por motivos de conservación de especies, sino por motivos de conservación de suelos», detalla.
Una alarma mayor existe con el desmán ibérico, cuyo estado de conservación se encuentra también en situación crítica, como la del urogallo. Varios tramos de ríos han sido afectados por los fuegos, fundamentalmente, en la montaña Cantábrica, en el incendio de Barniedo, y se están definiendo ya tramos prioritarios, subcuencas en las que es más urgente actuar para evitar la colmatación de los tramos de río donde está el desmán. «Desde el primer momento se ha priorizado la definición de actuaciones. En las próximas semanas comenzarán, antes de que llegue la época de lluvias en el otoño», explica Cubero.
E n cuanto al censo de desmanes ibérico, conocer su número aproximado arroja una mayor dificultad que en el caso de los osos o los urogallos, puesto que «aunque hay estimaciones nacionales, es una especie muy complicada de observar, es un micromamífero acuático muy difícil de censar, pero lo que sí que se puede dejar claro es que tiene una tendencia claramente decreciente de la población en toda España», relata el responsable de Espacios Naturales. «Estaba en peligro de extinción en el Sistema Central y en el resto de las localizaciones aparecía como vulnerables, pero con la actualización de los seguimientos por parte de Castilla y León y otras comunidades autónomas, se ha comprobado su declive y ha servido para declararlo en situación crítica y en peligro de extinción todas las poblaciones de España».
Por tratarse de un animal que se encuentra en bajas densidades, que depende de aguas de buena calidad y que presenta peculiares características biológicas, es un mamífero muy vulnerable, que se enfrenta a graves amenazas globales, como el cambio climático y la contaminación.