Diario de Castilla y León

DENOMINACIONES DE ORIGEN

Las bodegas de Castilla y León rechazan el peaje de USA y buscan un plan B en otros mercados

Para las denominaciones, «la clave está en cómo se prorratea» el coste arancelario» 

«Lo que se pierda en Estados Unidos vamos a intentar ganarlo en otros mercados»

Dos personas brindan con sendas copas de vino tinto.

Dos personas brindan con sendas copas de vino tinto.E.M.

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Valladolid

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El peaje por vender en el mercado estadounidense no será al final del 200% –una «bravuconada» que directamente hubiera expulsado a las bodegas– pero el 20% anunciado este miércoles por el presidente Donald Trump para la Unión Europea «sigue siendo una mala noticia» para los productores de vino de calidad de Castilla y León. A falta de conocer «la letra pequeña» de un órdago que aún genera más preguntas que respuestas, los principales consejos reguladores afrontan con prudencia su imposición, pero también con algunas certezas. La primera, que ese coste es inasumible para las bodegas, de modo que o bien lo soporta el consumidor final o habrá que buscar el trasvase a otros mercados. La segunda, que esa plancha con los porcentajes que sostenía ayer el líder mundial constituye la primera ficha de un efecto dominó que modificará sin retorno el actual tablero comercial.

La comarca más afectada es Ribera del Duero (dos millones de botellas al año, 20 millones de facturación), que tiene en Estados Unidos uno de sus tres principales clientes, junto a Suiza y México. «De momento, todo es incertidumbre y novedad», responde, cauto, el presidente del consejo regulador, Enrique Pascual.

A la espera de conocer cómo se concretará en la práctica el castigo comercial anunciado por Trump, desde la denominación de origen calculan que el precio final de una botella puede pasar de los 20 a los 26 euros en destino. «Quien lo tiene que aceptar es el mercado norteamericano», añade al recordar que se trata de un país que consume más vino del que produce, de modo que seguirá necesitando tirar de las importaciones para mantener la demanda.

Pascual lamenta las «complicaciones» para dar salida al producto en el exterior pero anticipa que el sector es resiliente y está acostumbrado a adaptarse a los vaivenes. Sea como sea, «habrá que luchar». «Ojalá me equivoque, pero igual son medidas que se quedan para siempre», analiza.

Desde Rueda, Santiago Mora incide en esa perspectiva al observar que esta «vuelta al proteccionismo» marca el inicio de una nueva era y que desencadenará «consecuencias» por ahora «impredecibles». A la espera de conocer los detalles en los próximos días, y de ver «la reacción de la Unión Europea, si se produce una escalada», lo previsible es que cambien los flujos comerciales. Por un lado, con la aplicación de distintos porcentajes en otros países productores, desde el 10% para Chile, Argentina, Nueva Zelanda y Australia al 30% para Sudáfrica. Pero también dentro del marco europeo, donde los principales productores como Francia e Italia se enfrentan a las mismas condiciones que España, pero si encuentran dificultades para sacar fuera su producto también tendrán que buscar nuevos horizontes modificando la actual competencia en el resto de mercados.

Recuerda el director general del consejo regulador de Rueda que los aranceles «generan una mayor inflación, un mayor coste para el consumidor». El riesgo es evidente para el vino, un producto que no es de primera necesidad y puede verse afectado si el consumidor «tiene menos dinero disponible», máxime en un contexto de decrecimiento del consumo de bebidas alcohólicas en mercados tradicionales.

«Veremos en qué queda todo esto; tardaremos días en poder evaluarlo», sostiene mientras se pregunta si ese 20% se suma al impuesto del 14% que ya soportan, de media, las botellas por cruzar esa frontera o no es adicional. Lo que sí anticipa es un «cuello de botella» en los despachos aduaneros con la tramitación de los cambios, lo que también perjudica las ventas exteriores. «Cualquier traba es perjudicial para el comercio global, tanto si afecta a los precios como a la logística», resume.

El mercado USA es el primer destino en valor de los vinos de Rueda (en volumen son Reino Unido y Alemania), donde cada año se cuela en torno a un millón de botellas, con una facturación de cuatro millones de euros. En destino, sus botellas rondan los 15 dólares de precio final y la aplicación arancelaria puede situar el producto en los aledaños de los 20 dólares, un cambio de decena que puede actuar como inhibidor en el punto de venta.

«Nuevos desafíos, nuevos retos», resume el responsable de la DO Rueda.

Con la misma determinación afronta el anuncio Rubén Gil, gerente en la denominación Toro, que tiene en Estados Unidos su primer mercado (700.000 botellas anuales, 2,5 millones de facturación). «No nos quedaremos sentados», dice en nombre de las bodegas, «un sector requeteacostumbrado a reinventarse». «Ya pensamos en Canadá, México, Brasil o el Sudeste Asiático», enumera al citar mercados emergentes con posibilidad para exportar.

«No es la bravuconería inicial del 200%, eso era sacarnos del mercado, pero un 20% sigue siendo una mala noticia», avanza a la espera de conocer «la letra pequeña» del decreto. «La clave está en cómo se reparten esos costes, cómo se prorratean», subraya. Si se reparte entre los distintos eslabones de la cadena, habrá partido. Si los importadores, distribuidores puntos de venta y consumidores «están dispuestos asumirlo, ni tan mal», augura. «Las bodegas no pueden asumirlo, no trabajan con esos márgenes y supondría vender a pérdidas», asevera Gil al recordar que la medida se ha vendido como un castigo comercial pero a perjudicará mucho «al tejido empresarial» americano. Si los vinos toresanos no encuentran allí salida, «habrá que ampliar horizontes y seguir luchando» para mantener el dinamismo productor en esta comarca.

Para Bierzo la noticia «es mala». «Repercutir el 20% es imposible, sigue siendo una muy mala noticia», según su presidente Adelino Pérez.

Se trata de uno de los cinco principales clientes de la denominación berciana en el exterior (220.000 botellas anuales que suponen 600.000 euros de facturación). Recuerda que en la primera legislatura de Trump, muchas bodegas asumieron aquel arancel, ajustaron sus márgenes para no perder cuota de mercado, pero ahora ya es inviable».

«Lo que se pierda en Estados Unidos vamos a intentar ganarlo en otros mercados», añade. Cita también territorios por explorar como Brasil o México o destinos del centro y sur de América, donde hay margen para el crecimiento dando a conocer sus producciones, o en Canadá, donde se agranda el nicho por el espacio que deja la salida de los vinos del país vecino.

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