Diario de Castilla y León

PROYECTO MIZURA

De la Catedral de Burgos a la Giralda de Sevilla para reivindicar «una vida digna»

El científico mirandés Dabiz Riaño participa en la primera incursión de personas con silla de ruedas a lo alto de la emblemática torre hispalense

Foto de familia antes de la histórica visita, organizada por ELA Andalucía, La Plasita y Mizura.

Foto de familia antes de la histórica visita, organizada por ELA Andalucía, La Plasita y Mizura.MANUEL ORDÓÑEZ GÓMEZ

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Burgos

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En la Edad Media, observar Sevilla desde lo alto de La Giralda era un privilegio. Los sultanes, a lomos de sus caballos, podían disfrutar de tan impresionante panorámica mientras el pueblo llano se conformaba con mirar al cielo. Con 35 rampas expresamente construidas para facilitar el paso de los equinos, el principal icono patrimonial de la capital hispalense recibe cada año en torno a un millón de visitantes. Ninguno en silla de ruedas. Hasta ahora.

El pasado miércoles, a primera hora de la tarde, se produjo un acontecimiento histórico en La Giralda. Una treintena de personas con diversidad funcional física e intelectual, muchas de ellas con Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), consiguieron llegar a lo alto de la torre. Vestido de sultán, con la cámara lista en su ‘caballo’, el científico del CSIC y activista mirandés Dabiz Riaño participaba en la expedición con el objetivo de reivindicar una «vida digna» y seguir afianzando el proyecto Mizura, capitaneado por él mismo y el investigador japonés Akira Kato.

Después de adentrarse en la Catedral de Burgos a mediados de diciembre para reconstruir tanto el interior como el exterior del templo en 3D, Riaño ya tenía en mente hacer lo propio en La Giralda y la plaza del Obradoiro, en Santiago de Compostela. Gracias a un sensor LiDAR, tanto él como sus colaboradores son capaces de detectar cualquier obstáculo a ras de suelo y facilitar la movilidad de personas ciegas o en silla de ruedas. De lo que se trata, a grandes rasgos, es de promover la accesibilidad en cualquier espacio. Al mismo tiempo, Mizura pretende «adquirir datos en las calles donde no pueden circular los coches Street View ni volar drones». De esta forma, se podría visitar virtualmente espacios de alto valor histórico y artístico desde cualquier punto del planeta.

Lo de Sevilla, confiesa Riaño, fue «increíble». Junto a la Asociación ELA Andalucía y La Plasita, pudo conocer La Giralda por dentro después de que el Cabildo de la Catedral de Sevilla diese su visto bueno a la expedición. Para los 17 escalones finales, los protagonistas de esta aventura contaron con la inestimable ayuda de un grupo de voluntarios igualmente dispuestos a acariciar el cielo. En definitiva, un equipo «grande y potente» con ganas de crear «un mundo mejor».

Lo mejor de todo, siempre, es conocer a gente «maravillosa». Como Pepe Gastalver, exjugador de rugby sevillano al que le diagnosticaron ELA con tan solo 34 años. La idea, en principio, era que llevase el dispositivo LiDAR para tomar imágenes. Al final lo llevó Guillermo, pero Riaño le explicó con todo lujo de detalles otro de los grandes propósitos de Mizura: «proporcionar una información única que puede beneficiar a toda la sociedad». Porque el sensor se podría emplear, entre otras cosas, para la «detección de polen o de contaminantes atmosféricos».

Reflexión y Acción

Un día antes de la ansiada visita a la Seo hispalense, Riaño acudió a un encuentro sobre Reflexión y Acción en la aceleradora de startups Espacio Res para conocer diferentes proyectos centrados en la inclusión de personas con diversidad funcional, cultural y de género. «Era curioso ver cómo distintas personas con diversidad funcional compartían la misma visión de invisibilidad y soledad», comenta antes de poner en valor iniciativa como las de María Gironza (Cazapeonzas) o Pepe Arce, artífice de Poesía Sorda junto a Jaime el Gamba y Erika Roex.

Durante el encuentro, que incluía una mesa redonda bajo el título Ciudad e Inclusión, se pusieron de manifiesto una serie de reflexiones imprescindibles para afianzar nuevos modelos de inclusión que involucren a toda la sociedad. Para Gironza, no queda otra que «pensar en positivo y de forma creativa para garantizar la accesibilidad universal». Sin pasar por alto, eso sí, una «continua revisión y mejora» para mejorar la calidad de vida de cualquier persona con diversidad funcional.

Raúl Aguirre, compañero de Riaño en más de una batalla, dejó claro que «queremos que nos escuchen» mientras Concha Casasnovas recordaba que «vivimos en un mundo diverso donde ser y mostrarse diferente no solo es un derecho, sino también un valor que nos enriquece». Por su parte, Ramón Salido espera que algún día «podamos mitigar la epidemia de soledad e invisibilidad que sufrimos». En la misma línea, Antón Fontao lamentaba que «hay un molde en el que tenemos que encajar y quien puede ocultarlo lo hace, pero quien no puede es excluido».

Con este maremágnum de sentimientos, inquietudes y proyectos por el bien común, el científico burgalés no solo conquistó la Giralda en la mejor compañía posible. El mismo miércoles, a última hora de la tarde, se desplazó hasta la sede de la Cámara de Comercio de Sevilla para presentar el documental 7 lagos, 7 vidas, que narra su periplo por Europa del Este y su lucha sin cuartel contra las barreras arquitectónicas y en favor de las personas con ELA.

Experiencia "emocionante"

De vuelta en Alcalá de Henares, ciudad en la que reside, Riaño rememora esta «emocionante» experiencia sin obviar una serie de cuestiones que ha expuesto con anterioridad en multitud de foros. «Es muy difícil conseguir una masa crítica», señala a sabiendas de que «todos nos quejamos de lo mismo», empezando por la falta de apoyos o la «visión paternalista de la discapacidad». Partiendo de esa premisa, no se cansará de repetir que «somos diferentes, diversos y tenemos un valor único que proporcionar a la sociedad». A través de proyectos como Mizura, por supuesto, pero también alzando la voz cuando la exclusión sigue siendo norma y nadie -desde el ciudadano de a pie hasta las administraciones competentes- mueve un dedo para cambiar las cosas.

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