ADOPCIÓN
La adopción internacional desaparece del mapa de Castilla y León y la nacional pisa el acelerador
Las 32 adopciones de niños procedentes de España que la Comunidad acumula hasta junio superan ya las 30 de todo el año pasado
León y Valladolid acaparan dos tercios de los procedimientos

Sonia y Andrés, padres de Daniela, adoptada de China, y Rubén, mediante adopción nacional
La adopción es el recurso con el que algunas familias cuentan para poder ser padres, ya que a pesar de los avances médicos, en muchos casos esta es su única alternativa. En Castilla y León son muchas las parejas que ya han recurrido a este sistema, aunque eso no evita que en la actualidad el ritmo de los procedimientos se mantenga e, incluso, supere al de años anteriores. No obstante, lo que predomina en estos casos es la adopción nacional, que tira de la estadística, mientras la internacional ha desaparecido del mapa en lo que va de 2025.
En el primer trimestre de este año, en el conjunto de Castilla y León se han adoptado 32 niños en la Comunidad, mientras que en todo el año 2024 fueron 35 los procedimientos que se completaron. Esto certifica que el ritmo de adopción actual es notablemente elevado, aunque con ciertos matices.
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De esta forma, y según las cifras de la Consejería de Familia e Igualdad de Oportunidades, el año pasado fueron cinco los menores adoptados provenientes de adopción internacional -tres de la India y dos de Vietnam-, mientras que en los primeros seis meses de 2025 no ha llegado ningún niño de fuera de las fronteras españolas.
Por provincias, las dos que acaparan la mayor parte de las adopciones en lo que va de año son León y Valladolid, con doce y diez procedimientos, respectivamente. Son, además, cifras idénticas a las que anotaron en todo 2024. En cuanto al resto de territorios de la Comunidad, Ávila ocupa el tercer puesto con cinco adopciones este año, seguida de Soria, con dos, y de Burgos, Salamanca y Zamora, con una en cada caso. Entre enero y junio, Palencia y Segovia no registraron ningún proceso de adopción.
Pero frente a esas adopciones llevadas a término y que este año apunta a superar con creces al anterior si se mantiene ese ritmo, lo que prácticamente no ha variado son los ofrecimiento, es decir, familias que aspiran a adoptar un niño. En este caso, en todo el año 2024 la Consejería de Familia e Igualdad de Oportunidades contabilizó 74 ofrecimientos, mientras que en lo que va de 2025 son 32, es decir, algo menos de la mitad.

Infografía de la adopción en Castilla y León
En este caso, la provincia que encabeza la lista y que además lo hace prácticamente en solitario es Valladolid, con doce de esos 32 ofrecimientos, mientras que Salamanca ostenta la segunda posición de la lista con seis. Empatan en tercera posición y con cuatro ofrecimientos Burgos y León, mientras que dos son los que suman Palencia, Segovia y Zamora. En este caso, las dos provincias que se quedan a cero son Ávila y Soria.
Por otro lado, y si bien este año no se ha producido ninguna adopción internacional, Familia sí ha registrado dos ofrecimientos. Uno de ellos corresponde a la provincia de Salamanca para la adopción de un niño procedente de Senegal, mientras que en un segundo caso, una familia de Zamora busca un menor brasileño.
Por su parte, en el año 2024 los ofrecimiento para adopción internacional alcanzaron los doce y con procedencias de los menores tan variadas como Portugal, India, Senegal, Ecuador, Bolivia, Filipinas, Brasil o República Dominicana.
La adopción de un niño es un proceso largo y complejo, que cuenta con muchas fases y con varios mecanismos para garantizar que, una vez que se hace efectiva, exista la plena satisfacción de las familias y el bienestar absoluto de los niños. Así lo explica Raquel Miguel, coordinadora de la Fundación Meniños, entidad concertada que presta los servicios de adopción en Castilla y León, que señala que la adopción «lleva tiempo» desde que el procedimiento arranca por una información inicial.
Esta información, continúa Miguel en declaraciones a este periódico, «es una información obligatoria de cara a hacer el ofrecimiento» por parte de las familias, que además deben realizar una fase de formación preadoptiva en la que conocen todos los detalles del proceso y pueden determinar si en efecto están comprometidos con la adopción.
En todo caso, durante esas primeras etapas, se realiza una valoración idoneidad por parte, en este caso, de la Fundación Meniños y que se construye a través de distintas entrevistas. En este punto, el expediente se traslada a la Junta de Castilla y León, que emite una resolución de idoneidad, y partir de entonces arrancan las asignaciones de niños y niñas.
Por otro lado, Raquel Miguel también apunta que si bien «se observa que hay un ligero descenso en las adopciones, es aventurado hacer un análisis», aunque matiza que puede tener «más que ver con cuestiones familiares y socioeconómicas».
Además, en lo que respecta a los perfiles, la coordinadora de la Fundación Meniños señala que lo que tienen en común los niños adoptados es que todos cuentan con «una historia de adversidad temprana».
Otro de lo puntos que señala Miguel es que estos menores «a medida que crecen, las posibilidades de ser adoptados se reducen». «Las familias tienden a demandar que cuanto más pequeños mejor», reconoce, «y a partir de los seis años se complica la adopción».
Pese a todo lo anterior, desde la Fundación Meniños apuntan que la adopción es una de las últimas opciones para los niños, que si bien todos deben estar en una familia, «el primer paso es trabajar para que sea su familia biológica», de manera que «la adopción es ideal solo para algunos casos».
La adopción de niños es un mecanismo en absoluto nuevo. Ya desde hace varias décadas estos procedimientos se vienen produciendo en España, hasta el punto de que muchos padres adoptivos ya han visto a sus hijos cumplir la mayoría de edad o están a punto de hacerlo. Es el caso de Andrés y Sonia, una pareja de Valladolid que conoce bien los entresijos de estos procedimientos.
Tras intentar en tres ocasiones la fecundación in vitro sin éxito, hace ya más de veinte años tomaron la decisión de apuntarse a un programa de adopción llevado a cabo, al igual que en la actualidad, por la Consejería de Familia. Eso les permitió, en 2004, convertirse en los padres de Daniela, procedente de China; y en 2006 de Rubén, en este caso español.
«Las adopción del niño procedente de España data de los comienzos de 1998 y es en el año 2006 cuando Rubén entra en nuestras vidas, es decir, que ocho años y medio transcurrieron desde que echamos la solicitud, y no fue adopción plena hasta el años 2008, después de resolverse judicialmente», relatan Andrés y Sonia a este periódico.
El procedimiento de adopción de su hija fue mucho más rápido. «En la adopción de Daniela, echamos la documentación en el año 2002 y en el 2004 estaba ya resuelta la adopción plena desde el mismo día de la entrega», recuerdan.
Precisamente, y en la misma línea de lo que explican desde la Fundación Meniños, Andrés y Sonia reconocen que la adopción de Rubén se dilató más en el tiempo «dado que en España, antes de retirar un niño, se procura que no salga del entorno que le rodea, es decir, que aunque los padres no sean capaces de cuidar al menor, siempre se buscan otros familiares para no desarraigarle de su familia biológica». «En resumen», apostillan, «las adopciones en nuestro país son muy pocas, siempre mirando el interés del menor».
En el caso de su otra hija, Daniela, el procedimiento fue distinto ya que se trataba de una adopción internacional, en este caso procedente de China, y que en dos años estaba totalmente resuelta. Sí destacan Andrés y Sonia que «hay unos trámites comunes a ambas que son los informes psicológicos y de los trabajadores sociales y, en el caso de China, desde ingresos económicos, informes médicos, una carta del por qué adoptar allí y los antecedentes penales».
Pese a estas diferencias, la pareja señala que algo que tuvieron en común ambos procedimientos que no hubo ningún obstáculo o imprevisto en el proceso, mientras que otra de las diferencias fue que para la adopción de Daniela, Andrés y Sonia, como tantos otros padres adoptivos, tuvieron que abonar 3.000 euros «en concepto de donativo al orfanato».
En el caso de Rubén, Andrés y Sonia relatan que «en España la adopción está cubierta totalmente» y, en este ejemplo, por la Junta de Castilla y León, que es la que se hace cargo del trabajo de los psicólogos y de los trabajadores sociales.
Precisamente, fue la Junta la que cobró especial protagonismo entre las administraciones y organizaciones implicadas en el proceso de adopción. Además, «puso a nuestra disposición la Asociación Regional de Familias Adoptantes (Arfacyl) para información sobre adopción tanto nacional como internacional», rememoran estos progenitores.
Como padres adoptivos, la experiencia de Andrés y Sonia fue, según su propio testimonio, más que adecuada. «No cambiaríamos nada», aseguran, «recordamos como la trabajadora social y la psicóloga nos lo hicieron muy cómodo, e incluso hubo momentos de risa. Fue todo muy relajado y siempre permanecerá en nuestros recuerdos», remarcan.
Daniela, por su parte, narra cómo ha sido su vida desde que conoció que había sido adoptada. «Lo sé desde que tengo memoria», señala, «mis padres nunca le dieron gran importancia ni drama y tampoco recuerdo que me sentaran en el salón para decírmelo». «Crecía sabiéndolo, pero sin percibirlo como relevante o importante para la relación con mis padres», asegura.
Asimismo, también señala que nunca ha percibido problemas en su vida cotidiana por el hecho de haber sido adoptada, si bien no puede decir lo mismo de su procedencia. «Estigma como tal ha sido más por ser de origen chino que por adoptada. Los niños pueden llegar a ser muy crueles y los comentarios de algunos adultos bastante innecesarios», lamenta mientras expone una triste realidad.
Finalmente, y desde su experiencia, Daniela asegura que la adopción puede ser una vía de esperanza para los niños «siempre y cuando sean deseados, queridos y tratados como si fueran biológicos».